30 de mayo de 2013

FLORES DE VERANO, de Tamiki Hara

"Es increíble lo que Europa ha desatado con esta locura. (...) En estos momentos uno se da cuenta de lo absurda que es la especie animal a la que pertenece." Albert Einstein

Portada de "Flores de verano" Ed. Impedimenta
El desastre atómico de Hiroshima y Nagasaki sólo ha servido para evidenciar un hecho: no es necesario morirse para conocer el infierno. Desde el punto de vista humano, fue la prueba más monstruosa, irrebatible e innecesaria del alcance mortífero de un arma. Para los ojos cansados del pueblo del Sol Naciente, la humillante y obligada rendición significó algo más que el final de la contienda. Significaba el fin de toda una era de su historia. El demoledor impacto que tuvo lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki dio pie a una nueva corriente literaria que ni la férrea censura impuesta por el gobierno nipón pudo impedir. Un nuevo subgénero narrativo llamado genbaku bungaku (literatura de la bomba) escrita por los supervivientes. El destino quiso que Tamiki Hara fuese un hibakusha, (superviviente), un escritor apocado y anodino que luego del holocausto reconsideró su concepto de literatura. Era urgente contar todo aquello. Hoy, se le considera uno de los autores más destacados de ese movimiento y su crónica, un clásico de la literatura japonesa contemporánea.
La tragedia atómica vertebra los tres cuentos que conforman "Flores de verano". Narrado en primera persona, no es una mera escritura del yo, sino una alquimia entre la autobiografía y la literatura testimonial. No enfatiza el dolor pero tampoco lo maquilla. Los hechos hablan por sí solos. Duele. Una narración poética aunque glacial con pasajes que cortan el aliento. Si bien no es un Yukio Mishima, su prosa es tan certera y transparente como la crónica que describe.
Tres textos imprescindibles para todas las generaciones. Los dos primeros, "Flores de verano" (1946) y "De las ruinas" (1947) fueron escritas con el cuerpo y el alma, aún, en carne viva, y "Preludio de la aniquilación" vería la luz en 1949. En España se ha invertido el orden de lectura a los años de publicación para facilitarnos la comprensión de los hechos y de los personajes; asimismo conocer el estado anímico de la ciudad en los meses previos a la masacre nuclear. 
Abre el volumen "Preludio de la aniquilación". Hiroshima era una gran ciudad relativamente poco acosada por el enemigo. Por algún motivo era deliberadamente preservadas de los bombardeos aliados. Y se intuía. La presencia de un importante enclave militar en la zona, uno de los puntos neurálgicos del país, no hacían presagiar nada bueno a sus habitantes. La sensación de asedio y de eminente ataque entibiaba la atmósfera.
En "Flores de verano" se confirma la peor premonición de sus habitantes. El lunes 6 de agosto de 1945, miles de personas se dirigían a sus trabajos y escuelas, justo cuando el Enola Gay sobrevolaba el lugar causando más expectación que miedo. No se parecía a los bombarderos que tanto pavor causaba a la población y en vez de correr a los refugios como solían hacer, la gente salió a mirar. Un resplandor de fuerza cegadora lo invadió todo. Una millonésima de segundo después de la explosión, Hiroshima dejaba de existir como ciudad. Tamiki Hara se hallaba en la zona cero, pero lo suficientemente alejado para que aunque la deflagración le alcanzara, no así la radiación mortal. El azar le salvó la vida.
"Cuando el macabro fuego se hubo extinguido, no quedaron a la vista más que los esqueletos de los edificios circundantes. Fue entonces cuando me di cuenta de que, corriente abajo, en el cielo, más o menos sobre el centro del río, se movía una capa de aire absolutamente translúcida que se acercaba, trémula, hacia nosotros (...) En ese mismo instante un viento huracanado comenzó a azotar nuestras cabezas. Los árboles se agitaban, estremecidos. Por encima de mí volaban ramas enteras arrancadas de cuajo, que se alejaban por los aires En su danza enloquecida, en medio de aquella vorágine, caían en picado como flechas. No recuerdo con claridad cuál era el color exacto del cielo. Pero puede que estuviéramos atrapados en el terrible y lúgubre halo de luz verdosa y mortecina que representa el infierno en los cuadros budistas medievales."
Confusión. Destrucción. Horror. "De las ruinas" relata la vida en los días y meses que siguieron a la hecatombe. Un espectáculo dantesco. De Hiroshima sólo quedaba una inmensa mancha negruzca. Quedaban también algunos hombres. Pero, ¿Para qué describir su estado?
Tamiki Hara, nunca se repuso de esa catástrofe y se arrojó a las vías del tren, en Tokyo seis años más tarde.

PD: El libro incluye un excelente prólogo de Fernando Cordobés. 


PD II: "Enola Gay" de Orchestral Manoeuvres in the Dark. Una canción de 1980 en contra del uso de armas atómicas y de la polémica decisión de Margaret Thatcher de permitir la entrada de misiles nucleares de EE.UU. en Gran Bretaña.




8 comentarios:

  1. Nos agradó mucho esta reseña. Tiene un carácter de contundencia y apego a dos cosas: la verdad histórica y el texto que motivó este ejercicio tan bien logrado. Gracias. Saludos

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    1. Primo Levi lo sentenció: "Después de Auschwitz no se pueden escribir poemas'', y lo mismo le sucedió a Tamiki, después de aquello no pudo abordar otra temática.
      Un relato impactante con una idea que subyace a lo largo del relato y es la certeza de que el hombre viene defectuoso de fábrica...

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  2. Con tan terrible experiencia era ineludible que no dejara su huella impregnada en su mente y corazón, a tal punto que termino con su deseo de vivir, realmente conmovedor. Me agrada visitar tu blog Marybel

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    1. Gracias Alejandra. Es un libro duro pero necesario (y bien escrito, aunque suene insustancial decirlo). En este tipo de narraciones no es necesario inventarse los detalles. Repito, impactante. Un abrazo.

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  3. El libro es maravilloso y coincido en el estupendo prólogo de Fernando Cordobés, pero lo que realmente me ha gustado ha sido la exposición que has hecho. Es magnífica, Marybel. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias doll. Un placer tu visita. Un bico

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  4. Hola Marybel,este tipo de lectura me gusta,me recuerda que mis infiernos no son nada comparado con ello,son dosis efectivas y lecturas que son necesarias para valorar la vida y nuestras acciones,de tu reseña se me agotan los halagos de lo encantada que estoy leyéndote porque como comenté en una ocasión,no sólo de poesía vive el alma :) Felicidades por tu laboriosidad impresa en cada palabra ,besitos ...infinitos :)

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    1. Así es, el nefasto siglo XX ha obligado a repensar la creación intelectual. El valor espiritual y estético de este libro es extraordinario.
      Gracias Mari por tus generosas palabras.
      Un fuerte abrazo.

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