16 de agosto de 2020

DIÁLOGOS sobre Zigmunt Bauman

"Es estéril y peligroso creer que uno domina el mundo entero gracias a internet cuando no se tiene la cultura suficiente que permite filtrar la información buena de la mala" de Zigmunt Bauman

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-Cariño, nos enfrentamos a una situación difícil y superflua.

-¿Te refieres a nosotros dos?

-No, a los nuevos problemas que debe enfrentarse la humanidad. La denominan modernidad líquida.

-¡Ah!, precisamente estaba leyendo algo sobre ello. Atiende:
“Los miedos nos impulsan a emprender medidas defensivas, y las medidas defensivas dan un aura de inmediatez, tangibilidad y credibilidad a las amenazas reales o putativas de las que los miedos presumiblemente emanan. Es nuestra respuesta a la ansiedad la que convierte las premoniciones sombrías en una realidad cotidiana para nosotros, dotando de carne y hueso a lo que, de otro modo, no sería más que un fantasma”.

El miedo, añade Bauman, arraiga en nuestras motivaciones y objetivos, se instala en nuestras acciones y satura nuestras rutinas diarias. Zigmunt Bauman desgrana aquí todo un inventario de los temores de lo que ha llamado la modernidad líquida, bucea en las fuentes comunes a todos ellos y examina de qué modo podemos desactivarlos o hacerlos inocuos. Miedo, pues, es la palabra con la que nos referimos a la incertidumbre que caracteriza nuestra era moderna, nuestra ignorancia sobre las amenazas en ciernes y (...)


P.D. "Les passants" de la cantautora francesa Zaz.




31 de julio de 2020

EICHMANN EN JERUSALÉN, de Hannah Arendt

«Ahora sabemos que hay un Eichmann en cada uno de nosotros». Hannah Arendt

No es el caso, pero supongamos que me viese obligada a hablar sobre Hannah Arendt. ¿Qué podría decir? De su tesis sobre "la banalidad del mal" se ha escrito ríos de tinta. Sus artículos despertaron tanto la admiración de unos -el poeta Robert Lowell y el filósofo Karl Jaspers se quitaron el sombrero ante lo que tacharon una obra maestra- como la animadversión de otros. No. La pensadora no necesita ser estudiada para ser leída ni tampoco necesita cómplices. En su rigor irreductible, Arendt parece inaccesible, pero el vigor de su pensamiento centellea por esa dialéctica impiadosa que la colocó siempre en el pelotón de intelectuales polémicos. Me alegra pues, no hacerlo. Me sentiría derrotada de entrada. Doy por sentado que la mayoría de lo que ya se escribió es necesario, interesante y admisible. Sin más. 

