27 de febrero de 2014

FELICIDAD CLANDESTINA, de Clarice Lispector

«La excentricidad es un esfuerzo que termina en tristeza». Clarice Lispector


Nació en Tchetchelnik (Ucrania) en 1920: «Un pueblo tan pequeño e insignificante que ni siquiera está en el mapa» según sus propias palabras. Vivió apenas un año en esa cultura del shtetl, pequeños poblados de judíos ortodoxos que fueron arrasados casi en su totalidad por el exterminio y el éxodo masivo. Se ofendía jodidamente si alguien le recordaba su origen. "Soy brasileña" insistía.
Deslumbrante. Sensual. Tomás Eloy Martínez la llamaba El sol oscuro de Brasil y el poeta Ferreira Gullar, la definió como una loba fascinante. 

"Felicidad clandestina" -transcrito a continuación- pertenece al recopilatorio "Cuentos reunidos" y muestran la impronta narrativa que dejó la escritora brasileña en la literatura iberoamericana contemporánea.

Ella era gorda, baja, pecosa y de cabello excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Por si eso fuera poco, llenaba los dos bolsillos de la blusa, por encima del busto, con caramelos. Pero tenía lo que a cualquier niño devorador de historias le gustaría tener: un padre librero. Lo aprovechaba poco. Y nosotras, menos todavía: hasta para los cumpleaños, en vez de aunque más no sea un librito barato, nos entregaba en mano una tarjeta postal de la tienda del padre. Y encima era de un paisaje de Recife, donde residíamos, con sus puentes vistos hasta el cansancio. Atrás, escribía con letra redondísima palabras como "fecha del natalicio" y "saudade". Pero qué talento tenía para la crueldad. Toda ella era pura venganza, chupando ruidosamente los caramelos. Cómo debía odiarnos esa chica, a nosotras, que éramos imperdonablemente bonitas, esbeltas, altas, de cabellos sueltos. Conmigo ejerció su sadismo con serena ferocidad. En mi ansia de leer, yo ni siquiera notaba las humillaciones a las que me sometía: seguía implorándole que me prestara los libros que ella no leía. Hasta que llegó para ella el magno día de comenzar a ejercer sobre mí una tortura china. Como por casualidad, me informó que poseía "Las Travesuras de Naricita", de Monteiro Lobato. Era un libro gordo, Dios mío, era un libro para vivir con él, comiéndolo y haciéndolo dormir. Y absolutamente por encima de mis posibilidades. Me dijo que pasara por su casa al día siguiente y que me lo prestaría. Hasta el día siguiente me transformé en la esperanza misma de la alegría: no vivía, nadaba despacio en un mar suave, las olas me llevaban y me traían. Al día siguiente fui a su casa, literalmente corriendo. Ella no vivía en una casa de altos como yo, sino en una casa. No me invitó a pasar. Mirándome a los ojos, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que regresara a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, salí despacio, pero enseguida tuve un arrebato de esperanza y volví a andar por la calle a los saltos, que era mi extraño modo de andar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, al día siguiente llegaría, los días siguientes serían luego mi vida entera, el amor por el mundo me esperaba, anduve saltando por las calles como siempre y no me caí ni una sola vez. Pero el asunto no terminó allí. El plan secreto de la hija del librero era tranquilo y diabólico. Al día siguiente, allá estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón latiendo fuerte. Para escuchar la tranquila respuesta: que el libro todavía no estaba en su poder, que volviera al día siguiente. Entonces yo no sabía que más tarde, en el transcurso de la vida, aquel drama del “día siguiente” con ella se repetiría, con mi corazón latiendo fuerte. Y continuó así. ¿Cuánto tiempo? No lo sé. Ella sabía que era un tiempo indefinido, mientras no eliminara toda la hiel de su gordo cuerpo. Yo ya empezaba a adivinar que me había elegido para hacerme sufrir; a veces adivino. Pero, aun adivinando, a veces acepto: como si el que quiere hacerme sufrir necesitara desesperadamente que yo sufra. ¿Cuánto tiempo? Yo iba todos los días a su casa, sin faltar uno solo. A veces me decía: tuve el libro ayer a la tarde, pero viniste a la mañana, de modo que se lo presté a otra niña. Y yo, que no era propensa a las ojeras, las sentía hundirse bajo mis ojos espantados. Hasta que un día, cuando estaba en la puerta de su casa oyendo, humilde y silenciosa, su negativa, apareció su madre. Debía resultarle extraña la aparición muda y cotidiana de aquella niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortada, de palabras poco esclarecedoras. A la señora le parecía cada vez más extraño el hecho de no entender qué pasaba. Hasta que esa buena madre entendió. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: “¡pero si ese libro nunca salió de esta casa y tú ni siquiera quisiste leerlo!”. Y lo peor para esa mujer no era descubrir lo que ocurría.Debía ser descubrir, con horror, qué clase de hija tenía.Ella nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida y la niña rubia parada en la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces que, recomponiéndose por fin, le dijo firme y calma a su hija: “vas a prestarle el libro ahora mismo”. Y a mí: “y tú vas a quedártelo todo el tiempo que quieras”. ¿Se dan cuenta? Eso valía mucho más que darme el libro: “por el tiempo que yo quisiera” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer. ¿Cómo contar lo que ocurrió después? Yo estaba aturdida, y así recibí el libro en mis manos. Creo que no dije nada. Tomé el libro. No, no salí saltando como siempre. Salí caminando bien despacio. Sé que sostenía el libro gordo con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Cuánto tiempo tardé en llegar a casa, poco importa. Mi pecho estaba caliente, mi corazón pensativo. Cuando llegué a casa no me puse a leer. Fingía que no tenía el libro, sólo para después tener el sobresalto de tenerlo. Horas después lo abrí, leí algunas frases maravillosas, lo cerré de nuevo, me puse a dar vueltas por la casa, demoré todavía más yendo a comer pan con manteca, fingía que no sabía dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría durante unos segundos. Creaba las más falsas dificultades para aquella cosa clandestina que era la felicidad. La felicidad siempre iba a ser clandestina para mí. Parece que ya lo presentía. ¡Cuánto tardé! Vivía en el aire… Había orgullo y pudor en mí. Yo era una reina delicada. A veces me sentaba en la hamaca, meciéndome con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. 
Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante.

