30 de marzo de 2014

EL VERDUGO, de Silvina Ocampo

"Yo he puesto todo lo que tengo en lo que he escrito porque para mí escribir es lo más importante que me ha sucedido". Silvina Ocampo



Ya hablaré más adelante de las cualidades literarias de "Cuentos completos" de la escritora Silvina Ocampo. Una recopilación de relatos breves donde el buen gusto campea a sus anchas. El mundo que nos revelan las poesías y los cuentos de Silvina Ocampo, dice Borges, “es extraordinariamente rico y tornasolado, y tal riqueza no es obra del vocabulario; procede de una afinada y lúcida sensibilidad”. Me gustaría, mientras tanto, compartir este cuento de espléndida retórica:

"Como siempre, con la primavera llegó el día de los festivales. El Emperador, después de comer y de beber, con la cara recamada de manchas rojas, se dirigió a la plaza, hoy llamada de las Cáscaras, seguido por sus súbditos y por un célebre técnico, que llevaba un cofre de madera, con incrustaciones de oro.
-¿Qué lleva en esa caja? -preguntó uno de los ministros al técnico.
-Los presos políticos; más bien dicho los traidores.
-¿No han muerto todos? -interrogó el ministro con inquietud.
-Todos, pero eso no impide que estén de algún modo en esta cajita -susurró el técnico, mostrando entre los bigotes, que eran muy negros, largos dientes blancos.
En la plaza de las Cáscaras, donde habitualmente celebraban las fiestas patrias, los pañuelos de la gente volaban entre las palomas; éstas llevaban grabadas en las plumas, o en un medallón que les colgaba del pescuezo, la cara pintada del Emperador. En el centro de la plaza histórica, rodeado de palmeras, había un suntuoso pedestal sin estatua. Las señoras de los ministros y los hijos estaban sentados en los palcos oficiales. Desde los balcones las niñas arrojaban flores.
Para celebrar mejor la fiesta, para alegrar al pueblo que había vivido tantos años oprimido, el Emperador había ordenado que soltaran aquel día los gritos de todos los traidores que habían sido torturados. Después de saludar a los altos jefes, guiñando un ojo y masticando un escarbadientes, el Emperador entró en la casa Amarilla, que tenía una ventana alta, como las ventanas de las casas de los elefantes del Jardín Zoológico. Se asomó a muchos balcones, con distintas vestiduras, antes de asomarse al verdadero balcón, desde el que habitualmente lanzaba sus discursos. El Emperador, bajo una apariencia severa, era juguetón. Aquel día hizo reír a todo el mundo. Algunas personas lloraron de risa. El Emperador habló de las lenguas de los opositores: "que no se cortaron -dijo- para que el pueblo oyera los gritos de los torturados". Las señoras, que chupaban naranjas, las guardaron en sus carteras, para oírlo mejor; algunos hombres orinaron involuntariamente sobre los bancos donde había pavos, gallinas y dulces; algunos niños, sin que las madres lo advirtieran, se treparon a las palmeras. El Emperador bajó a la plaza. Subió al pedestal. El eminente Técnico se caló las gafas y lo siguió: subió las seis o siete gradas que quedaban al pie del pedestal, se sentó en una silla y se dispuso a abrir el cofre. En ese instante el silencio creció, como suele crecer al pie de una cadena de montañas al anochecer. Todas las personas, hasta los hombres muy altos, se pusieron en puntas de pie, para oír lo que nadie había oído: los gritos de los traidores que habían muerto mientras los torturaban. El Técnico levantó la tapa de la caja y movió los diales, buscando mejor sonoridad: se oyó, como por encanto, el primer grito. La voz modulaba sus quejas más graves alternativamente; luego aparecieron otras voces más turbias pero infinitamente más poderosas, algunas de mujeres, otras de niños. Los aplausos, los insultos y los silbidos ahogaban por momentos los gritos. Pero a través de ese mar de voces inarticuladas, apareció una voz distinta y sin embargo conocida. El Emperador, que había sonreído hasta ese momento, se estremeció. El Técnico movió los diales con recogimiento: como un pianista que toca en el piano un acorde importante, agachó la cabeza. Toda la gente, simultáneamente, reconoció el grito del. Emperador. ¡Cómo pudieron reconocerlo! Subía y bajaba, rechinaba, se hundía, para volver a subir. El Emperador, asombrado, escuchó su propio grito: no era el grito furioso o emocionado, enternecido o travieso, que solía dar en sus arrebatos; era un grito agudo y áspero, que parecía provenir de una usina, de una locomotora, o de un cerdo que estrangulan. De pronto algo, un instrumento invisible, lo castigó. Después de cada golpe, su cuerpo se contraía, anunciando con otro grito el próximo golpe que iba a recibir. El Técnico, ensimismado, no pensó que tal vez suspendiendo la transmisión podría salvar al Emperador. Yo no creo, como otras personas, que el Técnico fuera un enemigo acérrimo del Emperador y que había tramado todo esto para ultimarlo.
El Emperador cayó muerto, con los brazos y las piernas colgando del pedestal, sin el decoro que hubiera querido tener frente a sus hombres. Nadie le perdonó que se dejase torturar por verdugos invisibles. La gente religiosa dijo que esos verdugos invisibles eran uno solo, el remordimiento.
-¿Remordimiento de qué? -preguntaron los adversarios.
-De no haberles cortado la lengua a esos reos -contestaron las personas religiosas, tristemente."

Silvina Ocampo


PD: Os dejo el tema "Cerca de las vías" de Fito Fitipaldis, perteneciente a su último álbum grabado en directo desde el Teatro Arriaga de Bilbao (España).