"Eichmann en Jerusalén" (1962) es uno de esos libros difíciles de reseñar. Al menos, para mí. Intimida. Dice tanto al lector, que cualquier intento de recensión parece una audacia. Es una obra intensa, redundante con magníficas digresiones: "intentar comprender no significa perdonar" o "el mal no puede ser radical, sólo el bien". Es lo que se espera, pues, de un ensayo de filosofía. 
En 1961, Hannah Arendt, judía de origen alemán, exiliada en Estados Unidos, fue enviada como corresponsal del The New Yorker para cubrir la información sobre el juicio contra el nazi Otto Adolf Eichmann. El juicio concitó toda la atención mediática internacional no sólo por ser Eichmann uno de los pocos esbirros de Hitler que aún quedaban vivos, sino porque el Gran Tribunal se enfrentaba a un crimen que no había sido legislado en su Código Penal. Además se encaraba a un tipo de criminal que la sociedad no había visto desde los procesos de Nuremberg. 
Moralista no convencional, Arendt se luce en este ensayo como una entomóloga implacable que nos cautiva con precisas descripciones sobre la personalidad de Eichmann y reflexiona sobre todas las causas de aquella perversión que incendió Europa. Suelta significados que no estaban previstos, que estaban escondidos y que ella misma no conocía. Señala con el dedo. Pone en evidencia el papel desempeñado por los Consejos Judíos -cuestión que suscitó una airada controversia- y que facilitaron el camino para que la maquinaria de exterminio nazi funcionara a pleno rendimiento. Claro que, la lucidez crítica tiene su precio: la condena social. 
La filósofa esperaba encontrar en Eichmann a un psicópata asesino pero se encontró con un individuo que distaba mucho de poseer un espíritu homicida. Un pobre diablo, eso si -servicial y amante del orden- que vio la oportunidad de realizarse a si mismo a través de la burocracia del partido. "Me impresionó -dice- la manifiesta superficialidad del acusado, que hacía imposible vincular la incuestionable maldad de sus actos a ningún nivel más profundo de enraizamiento o motivación. Los actos fueron monstruosos, pero el responsable –al menos el responsable efectivo que estaba siendo juzgado– era totalmente corriente, del montón, ni demoníaco ni monstruoso". 
Tremendas barbaridades se cometieron durante la II Guerra Mundial. Cierto. Pero lo más aterrador para Hannah fue descubrir que detrás de la raíz subjetiva de aquellas atrocidades no había nada. Ningún motivo. Y arriba a una conclusión escandalosa: el mal más grande del mundo puede ser cometido por cualquiera individuo. 
La pregunta se impone. ¿La agresividad forma parte de nuestra propia naturaleza? Pues sí. Todos somos Jano. La agresividad humana es instintiva. Y cuando se rompe el delgado sostén de la civilización, se cae de manera inexorable en la barbarie. 
“Lo más grave en el caso de Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales (...)
Lo que se grababa en las mentes de aquellos hombres que se habían convertido en asesinos era la simple idea de estar dedicados a una tarea histórica, grandiosa, única (una gran misión que se realiza una vez cada dos mil años)… las tropas de los Einsatzgruppen procedían de las SS armadas… y sus jefes habían sido elegidos por Heydrich entre los mejores de las SS, todos ellos con títulos universitarios. De ahí que el problema radicara, no tanto en dormir su conciencia, como en eliminar la piedad meramente instintiva que todo hombre normal experimenta ante el espectáculo del sufrimiento físico“.
(...)El pueblo alemán se mostró indiferente, sin que, al parecer, le importara que su país estuviera infestado de asesinos de masas, ya que ninguno de ellos cometería nuevos asesinatos por su propia iniciativa: sin embargo, si la opinión mundial -o, mejor dicho, lo que los alemanes llaman das Ausland, con lo que engloban en una sola denominación todas las realidades exteriores a Alemania- se empeñaba en que tales personas fueran castigadas, los alemanes estaban dispuestos a complacerla, por lo menos hasta cierto punto." 
(...) Las leyes de Nuremberg habían privado a los judíos de sus derechos políticos, pero no de sus derechos civiles; habían dejado de ser 'ciudadanos' (Reichsbürger), pero seguían sometidos al Estado alemán, en el sentido de formar parte de su población (Staatsangehörige). Incluso en el caso de emigrar, no por ello perdían su vinculación con el Estado alemán. La relación carnal entre judíos y alemanes, así como los matrimonios mixtos, estaba estrictamente prohibida. Asimismo, también estaba prohibido que las mujeres alemanas menores de cuarenta y cinco años trabajaran en hogares judíos. Entre todas estas disposiciones legales, únicamente la última tuvo importancia práctica; las otras no eran más que formulaciones jurídicas que reflejaban la situación de facto."
La pensadora acuña un nuevo concepto "la banalidad del mal" y destruye la tesis de que los alemanes, y sólo ellos, fueran fanáticos exterminadores de judíos al servicio de una dirigencia asesina. Todo acontecimiento que implique víctimas, fundamentalmente si se trata de las escalofriantes tropelías cometidos en los campos de concentración, incita más a la contemplación sobrecogida que a la reflexión moral. Sintetiza que cualquiera de nosotros, en determinadas circunstancias puede convertirse en un Eichmann. Y para hacerlo no es necesario tener firmes principios o intenciones malévolas, basta simplemente con anular la capacidad de reflexión crítica. Dicho de otro modo. Cuando el mal es cometido por un régimen totalitario, es probable que en la cabina de mando haya auténticos sádicos morales, pero entre los mandos subalternos lo más presumible es que se encuentren hombres comunes y corrientes, amorosos padres de familia, que imbuidos por ese contexto socio-político renuncian a sus principios morales en aras de reconocimiento y aceptación del grupo. Tener un comportamiento obediente, sin reservas, ciega el conocimiento. 
Las respuestas no son sencillas. ¿Fue Eichmann justo en su comportamiento, dentro de la Alemania Nazi? ¿Qué hubiéramos hecho en su lugar?. 
"La ley común de Hitler exigía que la voz de la conciencia dijera a todos debes matar', pese a que los organizadores de las matanzas sabían muy bien que matar es algo que va contra los normales deseos e inclinaciones de la mayoría de los humanos. El mal, en el Tercer Reich, había perdido aquella característica por la que generalmente se le distingue, es decir, la característica de constituir una tentación. Muchos alemanes y muchos nazis, probablemente la inmensa mayoría, tuvieron la tentación de no matar, de no robar, de no permitir que sus semejantes fueran enviados al exterminio" 
"Es curioso observar que Antonescu" (dictador de Rumanía entre 1940 y 1944), "desde el principio hasta el fin, no fuera más 'radical' que los alemanes (como Hitler creía), sino que estuviera siempre un paso más adelantado que estos. Él fue el primero en privar a los judíos de su nacionalidad, y él fue quien comenzó las matanzas a gran escala, sin ocultaciones y con total desvergüenza, en una época en que los alemanes todavía se preocupaban de mantener en secreto sus primeros experimentos. Él fue quien tuvo la idea de vender judíos, más de un año antes que Himmler hiciera la oferta de 'sangre a cambio de camiones', y él fue quien terminó, cual haría después Himmler, por suspender el asunto, como si se hubiera tratado de una broma."
La preservación de la Memoria Histórica nos lleva a sostener, con Hannah Arendt, que si bien la violencia está adscrita en la historia de la humanidad, nosotros, hombres del siglo XX y XXI, la hemos conocido y la hemos padecido, seguramente más que cualquier persona que nos haya precedido en el tiempo. Y la Historia enseña que no todas las injusticias serán reparadas, añado yo.
Es pues, una obra que te obliga a reflexionar y nos ofrece un abanico de propuestas para comprender la depravación nazi. Siempre es mejor el conocimiento que la ignorancia; la verdad que el convencionalismo. 
Totalmente imprescindible.

Todos los fragmentos fueron tomadas de "Eichmann en Jerusalén", de Hannah Arendt. Editorial Lumen.



P.D.: "La lista de Shindler", la fuerza de la música de John Williams y el violín de Itzhak Perlman convierten esta pieza en una obra absolutamente conmovedora.

18 de julio de 2020

LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales

“El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara. Mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas. A veces les salen alacranes o escolopendras, gruesos gusanos blancos o crisálidas a punto de hacerse mariposas”, José Saramago

Portada "La agonía de Francia" Ed. Asteroide-2011
"Yo era eso que los sociólogos llaman un ‘pequeño burgués liberal’, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio -como dicen los marxistas-, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo". Así se presentó el escritor a sus lectores de América en el prólogo de "A sangre y fuego". De origen sevillano, el cronista Manuel Chaves Nogales (1897-1944) vivió la tragedia de ser español y amar la libertad en una época en que el sufrimiento se había convertido en destino universal.­


Pese haber escrito otros muchos libros y demostrar su excelencia como periodista y ensayista, su muerte prematura en el exilio, llevó a que su obra fuese sepultada en la postguerra española -víctima del odio de fascistas y comunistas- por el más tupido silencio. "La agonía de Francia" fue publicada en Montevideo en 1941 y no se recuperaría hasta casi setenta años después. Hoy, se ha convertido en un clásico de consulta imprescindible.