Por Clarice Lispector.


PD: "Sylvia Plath" es una preciosa canción de Ryan Adams que descubrí en el blog "Libros y demás parientes" de Indiganda Santos, el cuál dicho sea de paso recomiendo su visita. Pertenece a su segundo álbum "Gold", posiblemente su álbum más popular.



41 comentarios:

  1. Esta autora me la han recomendado mucho, aunque confieso que aún no la he leído. Es una asignatura pendiente de la Literatura latinoamericana. Su prosa es la de una reina delicada y salvaje a la vez. Buena elección la de "Felicidad clandestina".

    Un abrazo, Marybel.

    Fer

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    1. La verdad es que es de esas lecturas que un lector (al menos yo) necesita en cierto momento . Mi situación emocional así me lo pide.
      Un fuerte abrazo Fer.

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  2. Hola Mary, he leído el cuento: "Felicidad clandestina", y me gusta la narrativa de Clarice Lispector, es absorbente, muchas gracias por ponerme en el mapa literario a esta escritora.
    Abrazos

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    1. Un placer Ale que hayas descubierto un nuevo autor. Creo te gustará!!
      Besos!!

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  3. Fantástico cuento Marybel, me recordó la ocasión que conseguí un libro de Hanna Arendt: “La condición humana”.

    Leímos algún capítulo en la universidad y quede fascinado. Un día andaba por una de mis librerías favoritas (ya pasada a mejor vida) El Parnaso, y vi la edición de Paidos. Me faltarían veinte pesos para comprarlo y el vendedor de ver mi cara de tristeza al no completar para llevármelo me ofreció comprarlo (a él le daban descuento por ser trabajador) y verme varias horas después para que se lo pagará yo con un 20 % de descuento sobre el precio de venta.

    Fueron cuatro horas de espera pero acudí puntual a la cita. Le pague el libro, le regale unos pases dobles para el cine y me fui feliz a casa con mi libro en la mano. No cabía de contento. De esos momentos que nos traen una gran dicha; está de más decir que me hice aficionado a esta estupenda escritora alemana.

    Un beso Marybel, gracias por tan genial cuento.

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    1. Bonita historia tu encuentro con Hanna Arendt y todo un detalle el del librero!! Yo tambíén soy una enamorada de los libros. Me entrego a ellos con auténtica devoción, además son los únicos, que nunca te fallarán.Tengo un post pendiente de Hanna. Su filosofía incandescente sobre la maldad levantó muchas ampollas.
      Tienes razón esos ojazos son envidiables!!!jejeje
      Un abrazo Gonzalo, seguimos en lectura.

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  4. Ains, me acabas de pillar. Me siento como la alumna que pillan sin haber estudiado. Clarice Lispector es de las autoras que tengo pendientes de estrenarme con ella. He leído el relato un poco en vertical, porque así me obligo a ponerme con algo de ella, pero ya esa frase final "Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante" me conquista definitivamente, así que voy a intentar hacerme con esos "Cuentos reunidos"...

    Gracias! Besos.

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    1. Ah, la canción la conocía, pero el blog que comentas no, así que me he pasado y ya ves ¡¡con Sylvia Plath y el libro que comenté hace poco!!, así que añado agradecimiento por darme a conocer el blog ;)

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    2. Sí algo sé, es que no me llegará esta vida para leer todo lo que desearía jeje. Encuentra el momento y a por él!!!
      Gracias por todo Ana.
      Besos

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  5. Voy a buscar a la autora y al libro, porque con vergüenza, confieso, no haberlo leído, ni nada de ella. Pero lo que publicas tienta a iniciar la búsqueda y la lectura.
    Saludos.

