21 de enero de 2014

NECRÓPOLIS, de Boris Pahor

“Lo que ha ocurrido es una advertencia. Olvidar al nazismo es una culpa. Debe ser recordado continuamente. Es posible que vuelva a ocurrir” Karl Jaspers.

Portada "Necrópolis" Ed. Anagrama - 2010
Kafka recomendaba leer sólo los libros que actuan como apisonadoras emocionales, es decir, sólo aquellos capaces de producir estupor o admiración: "No se debería leer más que los libros que nos pican y nos muerden, porque si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?" decía. Se refería a novelas como ésta. "Necrópolis" (1966) hiere como un latigazo. Boris Pahor mostró al mundo, desde sus intestinos, como enviado especial al averno, la máquina de exterminar almas construida en torno al civilizado régimen nacionalsocialismo alemán. Muertes sin sentido. 
A raíz de una visita al campo de Natzweiler-Struthof, a mediados de los sesenta, en donde estuvo recluido entre 1943-1945, Pahor vivifica y esculpe un impresionante testimonio de su calvario.  Llegó allí deportado por la Gestapo tras ser detenido en Trieste por colaborar con la resistencia antifascista. Por ironías de la vida, en el campo fue tratado como prisionero italiano y no esloveno -lo que le salvó de una muerte inmediata- a pesar de haber estado años luchando contra el ultraje del régimen italiano que trataba de destruir la identidad eslovena. Luego pasaría al campo de Dachau, y de allí al de Dora y al de Bergen Belsen... Hoy, a sus cien años, el artista sigue viviendo en Trieste, su ciudad natal. 
Con vivencias tan traumáticas como espeluznantes, le podría haber bastado la crónica de denuncia periodística, como hicieron otros coetáneos pero optó por la senda de la estética. Y es que esta novela no es sólo la necesidad de plasmar en el papel una vergonzosa realidad, sino que  la calidad literaria de su prosa le han convertido en uno de los grandes de la literatura actual. 

Sobrevivir tal vez, sea un verbo romo para todo lo que quiere expresar, pero gracias al dominio de varios idiomas y a la amistad trabada con dos médicos, Pahor esquivó por segunda vez a la muerte. Pasó a trabajar en la enfermería de los campos donde lo que imperaba era el desprecio más absoluto por la dignidad humana. Además el cargo añadido de sepulturero, le permitía beneficiarse de pequeñas gangas como corroídas prendas de vestir o algún mendrugo de pan que legaban los muertos.
“Ningún panel podrá jamás ilustrar el estado de ánimo de un hombre que tiene la sensación de que el tazón de hierro de su vecino contiene medio dedo de líquido amarillo más que el suyo. Está claro que podría reproducirse la expresión de los ojos con esa mirada especial que crea el hambre; pero jamás podría captarse el desconsuelo de la cavidad bucal, ni siquiera los movimientos automáticos del esófago. Como podría, entonces, una fotografía mostrar los matices últimos de la lucha interior invisible, en la cual los principios de la buena conducta en la que habíamos sido educados ya hacía mucho que habían sido derrocados por la ilimitada tiranía del epitelio estomacal”.
Un ubicuo sentimiento de culpa por la supervivencia acompaña al narrador en esta segunda visita al campo de la muerte en Alsacia, convertido ahora en una atracción turística. "Me ha alcanzado una ola de turistas y me retiro hacia el fondo", dice sin vehemencia. Observa. Una pareja de norteamericanos, se besan entre los hornos crematorios. La doble barrera de alambre que tienen delante no parece molestarles en absoluto. Se indigna por la mezquindad de su ignorancia. Claro que, aprehender todo aquello no se consigue en un par de horas. Pero ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo hacer entender a las nuevas generaciones lo que allí se vivió?. Su memoria se activa con menos esfuerzo de lo que esperaba. Le gustaría no saber, pero sabe. Nos traslada a 1944. Guiado por un dolor pausado, sin exabruptos, va relatando su paso por el infierno que los nazis crearon para todos aquellas personas a quienes clasificaban como alimañas. La capacidad para el detalle es asombrosa. No es necesario inventar nada. Sus recuerdos y reflexiones hielan la sangre.
“No estaría mal que alguien investigara el perfil psicológico del que inventó las tenazas que servían para arrastrar un cadáver hasta el montón de otros cadáveres, y desde allí a un ascensor de hierro ubicado debajo del horno.(...)
La piel humana colgaba en Dachau (…). De ella fabricaban piel fina para los pantalones de equitación, las carteras, las zapatillas y también para encuadernar los libros”.
No hay auto-compasión ni arrogancia. Lo mismo que los textos de Primo Levi, Boris Pahor lo hace con una credibilidad que sólo puede provenir de la vivencia personal. Con un lenguaje engañosamente simple y una prosa serena, sobria, "Necrópolises una delicada alquimia entre la objetividad histórica y la conmovedora historia de como el autor se tropezó frente a frente con la más absoluta maldad. Y también es la voz de la condena. Y un postrero homenaje. Y una advertencia.


PD: Un magnífico tema de Supertramp "Breakfast in America". Publicado en 1976 supuso el álbum más exitoso del grupo británico.



18 comentarios:

  1. Viene bien la advertencia, siempre viene bien. La intolerancia y el autoritarismo están a la orden del día en muchos rincones del mundo. Es como las grandes advertencias que nos han dejado otros grandes de la literatura como Orwell o Huxley a través de sus distopías, que se han hecho realidad.
    Excelente reseña, Marybel. Te la agradezco mucho.

    Un cordial saludo!