Quiso el destino que su vida estuviese ligada a los grandes acontecimientos de la primera mitad del siglo XX. Conflictos, como la Guerra Civil española influyeron de forma decisiva en la trayectoria del escritor, que también conoció el verdadero rostro del nazismo.
Comprometido con la época que le tocó vivir, poseía una inmensa lucidez y el inusual don de comprender la perspectiva histórica desde su más profunda esencia. Un visionario. Chaves Nogales -republicano y antifascista- procuró soportar sin doblegarse, las adversidades que le tocó vivir, y, como el gran intelectual que fue, supo enriquecer su obra con las enseñanzas que iba extrayendo de esos grandes sucesos históricos. Y quiso advertir de los peligros de la Alemania nacionalsocialista, pero todo fueron oídos sordos. 
En "La agonía de Francia", situado en algún punto intermedio entre el relato y el ensayo, analiza un episodio no menor de la Segunda Guerra. El mundo observó estupefacto, el hundimiento de París como si de una catástrofe geológica se tratase. El desenlace de la tragedia fue fulminante. No obstante, conocedor de los hechos de primera mano, denunció un hecho: la contienda se había perdido mucho antes de la ofensiva alemana. El tejido social estaba corrompido por una crisis moral abrumadora; «Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva». El armisticio fue aceptado como un hecho amargo, pero ineludible. 
El libro reafirma que el rigor histórico no está reñido con la buena prosa. Lo mismo que Albert Camus exigía a los buenos reportajes, combina «datos, color y relaciones» en dosis exactas.
"—Qui êtes-vous?
Nos echaron a la cara los haces de luz de sus linternas y nos examinaron recelosamente. Salíamos del despacho del ministro del Interior, señor Mandel, y bajamos por una escalera de servicio de la Prefectura de Burdeos donde se había instalado el ministerio después de la evacuación de Tours. Hasta aquel instante Mandel había sido el jefe supremo de las fuerzas de orden público; a partir de entonces era un perseguido, un presunto criminal.
Mandel seguía en su despacho despidiéndose del personal y adoptando sus últimas disposiciones para la transmisión de poderes como ministro dimisionario del gabinete Reynaud. Pero, escaleras abajo, la guardia había cambiado ya, unos oficiales habían sustituido a otros y el ministro, sin salir de su despacho, se había con-vertido en prisionero. Los oficiales que nos habían dado el alto, a quien acechaban era a Mandel mismo. Era su rostro el que querían adivinar a través de posibles disfraces, temiendo que se les escapase en la confusión de los primeros momentos. Nos miramos estupefactos.
Aquello no era una crisis sino un golpe de Estado.
Pétain, dueño ya del poder, no había constituido todavía su gobierno. Aún era inconcebible la capitulación. El almirante Darlan seguía proclamando que la flota francesa no se entregaría nunca. Tocaba a su fin aquel domingo mansamente trágico en el transcurso del cual había sucumbido Francia.
En unas horas plácidas, banales, de un domingo radiante, Francia, la Francia que creíamos inmortal, se había hundido, quizás para siempre, entre la indiferencia absoluta de una gran ciudad alegre y confiada, el discurrir perezoso de una muchedumbre endomingada que llenaba los jardincillos del Hôtel de Ville presenciando con inconsciente curiosidad provinciana el ir y venir de los automóviles oficiales y el ajetreo miserable de cientos de miles de refugiados ajenos a todo lo que no fuese la satisfacción inmediata de sus necesidades físicas, que buscaban afanosamente dónde comer y dormir aquella noche. "
El ensayo invita a imaginar ucronías. Sin duda, la historia de Europa occidental hubiera sido diferente y la humanidad se hubiera ahorrado el Holocausto nazi y los millones de rusos muertos si Francia, no hubiese pecado de exceso de confianza y de derrotismo acongojante, que hizo huir en tropel a su población de la amenaza de guerra, o sea, de la muerte, dejando la ciudad prácticamente deshabitada. «Todo el mundo quería hacer la guerra sentado en una cómoda butaca», escribiría sin indulgencia. En fin, entramos en el fascinante terreno de las conjeturas.


PD: Comparto el precioso tema de REM, "Everybody Hurts" de su álbum "Automatic for the people" de 1992


4 de julio de 2020

DIÁLOGO sobre Michel de Montaigne


"Rechazo toda violencia en la educación de un alma tierna que se adiestra para el honor y la libertad" Michel de Montaigne.



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-¿En qué piensas, cariño?

-En lo que acabo de leer. 

-¿Qué dice que te ha llamado tanto la atención? 

-"No falta razón cuando se dice que aquel que no se siente bastante seguro de su memoria no ha de meterse a mentiroso. Si bien que los gramáticos distinguen entre decir mentira y mentir; y dicen que decir mentira es decir cosa falsa mas considerando uno mismo que es verdadera; y que la definición de la palabra mentir en latín, de donde nació nuestro francés, implica ir contra la conciencia y por consiguiente solo atañe a aquellos que hablan contra lo que saben, a los cuales me refiero." (Montaigne, Ensayos I, 9, p. 78)

-Sigue, me interesa.

- Sigo. "Ahora bien, éstos o se inventan lo esencial y el resto, o disfrazan y alteran un fondo verdadero. Cuando disfrazan y cambian, si se les remite muchas veces a la misma consideración, es difícil que no se descompongan. En efecto, la memoria ha albergado antes la cosa tal como es, y ésta ha quedado impresa en ella por la vía del conocimiento y de la certeza. Por tanto, es difícil que no vuelva a presentarse a la imaginación y no desaloje a la falsedad, que no puede tener una base tan firme ni tan segura, y que las circunstancias del primer aprendizaje, introduciéndose a cada momento en el espíritu, no hagan perder el recuerdo de los añadidos falsos o espurios. En aquello que inventan por completo, dado que no existe ninguna impresión contraria que se oponga a la falsedad, parece que han de temer mucho menos el error. Aun así, también esto, por tratarse de un cuerpo vano e inconsistente, suele escapar a la memoria si no está bien asegurada." (Montaigne, Ensayos I, 9, p. 78)

-¿Quién es el autor?

