31 de mayo de 2014

CUENTOS COMPLETOS, de Vladimir Nabokov

"El arte eximio que creó Nabokov no fue una crítica de lo existente sino una manera de desencarnar la vida, disolviéndola en un fulgurante espejismo de abstracciones." Mario Vargas Llosa

Portada "Cuentos completos" Ed. Alfaguara- 2010
Es fácil olvidar un cuento. Los cuentos se leen uno tras otro y el que sigue eclipsa al que acaba de pasar y así hasta que llegamos al final del libro. Con suerte alguno sobrevive. Eso sucede con los relatos de Nabokov. 
Vladimir Vladimirovich Nabokov nació en San Petersburgo en 1897. Su abuelo fue ministro de Justicia de dos zares y su padre, un dirigente reformista a quien asesinaron en Berlín. De pequeño dominaba el ruso, el francés y el inglés. Luego hizo literatura en los tres idiomas. La revolución bolchevique lo obligó a peregrinar por distintas capitales europeas. Con la publicación de la exhuberante "Lolita" saltó a la fama en Occidente y la fortuna llamó a su puerta. Hilvanó novelas, poemas, teatro, ensayos críticos y hasta una biografía de Gogol. Dicen que se interesó en los lepidópteros (una rara mariposa fue bautizada con su nombre) y en el ajedrez, al que enriqueció con un libro de problemas. 
Su imaginación era superlativa y su prosa bebía de dos notorias fuentes: la literatura rusa y la literatura norteamericana. Vargas Llosa afirmaría que por su exquisito refinamiento intelectual y verbal sólo podía ser comparado con Borges. 
Este recopilatorio -una auténtica alhaja- contiene sesenta y cinco cuentos y es el fruto de casi cuarenta años de imaginación desatada. Contiene la travesía ascendente de un estilo magnífico, que testimonia la grandiosidad de su prosa, la profundidad de sus ideas, su sutileza psicológica y su bagaje cultural. Todo parece moverse sin esfuerzo –las revelaciones, los afectos, las acciones, y lo que es más difícil, el idioma– hasta coaligarse a lo que se quiere contar. Digitan historias paralelas como si fueran hebras de colores. Las combina hasta urdir el cuento. Hay exiliados de rostros inexorables como el destino, muerte, adúlteros, perdedores en el colmo de su degradación. Insisto el deslumbrante estilo, es la clave del libro. Nabokov, adoraba la forma.
Entra tantas gemas, resulta difícil destacar alguna sobre el resto. Transcribo "Una carta que nunca llegó a Rusia" para mostrar la belleza y la inteligencia del estilo:
"Mi adorable, mi muy querida y lejana, me imagino que no habrás olvidado nada en los más de ocho años que dura ya nuestra separación, si es que aún consigues recordar a aquel guarda canoso con su librea azul que ni se molestaba siquiera en mirarnos cuando hacíamos novillos para encontrarnos en aquellas mañanas heladas de San Petersburgo, en el Museo Suvorov, tan polvoriento, tan pequeño, tan semejante a una suntuosa caja de rapé. ¡Con qué ardor nos besábamos a espaldas de aquel granadero engominado! Y más tarde, cuando por fin nos liberábamos de aquellas antigüedades polvorientas y salíamos a la luz, cómo nos deslumbraba el resplandor de plata del parque Tavricheski, y qué extraño resultaba oír los gruñidos alegres, ávidos, profundos de los soldados, que se lanzaban unánimes a las órdenes de su comandante, resbalando por el suelo helado, embistiendo con su bayoneta a un muñeco de paja con casco alemán en medio de una calle de San Petersburgo.
Sí, ya sé que en otra de mis cartas te he jurado que no volvería a mencionar el pasado, especialmente las naderías de nuestro pasado en común, porque se supone que nosotros, los escritores exiliados, tenemos una especie de pudor altanero en nuestra forma de expresarnos y sin embargo aquí estoy, despreciando, desde la primera línea de mi carta, el derecho a toda sublime imperfección y destrozando con epítetos vanos el recuerdo, ese recuerdo que tú rozabas con tanta gracia y ligereza. Pero no es del pasado, mi amor, de lo que quiero hablarte.
