7 de enero de 2014

CARTAS DESDE DINAMARCA, de Karen Blixen


"Yo tenía una casa en África, al pie de las colinas del Ngong..." Karen Blixen


"Cartas desde Dinamarca" Ed. Nórdicalibros
Con la intención de fisgonear y, de alguna manera, legitimar una obra que supera las cinco décadas, la editorial Nórdica ha publicado "Cartas desde Dinamarca" de Karen Blixen. Supone la primera edición íntegra en castellano, de las cartas que se conservan de la escritora y que fueron escritas entre 1931, desde su regreso de África, hasta su muerte en 1962. La obra de Blixen es bastante más amplia de cómo se la conoce hoy. Supongo que la idea de este epistolario es también mostrar a la autora en otras dimensiones que no sea solamente "Memorias de África. Dice Frans Lasson en su prólogo: "En sus historias, el límite entre sueño y realidad era fugaz, y gracias a ello, todo lo que deseaba de la realidad podía cumplirse en los libros, aunque casi nada de lo que más ardientemente deseaba se hacía realidad, como ella habría querido, al ponerlo a prueba en el día a día, entre las personas de carne y hueso". La traducción de Enrique Bernárdez es impecable.

El aluvión de cartas se puede leer, a modo de autobiografía en zig-zag y lo más cercano posible a una conversación con Blixen. Una ventana magnífica a una vida que nos permite comprender el trayecto intelectual y vital de un personaje cuya figura se acrecienta con el tiempo. Temores, anhelos, revelaciones íntimas, sin censura nos sumergimos en su mundo privado y nos convertimos en sus destinatarios secretos. Blixen profesó un amor inquebrantable a Kenia, cosechó éxito literario, luchó en vano contra la sífilis contagiado por su marido (la misma enfermedad del padre y que lo llevó a suicidarse), y mantuvo tormentosas relaciones con algunos editores y jóvenes escritores daneses como el poeta Thorkild Bjornvig. 
El conjunto es, simplemente, hermoso de leer. Hasta en la afectación, Blixen resulta encantadora. Y es que aun en las cartas privadas puede florecer la mejor literatura. Aparecen personajes interesantes. Hay un ameno rosario de anécdotas. También es cautivante comprobar cómo se van filtrando al papel la microhistoria y la locura sin parangones de los nazis. La prosa tiene frescura, delicadeza y un finísimo sentido del humor. La edición incluye además, un pliego de fotografías de esos 30 años.
En la carta que sigue a continuación, una Blixen desconcertada le cuenta a su amiga Sophie Bernstorff-Gyldensteen el temor de recibir el Premio Nobel por lo que no considera más que un desgraciado malentendido. Durante la ocupación nazi en Dinamarca, que duró diez años, Karen Blixen escribió la novela "Vengadoras angelicales" sin más intención que la de entretener y que publicó con el seudónimo Pierre Andrézel. Sus dotes narrativos llamaron tanto la atención que al finalizar la guerra, la novela fue considerada en forma unánime como una declaración de libertad y compromiso político, por lo que se consideró a Blixen, a pesar de su categórica negativa, como candidata al Premio.