-Michel de Montaigne, un filósofo, humanista y moralista del siglo XVI. El día que cumplió 38 años colocó una inscripción en la puerta de su biblioteca que rezaba: “Retiro de la vida pública". El autoconfinamiento duró diez años y dió lugar a uno de los géneros literarios más conocidos en nuestro tiempo: el ensayo.


"Los ensayos" es de esos lugares -los libros también son lugares- a los que, una vez conocidos, se vuelve con la perspectiva de encontrar perspicuidad y discernimiento. 


PD: "Canção do mar" de Amália Rodrigues, quizá el fado más hermoso. 


19 de junio de 2020

EL ALCOHOL, de Marguerite Duras

"Primero tomas un trago, luego el trago toma otro trago, luego el trago te toma a ti" Scott Fitzgerald





A Sartre no le gustaba su estilo. “No puedo publicarla. Escribe usted mal” le espetó en una ocasión. Escribir mal implica falta de erudición pero Marguerite era el arquetipo de sabiduría tanto libresca como existencial. Era brillante. Sucedía que Duras escribía distinto. Su arrogancia literaria despertó el asombro de sus colegas por la entrega apasionada y absoluta con la que se volcó a la tarea de escribir. Hizo de lo perdido, un patrimonio. El Campari con ginebra haría el resto. Bebía con tanta fruición como escribía.
"He vivido sola con el alcohol durante veranos enteros, en Neauphle. La gente venía los fines de semana. Durante la semana estaba sola en la gran casa, y allí el alcohol adquirió todo su sentido. El alcohol hace resonar la soledad y termina por hacer que se lo prefiera antes que cualquier otra cosa. Beber no es obligatoriamente querer morir, no. Pero, uno no puede beber sin pensar que se mata. Vivir con el alcohol es vivir con la muerte al alcance de la mano. Lo que impide que uno se mate cuando está loco de la embriaguez alcohólica, es la idea de que, una vez muerto, no beberá más. Empecé a beber en las fiestas, en las reuniones políticas, primero los vasos de vino y luego el whisky. Y luego, a los cuarenta y un años, encontré a alguien que le gustaba de verdad el alcohol, y que bebía cada día, pero razonablemente. Lo superé en seguida. Esto duró diez años. Hasta la cirrosis y los vómitos de sangre. Me paré durante diez años. Era la primera vez. Volví a empezar, y volví a parar, ya no sé por qué. Luego, dejé de fumar, y sólo pude hacerlo bebiendo de nuevo. Es la tercera vez que paro. Nunca, nunca he fumado opio ni hachis. Me he «drogado» con aspirina todos los días durante quince años. Nunca me he drogado de verdad. Al principio bebí whisky y calvados, lo que llamo alcoholes insípidos, cerveza y verbena de Welay, lo peor, según se dice, para el hígado. Por último, empecé a beber vino y ya no lo he dejado.
Desde que empecé a beber, me convertí en una alcohólica. En seguida me puse a beber como una alcohólica. Dejé a todo el mundo detrás mío. Empecé a beber a los atardeceres, luego bebí los mediodías, luego por las mañanas, y después empecé a beber por las noches. Una vez por noche, y luego cada dos horas. Nunca me he drogado con otra cosa. Siempre he sabido que si me metía con la heroína, la escalada sería rápida. Siempre he bebido con hombres. El alcohol permanece asociado al recuerdo de la violencia sexual, la hace resplandecer, es inseparable de ella. Pero en espíritu. El alcohol sustituye el acontecimiento del goce, pero no ocupa su lugar. En general, los obsesos sexuales no son alcohólicos. Los alcohólicos, incluso «a nivel de vertedero», son unos intelectuales. El proletariado, que ahora es una clase más intelectual que la clase burguesa, de muy lejos, tiene una propensión al alcohol, en el mundo entero. El trabajo manual es sin duda de todas las ocupaciones del hombre la que le lleva más directamente hacia la reflexión, es decir hacia la bebida. Ved la historia de las ideas. El alcohol hace hablar. Es la espiritualidad hasta la demencia de la lógica, es la razón que intenta comprender hasta la locura por qué esta sociedad, por qué este Reino de la Injusticia… y que siempre concluye con una misma desesperación. Un borracho es a veces grosero, pero raramente obsceno. Algunas veces se encoleriza y mata. Cuando se ha bebido demasiado, se vuelve al principio del ciclo infernal de la vida. Se habla de felicidad, se dice que es imposible, pero se sabe lo que quiere decir la palabra.
Carecemos de un dios. Este vacío que se descubre un día en la adolescencia nada puede hacer que jamás haya tenido lugar. El alcohol ha sido hecho para soportar el vacío del Universo, el mecimiento de los planetas, su rotación imperturbable en el espacio, su silenciosa indiferencia en el lugar de vuestro dolor. El hombre que bebe es un hombre interplanetario. Se mueve en un espacio interplanetario. Es allí donde permanece al acecho. El alcohol nos consuela, no amuebla los espacios psicológicos del individuo, sólo sustituye la carencia de Dios. No consuela al hombre. Produce lo contrario, el alcohol conforta al hombre en su locura, lo transporta a las regiones soberanas donde es dueho de su destino. Ningún ser humano, ninguna mujer, ningún poema, ninguna música, ninguna literatura ni ninguna pintura puede sustituir esta función del alcohol en el hombre, la ilusión de la creación capital. Está ahí para remplazarla. Y lo hace en toda una parte del mundo que habría debido creer en Dios y que ya no cree en él. El alcohol es estéril. Las palabras del hombre dichas en la noche de la borrachera se desvanecen con ella tan pronto como llega el día. La borrachera no crea nada, no va con las palabras, ofusca la inteligencia, la sosiega. He hablado bajo los efectos del alcohol. La ilusión es total: lo que uno dice, nadie lo ha dicho aún. Pero el alcohol no crea nada que permanezca. Es el viento. Como las palabras. He escrito bajo los efectos del alcohol, tenía una facultad para dominar la borrachera, que me venía sin duda del horror por la borrachera. Jamás bebía para estar borracha. Jamás bebía deprisa. Bebía todo el tiempo y nunca estaba borracha. Estaba retirada del mundo, inalcanzable, pero no borracha.
Una mujer que bebe es como un animal que bebiera, un niño. El alcoholismo llega al escándalo con la mujer que bebe: una mujer alcohólica es rara, es grave. Lo que se ataca es la naturaleza divina. He reconocido este escándalo a mi alrededor. En mis tiempos, para tener la fuerza de afrontarlo en público, entrar sola en un bar, de noche, por ejemplo, era preciso haber bebido ya.
Siempre se dice demasiado tarde a la gente que bebe demasiado. «Bebes demasiado.» Es escandaloso decirlo en todos los casos. Uno mismo jamás sabe que es alcohólico. En un cien por cien de los casos la noticia se recibe como una injuria, y uno dice: «Si me dice esto, es que me odia.» En cuanto a mí, el mal ya estaba muy avanzado cuando me lo dijeron. Estamos en un espacio de principios anquilosados. Hasta cierto punto se deja morir a la gente. Creo que en la droga este escándalo no existe. La droga separa completamente al individuo drogado del resto de la Humanidad. Ésta no arroja al individuo a los cuatro vientos, por las calles, no hace de él un vagabundo. El alcohol es la calle, el asilo, los otros alcohólicos. La droga es muy corta, la muerte viene muy deprisa, la afasia, la oscuridad, los postigos cerrados y la inmovilidad Nada consuela de dejar de beber. Desde que ya no bebo, tengo simpatía por la alcohólica que era. Verdaderamente he bebido mucho. Luego, acudieron en mi auxilio, pero entonces cuento mi historia y no hablo del alcohol. Es increíblemente simple, los verdaderos alcohólicos, sin duda, son lo que hay de más simple. Estamos ahí donde el sufrimiento no puede hacer sufrir. Los vagabundos no son desgraciados. Es una tontería decir eso, están borrachos de la mañana a la noche, las veinticuatro horas seguidas. Lo que viven no podrían vivirlo en ninguna otra parte que no sea en la calle. Durante el invierno de 1986-1987, antes de verse desprendidos de su litro de vino a su llegada al asilo de noche, prefirieron arriesgar la muerte y el frío. Todo el mundo intentó saber por qué no querían ir al asilo, y era por eso.
Lo más duro no son las horas de la noche. Pero, evidentemente, si uno tiene un insomnio tenaz es cuando resulta más peligroso. Es preciso no tener ni una gota de alcohol en casa. Yo formo parte de estos alcohólicos que empiezan a beber de nuevo a partir de un solo vaso de vino. No sé qué nombre nos da la medicina.
Un cuerpo alcohólico funciona como una central, como un conjunto de compartimentos diferentes vinculados entre sí por la persona entera. El primer afectado es el cerebro. Es el pensamiento. La felicidad por el pensamiento primero y luego el cuerpo. Es ganado, empapado poco a poco, y transportado; es la palabra: transportado. A partir de cierto tiempo se tiene la elección. Beber hasta la insensibilidad, y la pérdida de identidad, o permanecer en las primicias de la felicidad. Morir de algún modo cada día, o bien seguir huyendo."
PD: Marguerite Duras, una copa de Negroni e "India Songde Carlos d'Alessio. 