Es de noche. Por la noche se percibe con especial intensidad la inmovilidad de los objetos: la lámpara, los muebles, las fotografías en sus marcos sobre mi mesa. De cuando en cuando, el agua borbotea y chasquea en sus tuberías ocultas como si una serie de lamentos subiera por las paredes de la garganta de la casa. Por las noches salgo a dar un paseo. Los reflejos de las farolas rezuman brillos intermitentes sobre el helado asfalto de Berlín cuya superficie parece una película de grasa negra en cuyas arrugas se hubieran recostado los charcos. Aquí y allá, una luz granate brilla sobre alguna alarma de incendios. Una columna de cristal, llena de una líquida luz amarilla, se yergue junto a la parada del tranvía, y, por alguna extraña razón, experimento una sensación tan melancólica, tan placentera, cuando, de noche, ya tarde, pasa por delante un tranvía a toda velocidad, vacío, con un chirrido al tomar la curva. A través de sus ventanas se ven con toda claridad las filas de asientos marrones iluminadas entre las cuales se abre camino, a contramarcha, un revisor solitario, con su negra cartera colgando al costado, tambaleándose ligeramente, como si estuviera un poco borracho.
Mientras paseo por alguna calle silenciosa y oscura, me gusta oír cómo algún hombre regresa a casa. El hombre no resulta visible en la oscuridad, y nunca sabes de antemano qué puerta se abrirá a la vida y condescenderá a dejarse penetrar por el chirrido de una llave, para después girar, y detenerse luego, retenida por el contrapeso, para acabar cerrándose de golpe; la llave chirriará de nuevo desde dentro, y, en las profundidades al otro lado del cristal de la puerta, un débil resplandor se rezagará durante un minuto maravilloso.
Pasa un coche sobre columnas de luz húmeda. Es negro, con una raya amarilla bajo las ventanillas. Irrumpe ronco con su bocina en los oídos de la noche y su sombra cruza bajo mis pies. Ahora la calle está totalmente desierta, salvo por un gran danés cuyas patas rascan la acera mientras pasea con una bella joven distraída y sin sombrero que lleva un paraguas abierto. Cuando pasa bajo la farola granate (a su izquierda, sobre la alarma de incendios), sólo una parte, negra y tensa, de su paraguas se ilumina de húmedo rojo.
Y más allá de la curva, sobre la acera -¡y de qué forma tan inesperada!-, la fachada de un cine se arruga con diamantes. Dentro, en su pantalla rectangular y pálida como la luna, se ve a unos mimos más o menos hábiles: la inmensa cara de una joven, con trémulos ojos grises y labios negros cruzados verticalmente por grietas relucientes, se acerca desde la pantalla, y no deja de crecer mientras detiene sus ojos contemplando la nada de la sala oscura, y una maravillosa lágrima, brillante y larga se desliza por una de sus mejillas. Y en alguna ocasión (¡momento celestial!) aparece incluso la vida de verdad, ignorante de que está siendo filmada: un grupo de gente que asoma por azar, unas aguas que brillan, un árbol que cruje silenciosa aunque perceptiblemente.
Más lejos, en la esquina de una plaza, una prostituta corpulenta vestida con pieles negras pasea despacio, deteniéndose de cuando en cuando delante de un escaparate ferozmente iluminado, donde una mujer de cera muy pintarrajeada expone a los paseantes de la noche sus enaguas de papel esmeralda y la seda brillante de sus medias color de melocotón. Me gusta observar a esta plácida puta de mediana edad, mientras se le acerca un hombre maduro con bigote que llegó por la mañana de Papenburg en viaje de negocios (primero pasa por delante y luego se vuelve a mirarla un par de veces). Ella le llevará sin apresurarse hasta una habitación del edificio cercano, que, a la luz del día, apenas se distingue de los otros edificios, igualmente ordinarios. Un viejo portero, educado e impasible, hace guardia toda la noche en el vestíbulo de entrada apenas iluminado. En lo alto de una empinada escalera otra mujer igualmente impasible, abrirá con sabia despreocupación una habitación desocupada y recibirá su pago por ello.
¡Y no sabes qué maravilloso es el estruendo con el que el tren todo iluminado, y riéndose por las ventanillas, atraviesa el puente por encima de la calle! Probablemente no vaya más allá de los suburbios, pero en ese preciso momento la oscuridad bajo el vano negro del puente se llena con una música tan poderosamente metálica que no puedo sino imaginarme las tierras soleadas hacia las que partiré en cuanto me haya procurado esos marcos extras que anhelo con tanta ligereza y despreocupación.