Rungstedlund, 18 del 4 de 1946
Queridísima Sophie:
Llevo mucho tiempo queriendo escribirte, pero he estado horriblemente débil desde que salí del Hospital Militar, y aún me falta mucho para poder levantarme. En realidad es la primera vez en la vida que siento una debilidad semejante; creía seriamente que me iba a quedar allí tumbada y exhalar mi último suspiro. ¡Thomas [el hermano] estuvo por aquí un día y pensó que estaba tan debilitada que se fue a toda prisa a Hillerød a traerse al médico jefe del Hospital Central, quien quiso llevarme para allá, en parte para que me hicieran una transfusión de sangre, en parte para alimentarme con un tubo en el estómago!, pero ya estaba harta de hospitales. La operación ha sido más seria de lo que yo pensaba, creo que a lo que más se parece es a eso que cuenta de la época de los vikingos, cuando «cortaban un águila de sangre» en sus enemigos, si no sabes qué es, Erich sí que lo sabrá. Siempre, toda mi vida, he pensado que las pruebas negativas eran las más duras: no creo que sea malo ser pobre, pero tampoco es tan horrible ser rico; tampoco creo es tan espantoso ser joven, y del mismo modo no creo que sea tan terrible estar enfermo, pero tampoco es tan inaguantable estar sano. Y encima he tenido problemas en mi casa, porque la anciana ama de llaves ingresó en el hospital al mismo tiempo que yo; allí sigue, y me ha mandado noticias de que no podrá volver aquí. Puedes imaginarte que todo en estos cuatro meses ha sido una cruz espantosa, que en mi debilitado estado he de intentar ponerlo todo en orden otra vez, y muchas veces pienso, casi desesperada. ¿Cuándo llegará el momento en que, sin miedo a estúpidas interrupciones, pueda sentarme con un montón de papel blanco delante y concentrarme en terminar de escribir el relato que sigue inacabado desde las Navidades? En el fondo creo que ha sido demasiado complicado tener mi hogar y mi residencia en Dinamarca, me gustaría hacer una pausa y vivir un par de años en París o en Florencia, pero es muy difícil, y por ahora incluso totalmente imposible.
Pero ya llega la primavera, igual que siempre, como una gracia por sorpresa, casi inesperada, y aquí está todo precioso y vuelvo a sentir que es un privilegio vivir en el Sund. Me encantaría tener huéspedes del extranjero el verano que viene. Mi coche está ya listo, ¡pero de momento no tengo suficiente control de brazos y piernas para atreverme a conducir!
Me encantará tener en casa a Caritas por una temporada, hablé con Fog el otro día, pero no sabía si ella estaba ya en Flensborg. Me gustaría mucho oírle contar cómo están las cosas por allí. Conocí al coronel Lunding en casa de Ingeborg Andersen; dale recuerdos de mi parte.
La muerte de Bror [el exmarido] me ha impresionado más de lo que yo habría querido creer, y, sabes, sobre todo porque no me causó impresión ninguna, —si comprendes lo que quiero decir— o el hecho de que ahora pudiera serme indiferente si Bror estaba vivo o muerto. Y eso que hubo un tiempo en que yo empeñaba todas mis fuerzas en intentar que las cosas marcharan, tanto entre él y yo como en lo que hacíamos juntos. Pienso en él con pena, creo que tenía grandes virtudes, o que a su manera era genial, como todos los Blixen; pero en su personalidad había algo que fallaba. No fueron sus grandes defectos los responsables de que no pudiera seguir con él, sino las mentiritas cotidianas con las que me fastidiaba: pedía dinero prestado a mis negros prometiéndoles que yo se los devolvería; les hacía montar guardia cuando yo iba a volver a casa, para que no lo sorprendiera en alguno de sus devaneos; hipotecaba mis bienes o me metía en empresas que tenían alguna cláusula que me mantenía oculta y que acababa convirtiéndolo todo en un puro timo. Con esas cosas, mi vida se convirtió en un desbarajuste y un absurdo tales que muchas veces tenía la sensación de estar a punto de asfixiarme. A veces he pensado que para Bror habría sido mejor que no le hubiera presionado para ir a Africa, así habría podido quedarse tranquilo en Stjerneholm hasta el fin de sus días como un popular terrateniente aficionado a socializar con todo el mundo. Pero también encontró grandes oportunidades en Africa. Hace unos años, en un lunch en Londres, estuve sentada al lado del presidente de la Geographical Society, quien habló de Bror y dijo que había conseguido hacerse un nombre en tres continentes. Creo, por él, que fue una suerte.
Te envío adjunta una carta en la que puedes ver que me ha sucedido una desgracia horrible y extraña. Está escrita por una americana, una autora muy conocida, Dorothy Canfield, que en su momento escribió el prólogo de la primera edición americana de Siete cuentos góticos y que fue presidenta del comité del “Libro del mes”, el de mi editor americano, Robert Haas. Pues se trata de Vengadoras angelicales, que debería salir ahora a la venta en América y que ella, como ahora verás, considera algo totalmente serio, como un mensaje moral a nuestra época y al género humano. Naturalmente, no existe seguridad alguna, aunque pone los pelos de punta al pensar e imaginar las terribles perspectivas que se abren ante mis ojos. Todo puede acabar en que me den el Premio Nobel por el idealismo de mi mensaje, y tener que ir a Estocolmo y soltar un discurso, —¡si sucediera tal cosa, para poder sentirme una persona decente tendría que teñirme el pelo, comprarme gafas negras, huir a China y abrir un burdel! ¡Eso sí que puede llamarse Némesis con todas sus letras! ¡Sólo lo aguanto porque pienso que el destino lo ha hecho con inaudita sagacidad! En realidad, tenía unas ganas tremendas de escribir a Dorothy para darle la enhorabuena por lo bien que ha comprendido mi libro, y luego entrar en detalles de cómo los diversos personajes y episodios refieren a otros, sea de alemanes, sea de resistentes, ¡pero ahora he de tener cuidado! Querría pedirte que no le enseñaras la carta de Dorothy Canfield a nadie más que a Erich, pero pregúntale qué haría él en mi lugar. Todavía estoy a tiempo de impedir la publicación del libro. Está bien que también en América aparezca con el nombre de Pierre Andrézel, pero no conseguiremos evitar que me desenmascaren, y tampoco están claras las alusiones que puedan hacer mis editores en América y en Inglaterra, y no sé, por Dios santísimo, qué cara habré de poner si el gran público entiende el libro igual que Dorothy Canfield. Y tampoco me atrevo a decir que es un joke, porque entonces pareceré una blasfema. Cuéntame qué dice Erich; ¡tener a un Bernstorff en quien buscar consejo es todo un consuelo para mí!
Lamento mucho no poder ir a la exposición de Munch, tengo unas ganas tremendas de ver pintura. Pero no puedo decir que esté precisamente ansiosa de ver el arte de Munch, ni de cualquier otro artista nórdico o noruego. En estos tiempos me apetece muchísimo irme al Sur, —¿aunque quizá sea esto un rasgo peculiar de los nórdicos, el mismo que en su época empujó a vikingos y varegos al Mediterráneo y Miklagard? Estoy dispuesta a reconocer que Munch, Ibsen y Strindberg son genios, pero ofrecen sus obras de arte como a desgana, con animadversión hacia el público, mientras que Rafael, por ejemplo, o Botticelli, Renoir o Schubert derraman sus tesoros con la mayor generosidad, con amor a todo lo vivo. Recuerdo que Zahrtmann dijo una vez que todo arte realmente grande solo puede ser un grado superior del amor, y eso encaja con el arte de Italia y Francia, y en el fondo también con muchos grandes artistas ingleses; pero, por Dios, creo que no encaja ni con Munch ni con Ibsen. Este es más como un buen tortazo en la cara, ¡aunque hay que admitir que es un tortazo genial!
(¡A propósito de artistas y compositores, me temo que Beethoven se agitará en su tumba al saber que han comparado su quinta sinfonía y Caminos de la venganza! Pero, ¿qué le voy a hacer?)
Bueno, pues nada más y muchísimos recuerdos a todos ustedes. Esta carta es bastante poca cosa, en realidad, ¡pero desde Año Nuevo casi ni se me puede considerar persona, me siento mareada, débil y poco digna de seguir con vida!
Tu Tanne