6 de junio de 2020

EL AMANTE, de Marguerite Duras

"Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea." Marguerite Duras.



Portada "El amante" Ed. Tusquets -2010
No es fácil adentrarse en una vida como la de Marguerite Duras tan regida, por la idea de destino y el sentimiento de pérdida. Vivió cada uno de sus días como si estuviera a punto de morir, y también como si ella misma fuera el fundamento de su muerte. 
Escritora, guionista y directora de cine, desde muy joven tomó la decisión de navegar a contracorriente y al mismo tiempo se prometió una cierta desnudez; un cierto despojamiento moral y emocional que la empujaría a escribir novelas como ésta. Cosechó muchos éxitos literarios pero tuvo que lidiar con el alcoholismo. Una debilidad cuya sombra marcaría todas las facetas de su vida. Seguramente, éste es un libro que se debía a sí misma. El lujo de haber llevado una vida poco normal merecía ser contado.

"La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie. Ya he escrito, más o menos, la historia de una reducida parte de mi juventud, en fin, quiero decir que la he dejado entrever, me refiero precisamente a ésta, la de la travesía del río. Con anterioridad, he hablado de los períodos claros, de los que estaban clarificados. Aquí hablo de los períodos ocultos de esa misma juventud, de ciertos ocultamientos a los que he sometido ciertos hechos, ciertos sentimientos, ciertos sucesos. Empecé a escribir en un medio que predisponía exageradamente al pudor. Escribir para ellos aún era un acto moral. Escribir, ahora, se diría que la mayor parte de las veces ya no es nada."
La acción se desarrolla en Indochina -la autora nació y vivió hasta los dieciocho años en Saigón- lugar que influyó de manera notable tanto en su obra como en su vida. Conforma el núcleo incandescente, una desinhibida Marguerite que perdida en el exilio de la antigua colonia francesa se deja arrastrar por un deseo fulgurante que despierta en su interior un hombre, doce años mayor, y que se enamora de ella. Un turbio affaire. Ella, pobre y blanca; él, rico y chino. Una relación inadmisible para la burguesía francesa. Para ella fue su primera experiencia amorosa pero también su primer amor imposible.