30 comentarios:

  1. ¡Buena entrada! gracias por compartirla Marybel
    ¡Un abrazo!

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  2. Refinada prosa, cierto toque de ironía, humor negro y personajes sugestivos y hasta prototípicos. Redescubierta y mejor valorada en los últimos años que en vida, Silvina Ocampo es un rico exponente de la literatura argentina, con una fuerte influencia de sus maestros y compañeros de ruta, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Una muestra jugosa de su rica obra literaria.
    Muy buena entrada, querida Marybel.

    Un abrazo!

    Fer

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    1. Claustrofóbica, supersticiosa, celosa hasta el delirio, Silvina Ocampo arrastraba un complejo de inferioridad: se consideraba fea. Y sí, cómo bien indicas no se la supo valorar en su momento, a veces el mundo literario tiene estas rarezas.
      Gracias por pasarte Fer;))
      Un fuerte abrazo.

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  3. Gracias por el cuento, magnífico, de Ocampo. Da gusto leerla, por el puro placer de pasear por su prosa. Estoy con Maria PAZ, en que es una autora más valorada en los últimos años. Yo la lei hace tiempo y he recuperado de casa de mi madre precisamente los Cuentos completos porque una amiga me la recordó hace no mucho. Casualidades, aquí me la traes.. Y a Fiti y los fitipaldis! :D

    Gracias y un beso!

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    1. Sinceramente creo que es una de las mejores y más originales cuentistas del castellano.
      Gracias Ana.
      Besos

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  4. Siempre es bueno recordar a Silvina Ocampo, un paradigma de la cultura argentina.

    Un abrazo.

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    1. Así es Javier, creo vale la pena recordar su obra.
      Gracias por tu visita.
      Un abrazo.

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  5. Oh, excelente prosa, jamas había escuchado de esta escritora, mucha gracias por traerla a colación.
    Abrazos Mary

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    1. Gracias a ti por leerme y comentar Ale ;)
      Abrazos!!!

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  6. Que relato más preciso y verosímil en su género. Me gusto mucho Marybel, gracias por compartírnoslo. He disfrutado mucho de la lectura y se antoja leer más de la autora, buscaré por la red algo de su poesía ¡Gracias!

    Un abrazo ultracontinental.

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    1. Gracias Gonzalo, por tu apoyo y generosas palabras.
      Un fraternal abrazo.

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  7. Llegué a ella, creo que como muchos, a través de las palabras de Borges. Hace ya mucho de ello, creo que no está de más volver a leer sus cuentos ;)

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    1. Cierto lo que puntualizas, Silvina ansiaba y obtuvo la aprobación artística de Borges. A partir de ahí, su nombre sonó con más fuerza:))

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  8. Siempre me gustaron los cuentos de Silvina Ocampo, con su mirada particular, entre la inocencia (que no es tanta) y el sarcasmo más depurado.
    Este relato no lo conocía, me pareció excelente, gracias por compartirlo.
    Hace unos meses armé un post con otro cuento de ella, pero que no publiqué todavía, y lo dejaré para más adelante. Me resultó difícil encontrar uno corto, tiene algunos magistrales, muy largos para publicar en un blog.
    Marybel, un fuerte abrazo y comparto.

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    1. No me fue fácil hacer la selección, pues todos me gustan. Coincido contigo en que sus cuentos son extraordinarios.
      Un placer Mirella.
      Un fuerte abrazo

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  9. Mi querida Marybel,algo atrasadita por mis cargas de trabajo pero te sigo :) Y cada vez más maravillada con tus reseñas,estos momentos de mis lecturas los valoro enormemente,una obra te confieso no había leído,Excelente tu pluma,como siempre,besos y abrazos.... :)

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    1. Tus palabras siempre son generosas aunque en este caso el mérito es de Silvina no mío.
      Un fortísimo abrazo:))

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  10. Magnífico cuento. Un gusto leerlo e imaginar, por un instante, a más de un Emperador actual corriendo la misma suerte del protagonista.
    Un abrazo, Marybel.

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    1. Gracias Mabel. Me alegra que te gustara.
      Besos!!!

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  11. No me esperaba así este cuento! Nunca me sentí muy atraída por esta autora pero la verdad es que me ha gustado bastante. Otra descubrimiento más.
    Saludos!

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    1. Yo también la descubrí tarde pero valió la pena..
      Un abrazo Indiganda!!

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  12. Guardar los gritos en el cofre fue un error. Aunque finalmente los gritos torturados habrían resonado noche tras noche en su cabeza. Gracias, Marybel, por este regalo.
    Besos,

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    1. Jajaja eso también fue lo que yo pensé cuando lo leí. Gracias a ti por tu visita.
      Un fuerte abrazo.

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  13. Nunca había leído nada de Silvina Ocampo, pero me ha gustado mucho su narrativa, me ha gustado mucho este cuento sobrecogedor que no es sino una metáfora de ese poder que castra al pueblo.

    Buscaré algún poemario suyo por la Biblioteca de mi ciudad, que seguro lo hay, y así pondré algunos de sus poemas en uno de mis blogs poemarios donde publico biografías y poemas de poetas célebres. Si sus poemas son como este cuento, seguro que me encantarán.

    Gracias por culturizarme cada día un poco más, Marybel. Comparto con mucho gusto y te dejo besos y mis mejores deseos para el fin de semana.

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    1. Gracias a ti por tu tiempo, lectura y participación.
      Un fuerte abrazo:))

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  14. Una grande de las letras. Inteligente, sarcástica..
    Esposa de otro gran escritor argentino, Adolfo Bioy Casares. Buenísima entrada!
    Gracias por traerla. Un abrazo!

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    1. Así es, una grande de las letras latinoamericanas.
      Besos

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