PD: "Into my arm" de Nick Cave and The Bad Seeds perteneciente a su albúm The Boatman's Call. Un disco envuelto en una atmósfera plena de melancolía y lirismo.





12 comentarios:

  1. Ays, cómo te agradezco esta reseña. Le había echado el ojo a esta edición de Nórdica, pero no tenía muchas referencias (más bien ninguna), pero ya me llamaba por la autora y además no reniego del género epistolar y menos aún de las novelas autobiográficas. Pues como confirmas todas las buenas sensaciones previas que tenía no me queda más que echar este libro a la saca ;)

    Besos!

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    1. Jejeje provocar este entusiasmo da un poco de miedo. Mi apreciación es muy subjetiva y personal, como en todo lo que comento en este blog. Sin tener muchas referencias en género epistolar me ha resultado encantador. Contiene un puñado de historias de vida que se leen como cuentos, meditaciones y una aguda exploración de la condición humana. Me encanta esta mujer.
      Ya me contarás que efecto y afectos provoca en ti.
      Un fuerte abrazo.

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  2. La verdad me llamaría la atención leer Vengadoras angelicales y no tanto las epístolas, suena apetitosa esta obra, como la autora mismo lo dice: "por el idealismo de mi mensaje".
    Abrazos Mary

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    1. Es una bonita forma de acercarse a la figura de la escritora. Creo que conocer al autor es tan importante como conocer su obra.
      Abrazos Alejandra

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  3. Qué interesante, me tiene muy buena pinta, siempre he tenido interés por esta autora y su vida. Tengo pendiente Memorias de África pero siempre la voy dejando de lado por otros libros.

    No hace mucho le dediqué un post a la letra de la canción que pones. Una de mis canciones de amor preferidas.

    Me encantó el post de hoy, saludos!!

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    1. "Memorias de Africa" es una novela con tintes autobiográficos. Imagínate el éxito de esta historia en literatura y cine (7 oscars ni más ni menos) como para ignorar que sucedió los treinta años restantes. Recomendable.
      He buscado tu publicación de Nick Cave. Tu información es más completa.
      Buen post el de "Canadá" :)

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  4. Otro libro para apuntar, esos treinta años restantes no me los pierdo.
    No conocía la canción de Nick Cave. La letra me ha dejado muerta!! Te escribo estas líneas desde el más allá que acá jajaja
    Un besazo, Marybel.

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    1. No te arrepentirás, Mabel y espero que compartas tu opinión. Besos.

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  5. No conocía este título, Marybel. Me ha parecido muy interesante y más ahora que le he perdido miedo al género epistolar
    Besos

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    1. Indagar en nuevos géneros es enriquecedor. Un fuerte abrazo.

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  6. Qué buena reseña y qué delicia esta carta que nos compartes. Es una excelente invitación para meterse al libro. Me imagino que las demás son como nos las pintas:

    "El conjunto es, simplemente, hermoso de leer. Hasta en la afectación, Blixen resulta encantadora. Y es que aun en las cartas privadas puede florecer la mejor literatura."

    Un fuerte abrazo Marybel.

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    1. Gracias Gonzalo. Otro fuerte abrazo para ti.

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