Decía Jorge Luis Borges: “Lo que más durará de las obras literarias será el argumento. Desde luego todo se olvidará, pero lo último en olvidarse será el argumento. Las bellezas del estilo se perderán con los cambios de gustos y con la muerte de las lenguas.
Así es, los buenos argumentos dejan su huella en nuestra memoria con mayor vehemencia que su título. Con letra pequeña y prieta, Duras nos graba la imagen de una niña-mujer de labios rojos y zapatos de tacones. Nos fija en la memoria la mujer-niña del deseo físico y reflexiona sobre esa fuerza arrolladora que súbitamente se enseñorea de nuestras vidas. El cuerpo tiene su propia elocuencia, se excusa. Deja en la piel, el beneplácito de una incoherencia insuperable. El exotismo y la sensualidad los vuelve más complejos, también más cercanos, aun cuando en público escrutinio pudieran ser severamente reprobados. Pero el deseo es torvo. Rasga. Se lo lleva todo y castiga aun cuando uno no acepta sus promesas.
"Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí (…). Ese envejecimiento fue brutal (…). Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho como algunos rostros de rasgos finos, ha conservado los mismos contornos, pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido. Diré más, tengo quince años y medio (…). Tengo quince años y medio, en este país las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos en la larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación"
La soledad de la infancia le dio pasto a su vocación literaria. Su escritura nació allí, entre los arrozales y la selva de Saigón. Duras bebe. Navega sola. Escribe con denuedo desde el vacilante balbuceo del exceso. Escribir, qué duda cabe es una necesidad. No parece jamás preguntarse para qué lo hace; pertenece a ese grupo de escritores cuyo concepto de la escritura forma parte de su propia existencia. 
La carpintería es exitosa. Aborda una historia donde la protagonista denuncia una demanda, a través de un monólogo ininterrumpido que crece hasta desbocarse. Un exorcismo de demonios resentidos siempre prestos a desplomarse sobre el Yo. El anhelo sexual transita por cauces no menos confusos e inquietantes. LLeva implícito una cuota de transgresión social. 
¿Qué pensaba Duras cuando volvía a leer a Duras?
Yo no tengo ideas; sólo tengo palabras y silencios.” Sí. Silencios incómodos, apoyados en maravillosos fragmentos de introspección que intenta salvar del olvido. Secretos de una familia devastada por la ruina económica y moral y cuyos miembros son incapaces de evitar el fracaso excepto por la muerte. Un padre fallecido, un hermano drogadicto y una madre ausente; sin duda, personajes inexcusables en su vida. Permanencia y castigo, consuelo y revancha. Una unidad familiar fracturada a la que responsabiliza de todos los sucesos que ocurrieron en su vida, incluido ese amante que con quince años tuvo en Indochina. Los personajes entran y salen como en una obra de teatro evidenciando sus virtudes y defectos. Pasan de la indiferencia al compromiso pero son incapaces de amar. Desperdician el mejor regalo que nos hace la vida.
“Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros, llegó a París con su mujer. El le telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. El dijo: sólo quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. Estaba intimidado, tenía miedo, como antes. Su voz, de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento de China. Sabía que había empezado a escribir libros. Lo supo por la madre a quien volvió a ver en Saigón. Y también por el hermano menor, que había estado triste por ella. Y después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte.”
El libro refulge por los recursos estéticos que la autora pone en juego. Su escritura tiende a ser un tejido sin fisuras, claro, contundente y sin demasiados rodeos. Está convencida de que la escritura debe despojarse de todo juicio moral. Se estructura en bloques con párrafos breves que fluyen sin esfuerzo. Maneja la frase corta como un estilete. Los contactos físicos y la esencia de esas horas en "la habitación de deshonra" están transcritos con un lenguaje selecto, sensual y preciso. Una prosa que se demora en descripciones obsesivas y recuerdos espesos al compás de un péndulo que viene y va. Los procedimientos indirectos siempre son más eficaces. Hay una historia que busca reconstruir la imperfección del recuerdo, sin la nostalgia de toda memoria. 
¿Realidad o ficción? es difícil discernir lo narrado de lo vivido.


"El amante" tiene todo lo que la Gran Novela puede ofrecer al lector. No se me ocurre un elogio mejor. Recibió en 1984 el prestigioso premio Goncourt y fue llevada al cine por el director Jean Jacques Annoud en 1991.


PD: Bien conocida era la amistad entre Jeanne Moreau y Marguerite Duras. De esa amistad, nacieron dos películas, que colocaban a Moreau entre una de las actrices más valientes y arriesgadas, dirigida bajo la atenta mirada de Duras. Aquí os dejo una canción interpretada a dúo: "Rumba des Îles"

22 de mayo de 2020

EN CALIENTE, de Louis-Ferdinand Céline

"En el periodo más rabioso de la historia de Francia, puedo enorgullecerme de haber logrado al menos la unanimidad de los franceses en un punto: mi asesinato". Louis-Ferdinand Céline



Hay que reconocer que nunca se manejó bien en las artes sociales, pero hay constancias de que en alguna ocasión, Louis Ferdinand Céline intentó "guardar las formas", incluso con sus duelos verbales al estilo de: "Me gustaría establecer una alianza con Hitler(...) A él no le gustan los judíos... A mí tampoco... No me gustan los negros fuera de su lugar...No veo ninguna delicia en que Europa se vuelva completamente negra... No me haría ninguna gracia..." Ciertamente, el escritor sabía como hervir el agua a un grado centígrado. Y ésa era su gran virtud, pero a veces resulta peligroso desafiar a la sociedad.
Céline -curioso que el famoso misógino eligiera un seudónimo femenino para firmar sus libros- fue un escritor de firme posición política poseído por una rara forma de vocación. Un tipo de esos brillantes y controvertidos que se disputaron la escena literaria francesa durante la primera mitad del siglo XX, período en el que alcanzó enorme popularidad, pero que vio declinar con la misma celeridad su estrella por su filonazismo y antisemistismo. Docto pero fragmentario, mordaz pero vapuleador sin clemencia nadie como él ha sabido proferir tantos dicterios con tanta arrogancia. ¡Y cómo!: "Dos millones de boches campando por nuestro territorio nunca podrán ser peores, más saqueadores ni infames que todos esos judíos que nos revientan (...) Siempre y en todas partes, la democracia no es más que el biombo de la dictadura judía"..
Allá él. No obstante, sería una injusticia, limitar la crítica a este plano. A más de ser un personaje "en sí", Céline ha escrito alguno de los mejores libros de su época que lo sitúan entre nombres tan relevantes como Marcel Proust o Albert Camus. La importancia de "Viaje al fin de la noche" es tan inmensa como la del "Ulises" de Joyce. 
En 1948, Céline al enterarse de que Sartre, en "Retrato de un antisemita" (1945) -texto publicado en la revista francesa "Les Temps Modernes" y recogido más tarde en un volumen de Gallimard bajo el título "Reflexiones sobre la cuestión judía"- había escrito: "Si Céline pudo sostener las tesis socialistas de los nazis es porque le pagaron", escribió estas lisonjas como respuesta. Se lo envió a Jean Paulhan, que no lo publicó, y luego a Albert Parraz, que lo reprodujo al final de su libro "Le Gala des vaches", donde pasó desapercibido. Costeada por sus amigos, fue impresa una edición de 200 ejemplares. (P. Lanauve de Tartas, París, s. f).

