11 de agosto de 2013

DIARIO DEL AÑO DE LA PESTE, de Daniel Defoe


”De ti tiene miedo todo cuanto está debajo del sol “. Auxiás March


Portada "Diario del año de la peste" Ed. Impedimenta 2010
Que un libro escrito hace casi trescientos años con pluma de ganso siga cautivando la atención al lector del siglo XXI, ratifica un hecho; que el genio no expira con el tiempo.
"Diario del año de la peste" se publicó en 1722, sesenta años después de que sucedieran los terribles hechos que se relatan. Daniel Defoe era tan sólo un niño de cinco años cuando la peste negra se cebó con la ciudad Londres. Él y un reducido sector de la población resistieron misteriosamente a la enfermedad. Hoy, se sabe que más que la intervención divina, el ADN tuvo mucho que ver.
Escritor, periodista y panfletista inglés, mundialmente conocido por su novela "Robinson Crusoe", esboza un retrato impecable de uno de los episodios más lúgubres de la historia de Inglaterra que aún a día de hoy, nos sigue impresionando. Defoe entiende que el escritor es, por encima de todo, un cronista y un fabulador. Tiene la misión de narrar historias en extremo interesantes y sí son reales mejor. Una crónica cuasi verídica de un escenario apocalíptico -basada en datos estadísticos, información documentada y vivencias personales-  y de cómo la plaga afectó profundamente a la estructura y a la evolución de la sociedad inglesa.

Londres, diciembre de 1664. Ninguno de los habitantes de la ciudad sospechaba que estaban a punto de sufrir una catástrofe. La peste había vuelto. En menos de dos años la terrible enfermedad arrasaría Londres y el Reino Unido causando graves pérdidas humanas tanto en las zonas rurales como en ciudades. Los estragos que ocasionó entre la población fueron tales que le valió, la reputación de haber sido el mayor desastre demográfico jamás sufrido. Murieron más de cien mil personas.
Aunque era una época en que la muerte era habitual y las crisis de mortalidad causadas por enfermedad epidémicas constituían sucesos frecuentes, la gente estaba aterrada. Conocían, por antiguos escritos y comentarios, sus efectos. Los síntomas eran siempre los mismos: sed intensa, fiebre, delirio, oscuras inflamaciones, formación de bubones en las glándulas linfáticas y finalmente la muerte. Un proceso que se completaba en muy pocos días.
¿Cómo salvarse? ¿Cómo sobrevivir? En ese momento no se sabía nada sobre bacterias, virus y demás agentes patógenos. La gran mayoría creía que la enfermedad era un castigo divino y el hombre del siglo XV carecía de medios para impedir sus envites. Defoe nos filtra sobrecogedores datos. El promedio de entierros en una semana corriente era de 5 a 6 defunciones, durante la pandemia la cifra media alcanzó el escalofriante record de 800 semanales. En esta atmósfera de terror colectivo rubricado por el filo de la guadaña, los comportamientos y las medidas adoptados por los londinenses, fueron variados, extremos y en algunas situaciones, absurdos. Se declaró una especie de ley marcial y se obligaba a cumplir cuarentena. Sí alguien enfermaba se precintaba la casa a cal y canto y se marcaba con una cruz para conocimiento de la comunidad. Todos sus moradores -sanos y enfermos- quedaban confinados en el mismo sitio. Fue una medida drástica y lógicamente perecieron familias enteras. 
"Los hijos se apartaban de los padres cuando éstos se consumían en el postrer dolor. Y en algunos lugares, aunque esto no era tan frecuente como lo anterior, los padres hacían lo mismo con sus hijos [...] Es más, se produjeron algunos casos espantosos, [...] de madres angustiadas, que en el delirio de la locura, asesinaban a sus propios hijos [...] En verdad, no debe sorprenderse uno ante estos hechos; el peligro de una muerte inmediata desterraba todo sentimiento de amor, toda inquietud por el bien de los demás."
Curanderos ambulantes, charlatanes e individuos de índoles tan variopintas encontraron un gran filón comercial para la venta de productos maravillosos y milagrosos. Proliferaron pócimas extrañas, ungüentos, terapias irresponsables o máscaras que contenían especias y que supuestamente permitían respirar el aire nocivo sin sufrir las consecuencias. También se ofertaba curas por la fé. No obstante, también había sitio para la sensatez y la gente aprendió a mejorar las condiciones higiénicas y librarse de la suciedad y la basura a fin de evitar que la materia orgánica se corrompiera y produjese vapores nocivos (miasmáticos), a los que se culpaban de la enfermedad. Descripción de la manera en que se retiraban y sepultaban los cadáveres en el Londres inficionado:
"...era ciertamente una escena macabra, [...] El carro transportaba dieciséis o diecisiete cadáveres; unos estaban envueltos en sábanas de lino, otros en harapos y algunos, poco menos que desnudos o tan mal envueltos, que el arropamiento que tenían se les desprendía al ser descargado el carro; y caían prácticamente desnudos entre el resto de los cadáveres; pero en realidad no debía de importarles mucho, ni tampoco la indecencia a nadie, pues estaban todos muertos e iban a ser amontonados todos juntos en la fosa común de la humanidad [...] no había otra manera de enterrarlos [...].
Lo cierto es que Defoe nos regala una galería de truculencias e historias particulares con todo detalle: higienización de casas y hospitales, quema de ropa infectada, tratamientos paliativos, supercherías, ordenanzas o retiro de los cadáveres.
Libros como éste nos obligan a observar toda la historia y a regocijarnos con el avance tecnológicos y espiritual de la raza humana. Ser pobre y enfermo en el siglo XXI es infinitamente mejor que en el siglo XV. Al menos, existen algunas probabilidades de salir a flote.