    Fer

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    1. Efectivamente, no hace tanto de ese calvario. Fue después de la aparición del cristianismo, del Renacimiento y de la Revolución Industrial. Apenas setenta años. Nadie debería olvidarlo, y menos en los tiempos que corren.
      Gracias por tu visita Fer.
      Un abrazo.

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  2. No puedo estar más de acuerdo con Kafka... Tengo este libro anotado hace tiempo. Hace unos días fui a la libreria a pedir unos cuantos libros que tengo ganas de leer. Ahora me da un coraje tremendo no haber pedido este. Pero creo que cuando vaya a recoger los encargados voy a pedir este sí o sí.

    Gracias ;)

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    1. Es bueno, te lo aseguro pero es muy duro. Una idea aterradora subyace a lo largo de la historia y es la convicción de que el hombre tiene defectos de forma.
      Un besazao.

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  3. Hay pasajes de la historia que jamás deberíamos olvidar y este horror, es uno de ellos. Ojalá la lectura de libros como este y otros muchos que narran sin pudor las barbaridades que hemos cometido contra la humanidad nos abran la mente y los sentidos para no incurrir en los mismos errores, pero no sé... creo que hay consciencias impermeables al error y al horror humano.
    Un besazo, Marybel.

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    1. En efecto, el horroroso siglo XX ha obligado a repensar la creación intelectual. Para muchos es un tema demasiado trillado pero yo no me canso de repetir que es un libro imprescindible, sobre todo para esas mentes impermeables, como tú bien denominas.
      Otro besazo Mabel.

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  4. Estoy leyendo un libro de fantasía épica en el que pululan los personajes atroces; pero la maldad que desplegaron los nazis supera cualquier ficción. Lo peor es que la memoria es débil como parte inherente de nuestro cuerpo: no aprendemos las lecciones que nos da la historia.

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    1. Totalmente de acuerdo contigo. La maldad humana existe. Hay quienes creen que si matas a un hombre, eres un asesino, que si matas a diez, eres un psicópata pero si matas a 100 eres un héroe y si matas a 1000 eres un conquistador. !Tremendo!

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  5. Nunca va ser suficiente toda la literatura testimonial para acabar con el horror que e vivió en esos campos y con los negacionistas del holocausto. Pero cualquier historia que abone a la memoria se agradece como se agradece esta reseña mi querida amiga.

    Esa imagen de la pareja besándose debió ser algo muy desencantador para quien lo presenció. Cuánta frivolidad puede haber en la ignorancia y el turismo cultural.

    Un abrazo.

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    1. Me gustaría pensar que hemos aprendido la lección, pero a igual que Mabel soy un tanto escéptica...Ojalá me equivoque!!
      Un abrazo.

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  6. Gran cita la de Kafka!!
    El tema del nazismo como el de la guerra civil española (por poner otro ejemplo), creo que son temas inagotables, me apunto el libro. Saludos!

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    1. Si la literatura cuenta con alguna misión social, "Necrópolis" lo tiene. Además formalmente -este dato es irrelevante dada la temática- el libro es muy bueno. Ya me contarás.
      Un fuerte abrazo!!!

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  7. Hola, te he nominado para el premio Liebster Award, descubre un blog nuevo.
    http://wp.me/p3SGuQ-bU

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    1. Hola Bea!. Antes de nada darte mi enhorabuena por el premio. No conozco tu blog pero decirte que tienes una nueva seguidora. Te agradezco enormemente que te hayas acordado de mí para estas nominaciones. Independientemente de su naturaleza y como expliqué en alguna ocasión, no acepto premios. Es una norma del blog. Espero sinceramente que esto no te suponga ningún problema. Muchas gracias de veras.
      Nos seguimos en lectura.
      Un fortísimo abrazo.

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  8. Con otros nombres y en otros sitios, esto ha ocurrido desde entonces y está ocurriendo ahora.

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    1. Tremendo, pero por desgracia la era de los genocidios no ha terminado.

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  9. Existen pocas maldades tan extremas como las de estos genocidios (el nazi, el armenio, el de los Jemeres Rojos, y tantos otros de los que no se sabe tanto), y haber sobrevivido y poder contarlo, narrarlo además en un libro, debe de ser una experiencia tan atroz como increíble. Los que hemos tenido la suerte de no haber vivido algo así no podemos ni imaginarlo, porque ni siquiera el poder de las letras alcanza lo que realmente fue. No he leído este libro, pero me lo apunto, aunque seguro que me pondrá los pelos como escarpias. El tema del holocausto nazi no lo he leído apenas, me refiero a que no he leído muchos libros sobre ello, salvo El diario de Ana Frank y algún otro por ahí, pero sí es de mis temas más presentes en cuanto a cine, ahí sí que he visto casi todo lo que se ha realizado al respecto. A leer esta reseña recordé una película particularmente cruel, se titula "La zona gris", y si no la has visto, te la recomiendo.
    Comparto muy gustosa, querida Marybel, y te dejo besos y mis mejores deseos para la semanita :-))

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    1. Estoy totalmente de acuerdo. Leer un libro sobre cualquier genocidio o visualizar una película no te da la experiencia de haber estado allí y por mucho que empatices es imposible saber lo que supuso aquello para los hombres y mujeres que sí lo vivieron en carne propia. Decimos que es inhumano e irracional; yo creo que es humano porque lo ha ejecutado el hombre. Y es racional porque sin una racionalidad sistemántica no se habría podido eliminar tantos millones de seres humanos.
      No he visto "La zona gris" pero he leído el libro "En el corazón de la zona gris" de Paz Moreno. Un estudio antropológico que te recomiendo también.
      Muchas gracias Mayte, creo que este tema a ambas nos atrae bastante jejeje.
      Besos y feliz semana

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