"No leo mucho, no tengo tiempo. ¡Demasiados años perdidos en tantas tonterías y en prisión! Pero me presionan, me ruegan, me molestan. Es imperioso que lea, parece, una suerte de artículo, el Retrato de un antisemita, de Jean-Baptiste Sartre (Les Temps Modernes, diciembre 1945). Recorro esa larga tarea, le echo un vistazo, no es ni bueno ni malo, es nada, pastiche… “A-la-manera-de”… Ese enano de J.-B. S. leyó l’Etourdi, l’Amateur de Tulipes, etc. Quedó prendado, evidentemente, no sale más… ¡Siempre en la escuela este J.-B. S.! siempre con los pastiches, “A-la-manera-de”… También a la manera de Céline… y de muchos otros… “Putas”, etc. “Cabezas de recambio”… “Maïa”… Nada grave, por cierto. Arrastro en el culo una buena cantidad de esos “A-la-manera-de”… ¿Qué puedo hacer? Sofocantes, rencorosos, cagones, traidores, semisanguijuelas, semitenias, no me hacen ningún honor, no hablo nunca de ellos, eso es todo. Progenie de la sombra. ¡Decencia! ¡Oh! No le deseo ningún mal al enano J.-B. S. ¡Su destino ya es bastante cruel! Ya que se trata de una tarea, yo le habría dado con gusto siete de veinte y no se habría hablado más del asunto… ¡Pero en la página 462 el soretito me desconcierta! ¡Ah! ¡El maldito culón podrido! ¿Qué osa escribir? “Si Céline pudo sostener las tesis socialistas de los nazis es porque le pagaron.” Textual. ¡Epa! Eso es lo que escribía ese pequeño escarabajo mientras yo estaba en prisión corriendo gran peligro de que me colgaran. ¡Maldita lacra atiborrada de mierda, salís de mi culo y me ensuciás! Ano de Caín. ¿Qué querés? ¿Que me asesinen? ¡Es evidente! ¡Aquí! ¡Cómo te aplastaría! ¡Sí!… Lo veo en una foto… esos ojos grandes… esa tricota de crochet… esa babosa con ventosas… ¡es un cestodo! ¡Qué no inventaría este monstruo para que me asesinen! ¡No termina de salir de mi caca y ya me está denunciando! Lo más fuerte está en la página 451: “Un hombre que encuentra natural denunciar a los hombres no puede tener nuestra concepción del honor, incluyo a aquellos de los que él se vuelve benefactor, él no los ve con nuestros ojos, su generosidad, su dulzura, no son parecidas a nuestra dulzura, a nuestra generosidad, no podemos localizar la pasión”.
En mi culo, en donde se encuentra, no se le puede pedir a J.-B. S. que vea bien o que se exprese con claridad, J.-B. S parece sin embargo haber previsto el caso de la soledad y de la oscuridad en mi ano… J.-B. S habla evidentemente de sí mismo cuando escribe en la página 451: “Este hombre teme cualquier tipo de soledad, tanto la del genio como la del asesino”. Comprendamos qué quiere decir… Basándose en la fe de los semanarios J.-B. S no se ve sino como un genio. Por mi lado, y basándome en sus propios textos, me siento forzado a ver a J.-B. S como un asesino, e incluso mejor, como un maldito alcahuete, un repugnante, asqueroso, inmundo soplón, un cana con anteojos. ¡Ya me empiezo a embalar! No corresponde a mi edad, ni al estado en el que me encuentro… Iba a concluir ahí… asqueado, listo… Reflexiono… ¿Asesino y genial? Hay casos… Después de todo… ¿Será quizá el caso de Sartre? Asesino lo es, quisiera serlo, entendámonos, ¿pero genial? ¿La caquita que está en mi culo es genial? ¿Hum?… Vamos a ver… sí, cierto, eso puede hacer eclosión… dispararse… ¿pero J.-B. S? ¿Esos ojos de feto? ¿Esos hombros mezquinos? ¿Esa busardita? Tenia, seguro, tenia humana, ubicada donde ya saben… ¡y filósofo!… son demasiadas cosas… El liberó, parece, París en bicicleta. El jugó… en el Teatro, en la Ciudad, con los horrores de la época, la guerra, los suplicios, el hierro y el fuego. Pero los tiempos cambian, y hete aquí que crece, se infla enormemente. ¡J.-B. S! Ya no se domina… ya no se conoce… de embrión quiere convertirse en criatura… el ciclo… no tuvo suficientes jueguitos, suficientes engaños… corre detrás de las pruebas, las pruebas verdaderas… la prisión, la expiación, los palos, y el más grande de todos los palos: el Poste… La Maldición lo entretiene a J.-B. S… ¡las Furias! terminadas las bagatelas… ¡Quiere convertirse en un monstruo! ¡Ahora tira la bronca contra de Gaulle!