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    1. La inquieta Lispector fue una mujer de rompe y rasga. Dotada de un talento singular, diría que su narrativa es de excelente calidad a la altura de Borges. Espero sea un grato descubrimiento.
      Un fuerte abrazo Mirta.

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    1. Clarice no dejaba indiferente a nadie. Gracias Jordim. Un saludo

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  7. ¡Hola Marybel...!!! Leerte me está llevando e ilustrando hacia literaturas pues que no he tenido la oportunidad de leer,como esta gran autora,excelente,gracias...Un gran abrazo...!!!

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    1. Lispector era muy suya, podía hablar de cosas muy profundas sin que lo pareciese, con un toque de aparente ingenuidad...Espero resulte de tu agrado, ya me contarás.
      Otro abrazo!!

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  8. Otro que admite no haber leído nada (hasta hoy) de esta autora.

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  9. Hola, Marybel

    No conocía a esta autora, y qué bueno que la conozca a través tuyo.
    El relato me gustó muchísimo, y estoy seguro de que muchos lectores se deben de sentir identificados, como me pasa a mí. De pibe mendigué horriblemente para conseguir algún libro de José Ingenieros, hasta que de pronto y sin aviso, un amigo de mi viejo me prestó, y tal cual, "por el tiempo que yo quiera", sus obras completas. Al igual que la protagonista del relato había dejado de ser un niño con un libro.

    Un juerte, Marybel.

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    1. Todos los que amamos los libros tenemos nuestra propia historia de amor. Sí tuviese que hacer la maleta por alguna emergencia y me dijesen que sólo puedo llevarme uno, se me haría muy dificil la elección.
      Gracias por tu visita.
      Saludos Silvio ;)

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  10. Clarice es una autora que me apasiona, la leí bastante, especialmente sus novelas, que no son de fácil digestión, cada frase es una joya de profundidad.
    Este cuento es precioso y me gustó releerlo. Describe tan bien la emoción de poseer el libro ansiado y recordé que hacía lo mismo que la protagonista, una vez obtenido el tesoro demoraba su lectura, necesitaba degustar de antemano ese momento.
    Un fuerte abrazo, guapa y comparto.

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    1. Yo la descubrí tarde y ciertamente de una obra a otra -con la madurez- su narrativa se hizo más introspectiva, más kafkiana. Mala suerte lo de esta mujer bella!!!
      Muchas gracias Mirella!
      Un fuerte abrazo

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  11. Interesante entrada Marybel. Qué felicidad la de la niña después de una larga y torturadora espera. Comparto. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias María José, me alegro que te gustara.
      Otro abrazo.

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  12. ¡Hola!

    ¡Qué casualidad! Hoy me han hablado de ella... Parece que no ha sido casualidad que me haya encontrado con tu entrada ;) ¡Me la apunto!

    ¡Saludos!

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    1. Pues ya sabes, Clarice Lispector te espera!!!
      Muchas gracias Laura ;)
      Un abrazo

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  13. Qué estilo más intenso. ¡Buscaré, buscaré!

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  14. Siempre me gustó.
    Comparto, Marybel.
    Namasté.

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    1. Fue una gran escritora. Gracias por compartir. Un fuerte abrazo Morgana

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  15. Clarice es de las que habitan en los espacios dedicados a la gloria literaria.
    Su obra es una prueba más de que el oro vale por sí mismo.

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    1. Ciertamente, la escritura se convirtió en su modo de respirar. Fue excelente!!

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  16. Excelente, creo que tenés un gusto literario exquisito. Hay autores que dicen mas de lo que se lee a simple vista.
    No la conocía y me encantó ! Gracias! Besos

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    1. Gracias Soledad, pero ya sabes, en cuestión de gustos nada está escrito.
      Besos

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  17. Oh! Me ha encantado !! Gran descubrimiento, tengo muchas ganas de leerla!

    Muchas gracias por esa recomendación ; )

    Un beso muy grande!

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  18. Ese apasionamiento por los libros que muchos tenemos. Es difícil no sentirse identificado con el sentir de la protagonista de este relato. Cuánta felicidad clandestina albergamos los ávidos lectores. Me gustó no, lo siguiente!!
    Un abrazo, Marybel.

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    1. Me alegro que te gustara!!. Ciertamente, todos los que somos asiduos lectores, entendemos perfectamente lo que sintió la protagonista cuando ese libro cayó en sus manos.
      Gracias Mabel.
      Besos!!!

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  19. Qué maravilla. Y gran parte de ese "maravillamiento", si me permites la palabra, viene dado por la identificación, supongo.
    Un abrazo,

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    1. Ciertamente, su narrativa era muy personal y bella!!!!
      Besos

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  20. Interesante la pequeña historia reflejada de Clarice Lispector, la frase final es tiernamente genial, encierra muchas lecturas. Me gustó

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    1. Bienvenido Lluis! Me alegro que te gustara.
      Nos leemos.
      Un saludo

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