Me encuentro tan alegre que a veces me gusta ir a ver a la gente que baila en el café de mi barrio. Muchos de mis compañeros exiliados denuncian con indignación (una indignación no exenta de un punto de placer) las abominaciones de la moda, entre las que incluyen los bailes actuales. Pero la moda es una criatura de la mediocridad humana, de un cierto nivel de vida, es la vulgaridad de la igualdad, y denunciarla significaría admitir que la mediocridad puede crear algo (ya sea una forma de gobierno o un nuevo tipo de peinado) por lo que merezca la pena preocuparse. Y ni qué decir tiene que estos llamados bailes modernos nuestros son cualquier cosa menos modernos: la moda y la locura de los mismos se remonta a los días del Directorio, porque entonces como ahora los vestidos de las mujeres se llevaban pegados al cuerpo y los músicos eran negros. La moda respira a través de los siglos: la crinolina en forma de bóveda, de moda a mediados del XIX, no era sino la máxima inhalación del aliento de la moda, seguida por una exhalación: faldas estrechas, bailes apretados. Nuestros bailes, después de todo, son muy naturales y bastante inocentes y, a veces -en las salas de baile de Londres-, absolutamente elegantes en su monotonía. Todos recordamos lo que Pushkin escribió acerca del vals: «Monótono y loco». Todo viene a acabar en lo mismo. En cuanto al deterioro de la moral... Esto es lo que leí en las memorias de D'Agricourt: «No conozco nada más depravado que el minué y sin embargo nadie se opone a que se baile en nuestras ciudades».
Y así me divierto observando, en los cafés damants de aquí, cómo las parejas «desaparecen veloces ante mis ojos», por volver a citar a Pushkin. Los ojos maquillados de formas divertidas brillan de pura satisfacción, con alegría sencillamente humana. Los pantalones negros se tocan y se enredan con las medias ligeras. Los pies giran hacia un lado y se vuelven hacia el otro. Y mientras, al otro lado de la puerta, me espera mi fiel noche, noche solitaria, con sus reflejos húmedos, sus coches ruidosos, y sus corrientes de viento enfebrecido.
En una noche de ésas, en el cementerio ortodoxo ruso que está a las afueras de la ciudad, una anciana de setenta años se suicidó en la tumba de su marido recientemente fallecido. Fui allí por puro azar a la mañana siguiente, y el guarda, un veterano mutilado de la campaña de Denikin, que caminaba con muletas que crujían al mínimo movimiento de su cuerpo, me enseñó la cruz blanca de la que se había colgado la anciana, y los jirones amarillos que se habían quedado prendidos en el lugar donde los cabos de la soga («totalmente nueva», dijo amablemente) se rozaban. Pero lo más misterioso y encantador de todo, sin embargo, eran las huellas en forma de medialuna de sus tacones, diminutas como las de un niño, abandonadas en la tierra húmeda junto a la losa. «Pisoteó un poco el césped, pobrecilla, pero por lo demás no ha estropeado nada», observó el guarda tranquilamente y, mirando aquellos jirones amarillos y aquellos lugares en que la tierra estaba un poco hundida, me di cuenta de repente de que se puede distinguir una sonrisa inocente incluso en la muerte. Probablemente, mi amor, la razón principal por la que te escribo esta carta es para contarte este final tan fácil, tan dulce. La noche de Berlín quedó así resuelta.
Escucha: soy feliz, absoluta o idealmente feliz. Mi felicidad es una especie de desafío. Mientras deambulo por las calles y plazas y por los caminos junto al canal, sintiendo distraído los labios de la humedad a través de mis suelas gastadas, llevo orgulloso sobre los hombros mi inefable felicidad. Los siglos pasarán uno tras otro, y los escolares bostezarán ante la historia de nuestras revoluciones y miserias; todo pasará, pero mi felicidad, mi amor, mi felicidad permanecerá, en el reflejo húmedo de una farola, en la curva precavida de los escalones de piedra que descienden hasta las aguas negras del canal, en la sonrisa de una pareja que baila, en todo aquello con lo que Dios tan generosamente circunda la soledad humana."