¡Qué manera! ¡Quiere cometer lo irreparable! ¡Lo logra! Las brujas van a volverlo loco, él vino a acicatearlas, ellas no lo soltarán jamás… Tenia de los soretes, falso renacuajo, ¡te vas a morfar la Mandrágora! ¡Te vas a convertir en súcubo! La enfermedad de la maldición evoluciona en Sartre… Vieja enfermedad, vieja como el mundo, en el que toda la literatura está podrida… ¡Reflexioná J.-B. S antes de seguir cometiendo errores irreparables! ¡Pensá! Date cuenta de que el horror no es nada sin el Sueño y sin la Música… Te veo bien como una tenia, pero no como una cobra, para nada una cobra… ¡sos nulo para la flauta! Sin música, sin sueños, Macbeth no es sino un Grand-Guiñol y malos días… Sos malvado, sucio, ingrato, rencoroso, cana, ¡pero J.-B. S es más que eso! Eso no es suficiente… ¡Todavía hay que bailar!… Me gustaría equivocarme, por cierto… No pido nada mejor… Iré a aplaudirte cuando al fin te hayas convertido en un verdadero monstruo, cuando hayas pagado, a las brujas, lo que hace falta, el precio para que te transmuten, para que te eclosionen en un verdadero fenómeno. En una tenia que toca la flauta.
Pero me rogaste mucho, a mí y a través de Dullin, de Denoël, ¡me suplicaste “bajo la bota” que descendiera a aplaudirte! Yo no veía que bailaras o flautearas, para mí eso es un pecado terrible, lo reconozco… ¡Pero olvidemos todo eso! ¡Pensemos en el futuro! ¡Tratá de que tus demonios te inculquen la flauta! ¡Primero la flauta! ¡Mirá a Shakespeare, colegial! ¾ de flauta, ¼ de sangre… ¼ es suficiente, te lo aseguro… ¡pero de la tuya! antes que de cualquier otra sangre. La Alquimia tiene sus leyes… la “sangre de los otros” no les gusta para nada a las Musas… Reflexionemos… Conseguiste un pequeño éxito en el “Sarah”, bajo la Bota, con tusMoscas… ¿Por qué no despachás ahora tres pequeños actos, rápidamente, de circunstancia, a las apuradas,Los Soplones? Pequeño desfile retrospectivo… Te vemos en persona, con tus amiguitos, enviando a tus compañeros odiados, a los llamados “Colaboradores”, a la cárcel, al poste, al exilio… ¿No es gracioso? Vos mismo, por supuesto, haciéndote fuerte gracias a tu texto, en el primer papel… como tenia bufona y filósofo… Es fácil imaginar cien funciones exitosas, peripecias y surgimientos de más farsas en el curso de una comedia de ese género… y luego en la escena final una de esas “Masacres Generales” ¡que producirá carcajadas en toda Europa! (¡Ya es hora!) ¡Lo más alegre de la época! ¡Cómo van a mear y cagar incluso en la 500ª!… ¡y mucho más lejos! (¡Mucho más lejos! ¡Je, je!) El asesinato de los “Signatarios”, ¡unos por otros!… vos mismo en manos de Cassou… ¡Cestuy en manos de Eluard! ¡el otro por su mujer y Mauriac! ¡y así siguiendo hasta el último!… ¡Te das cuenta! ¡La Apoteosis de la Hecatombe! ¡Sin olvidar la carne, por supuesto!… Gran desfile de chicas despampanantes, desnudas, contoneándose increíblemente de un lado a otro… orquestra del Grand Tabarin… Jazz de los “Constructores del Muro”… “Atlantist Boys”… premio asegurado… y la gran partuza de los fantasmas en una sobreimpresión luminosa… 200.000 asesinados, presidiarios, enfermos de cólera, indignos… ¡y colgados! ¡en corro! ¡un pedazo de Cielo! ¡Coro de los “Verdugos de Nuremberg”!… Y al tono le insuflás más-que-existencia, instantaneísmo, masacrismo… Clima de espasmos de agonía, ruidos de cólicos, de sollozos, de hierros… “¡Socorro!”… Fondo sonoro: “Máquinas de ¡Hurras!”… ¿Lo ves? Y luego, como atracción principal, en el entreacto: ¡Remate de esposas para presos! Y un Bar de sangre. El Bar futurista absoluto. ¡Sólo sangre verdadera! En vaso, cruda, certificada por los hospitales… ¡de esa misma mañana! ¡sangre de aorta, sangre de feto, sangre de himen, sangre de fusilados!… ¡Para todos los gustos! ¡Ah! ¡Qué futuro J.-B. S! ¡Qué maravillas vas a hacer cuando seas eclosionado! ¡Verdadero Monstruo! Ya te veo fuera del sorete, casi tocando la flauta, ¡una flautita verdadera! ¡qué encanto!… ¡ya casi un verdadero pequeño artista!"
Maldito J.-B. S
Traducción: Mariano Dupont

La fascinación que causa la lectura de cualquier de sus escrito, hasta el folleto más repulsivo, estriba en su flemática exhibición de estilo que -como todo lo que le atañe- opera como una metralladora desde el más pequeño guiño sintagmático hasta sus más obsesivas ideas. Ni siquiera la inmediatez de la muerte mitigó jamás el placer por una buena polémica. 

PD. I: Tras más de cuarenta años en los archivos de su abogado danés, Thorvald Mikkelsen, se editaron estas cartas en un recopilatorio bajo el título "Cartas en la cárcel". Corresponden a su período en la cárcel en Dinamarca acusado de haber colaborado con el gobierno de Vichy durante la ocupación nazi, un delito que entonces podía suponer la pena de muerte.


PD II: Hoy me he decantado por un poco de pop saturnino británico.  Side  de Travis. Dice la Wikipedia que su estilo musical radica en un único propósito, que la canción es más importante que la banda. Es una idea sugerente, aunque no estoy muy segura de haberlo entendido.