PD: Charlie Winston ganador en 2010 del European Border Breakers Awards, EBBA (premio que se otorga a los diez mejores artistas revelación de música pop de Europa) y su tema "Like a Hobo".




7 comentarios:

  1. Interesantísima, como siempre, la reseña.
    Cuántas películas futuristas o de pseudo ciencia ficción, han hecho basándose en los resultados de esta peste negra que asoló Europa, llevado al extremo, si algo puede ser más extremo que la peste negra.
    Pandemias como la viruela, el tifus, el ébola, el sida, con tantísima mortandad y tan difíciles de erradicar.

    Igual siguen creando virus de laboratorio que emplean como armas letales y no nos enteramos más que de lo que quieren.
    El siglo XXI es tan criminal o más que los pasados, me temo, porque además, de una sanidad efectiva, disfruta como siempre, una minoría.

    Namasté.

    ResponderEliminar
  2. Qué buen trabajo hiciste, Marybel. Este libro lo leí en mi adolescencia y lo recuerdo poco, pero leyéndote se me refrescan algunas historias.
    Sí, estamos mejor que en siglos pasados, pero la evolución tecnológica y científica no va de la mano con una evolución como humanidad, lamentablemente.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Avance tecnológico, eso es indudable. Avance espiritual de la raza humana...¿en serio?. Hoy estoy escéptica.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Los mismos avances en la medicina se van dando en la tecnología y con ella algunos mal pensados creemos que esos avances sirven para crear armas químicas o nuevas pandemias, pero sólo los alucinados como tu servidor, jajajaja. Por otro lado, las pestes de hoy siguen siendo las guerras y en mi país por ejemplo "La guerra contra el narco" que ha matado a muchísimos connacionales.

    Gran reseña Marybel.

    ResponderEliminar
  5. Morgana, Mirella, Mabel y Gonzalo, todos tenéis razón. Hemos mejorado infinitamente en tecnología pero no hemos aprendido la lección. Paradójicamente en nuestro empeño por superar la guerra a agentes patógenos hemos creado todos los mecanismos necesarios para la autodestrucción.
    Un fuerte abrazo a todos.

    ResponderEliminar
  6. No conocía este libro de Defoe, es indudable que en la actualidad muchos siguen pensando que pestes como estas son de origen divino; y mucha de esa mala propaganda contra Dios recae sobre muchas religiones. La verdad es que El no tiene nada que ver con este tipo de situaciones que son propios de nuestro mundo enfermo. Es buena para la humanidad que la ciencia haya avanzado mucho y que nos beneficiemos del aporte que han hecho. Lo lamentable es que se estén desviando de la ética profesional y en su lugar vean oportunidades comerciales. Un libro como este merece ser leído, muchas gracias por esta sugerencia Mary.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya, hemos mejorado en muchos aspectos y descuidado otros, dicho de otro modo, nos hemos degenerado con tantos avances...el hombre no acaba de aprender la lección.
      Un fuerte abrazo

      Eliminar