P.D: Tras su éxito con "Let her go", Passenger ha anunciado su nuevo disco para principios de Junio. Les dejo el tema qua da título a su nuevo álbum "Wispers"




24 comentarios:

  1. Pues queda bien demostrado su inteligencia y estilo! Una genial invitación a la buena lectura. Gracias! Un abrazo Marybel
    (Me encantó la música =)

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    1. Nunca es tarde si la dicha es buena, siento la tardanza. Un abrazo Sole y gracias por tu visit

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  2. Hola, Marybel, soy Mayte Dalianegra, aunque con otra cuenta, y si bien aquí podría comentarte desde la mía habitual, ya que tienes comentarios de Blogger y no de Google+, para compartirte después necesito ésta, y por no nadar cambiando...Es que me bloquearon mi cuenta de siempre, por unos reportes de un moderador de una comunidad donde publicaba desde hace meses (que me he enterado hoy mismo de ello), y bueno, la sanción es por dos semanas, y ya me deben quedar 11 días más o menos.

    Bueno, hablando ahora de Nabokov, de él sólo leí, hace muchos años, su célebre Lolita, y para nada sabía de este recopilatorio de cuentos.

    Leyendo este cuento en forma de epístola, reconozco que la prosa de este hombre sí que en verdad recuerda un poco a la del gran Borges, y es tan deliciosa, tan poética, que ya se me han ocurrido un montón de poemas sólo con su lectura. Es realmente inspiradora.

    Muchas gracias por ofrecernos este bocado de exquisita literatura para disfrutarlo así, sin prisas, saboreándolo en todos sus ingredientes. Me ha gustado mucho, te soy sincera. Voy a buscar el libro en la biblioteca pública de mi ciudad, donde seguro que lo habrá,, porque está bien nutrida, y ya soy habitual de ella, y eso que de vez en cuando aún compro libros, porque si me gustan me duele no tenerlos en casa.

    El tema de Wispers es precioso, gracias también por añadirlo al post, es del tipo de música que no te cansas de escuchar.

    Te comparto con esta cuenta de Argonauta Daliamar (era una cuenta de un blog que tuve con un amigo poeta chileno y que quedó para mí una vez que el blog quedó abandonado por falta de tiempo por ambas partes para dedicarle). Es que con mi cuenta habitual, hasta que no me levanten el "embargo", sólo puedo dar "+1", porque no puedo editar, ni compartir ni siquiera comentar. Menos mal que a los blogs no les afecta la sanción y puse de nuevo comentarios de Blogger. De todos modos, cuando me devuelvan la otra cuenta, con ella no voy a publicar en comunidades ni a compartir, lo haré con ésta, porque si me vuelven a sancionar, corro el riesgo de perder la cuenta, y es la de mis 6 blogs y mis álbumes de fotos de Picassa, así que no la voy a arriesgar, pena que tiene ya más de 2500 seguidores, pero da igual, ya los iré haciendo con ésta poco a poco, jeje.

    Bueno, mi niña, corto rollo y te dejo mis mejores deseos para el domingo y la semana que comenzará. Besos!!!

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    1. Me di cuenta de que tenía todos los comentarios de esta entrada sin responder. Pido a todos disculpas.
      Nabokov se hizo célebre por "Lolita" como Cervantes por "El Quijote" pero hay una obra que lo respalda. Este volumen es buenísimo.
      Un abrazo Mayte y muchas gracias por tu colaboración en el blog.

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  3. Hola! Es verdad que los cuentos son como más volátiles en nuestra memoria. La propia estructura y dinámica de los libros de cuentos así lo favorece, pasas de uno a otro sin tiempo a que se asienten... Me suena que en casa de mi familia había alguna edición antigua de cuentos de Nabokov, tengo que comprobarlo. Gracias por la muestra.

    Besos

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    1. Gracias a ti por tu tiempo y lectura.
      Un abrazo

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  4. Hola Mary, voy a la caza de este recopilatorio de cuentos, espero encontrarlos en la red, una prosa exquisita la de Nabokov, por lo que muestras en el post, dan ganas de leer mas y mas.Espero encontrar estos cuentos o Lolita, que no la he leído, solo he visto la película que hizo Jeremy Irons, besos y feliz domingo

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    1. Qué es de ti querida Ale?? Espero te encuentres bien. Gracias tardías por tu comentario y amabilidad.
      Un fortísimo abrazo estés dónde estés.

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  5. Que hermosa prosa...A medida que la leía me llenaba de interno orgullo de lo bien que se siente como el arte escrito se perfila tan llana y bellamente,y que decir de tu pluma elocuente y precisa,felicidades mi querida Marybel,buscaré la colección,como cuentista tengo muchos libros de este género y esta colección si que es una joya digna de tenerse y disfrutarse,Besos y abrazos ...!!! :)

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    1. Muchas gracias Maria del Socorro. Cada página contiene algún párrafo memorable. Imprescindible.
      Un abrazo.

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  6. Me gusta mucho Nabokov y hace rato no recorro sus letras. Duerme apacible en mi biblioteca junto a otros muchos olvidados por la rutina asfixiante. Gracias por compartir tan hermoso texto. ¡Es una delicia!. Abrazos

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    1. Los clásicos son pacientes y educados. Están ahí, esperando, para cuando quieras volver a descubrirlos o retomarlos jejeje.
      Abrazos

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  7. Qué agilidad y limpieza la de Nabokov. Gracias por la esmerada reseña y recomendación; y también por tu cortesía -la cortesía en general parece estar convirtiéndose en una rareza- respecto al poema de Maya Angelou, hace unos días. Como dije, el poema es suyo, de ella; estoy deseando ver esa entrada tuya, pues yo simplemente disfruté leyendo algunos textos y descubriendo muy por encima su increíble y dura biografía. Un abrazo, +Marybel Gaalaz

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    1. Bueno, creo que nos complicamos nosotros mismos jejeje. He dedicado una entrada a Maya Angelou y te he nombrado. Gracias por descubrírmela.
      Siento la demora de esta respuesta, no consigo recordar el motivo. En todo caso, lo siento.
      Un fortísmo abrazo.

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  8. Un cuento o una carta que sumamente visual, toda ella está plagada de instantes bellísimos. De Nabokov solo he leído "Lolita" y la novela corta "El hechicero" que es algo así como el preámbulo a "Lolita".
    Me gusta la reseña porque es precisa. De una economía que se corresponde con la selección del relato y hace redonda esta entrega que cumple con su cometido: invitarnos a ir más allá de su obras más conocida.

    Gracias Marybel. Un beso y un abrazo que viajan con la brisa por el trasatlántico.
    Feliz semana.

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    1. Gracias a ti por tu presencia y paciencia Gonzalo.
      Reitero mis disculpas por mi torpeza y tardanza.
      Un abrazo

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  9. Qué buena pinta!! Lo poco que he leído de Nabokov me ha gustado muchísimo (Lolita y Pnin).
    No sé que me pasa con los libros de relatos, de primeras siempre me tiro a la novela y después o porque me los regalan o porque al final me decido... Voy con ellos. Pero siempre los dejo en un segundo plano. ( Y mira que me he llevado grandes sorpresas). Este me lo apunto.
    Saludos!

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    1. Me alegra que la entrada haya estimulado tu curiosidad por indagar un poco más sobre la vida de este autor imprescindible.
      Un fortísimo abrazo

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  10. Cojo tu primer párrafo y donde pone "cuento" puedo traducir por "película", ja, ja. Todo pasa por la mirada y la mayoría se escapa por no sé qué agujero que debemos tener en el cerebro. Leemos y leemos libros, relatos, cuentos. Vemos y vemos películas, series, documentales. Qué poco queda dentro, cuánto se olvida. Pero eso que queda...
    Saludos.

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    1. Todo tuyo Licantropunkjajaja. Ciertamente todo eso que queda, vale lo suyo. Insustituible.
      Un abrazo

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  11. De este autor he leído, como supongo que todo el mundo, su célebre Lolita. Lo recuerdo como un libro que me impresionó en varios sentidos, hace ya muchísimos años, pero ahora, con bastante tiempo transcurrido, comprendo que parte de la impresión pudo deberse, aparte de al argumento, a este delicioso estilo de escribir. La carta que nos traes es un claro exponente de ello. Tomo nota de su recopilatiro de cuentos.

    ¡Muchas gracias por esta entrada didáctica e interesante, Marybel!

    Un abrazo grande.

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    1. Sin duda Julia, totalmente recomendable. Cualquier amante de los libros lo sabe: hay obras que no deberían ofrecerse como una mercancía común. Nabokov es un autor primordial.
      Gracias por lo de didáctica e interesante jejeje. Sólo intento plasmar lo que me gusta. Y en gustos, nada está escrito :))
      Un abrazo grande.

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  12. Qué grato es leer buenos textos, soy de las que se dejan llevar más por el cómo que por el qué. Disfruto a los autores que se definen por su estilo. Esta carta me ha envuelto en esa magia. !Que descripciones, que imágenes. " De cuando en cuando, el agua borbotea y chasquea en sus tuberías ocultas como si una serie de lamentos subiera por las paredes de la garganta de la casa". Gracias por compartir esta entrada. He leído "Lolita" y el ensayo sobre Kafka no conocía estas narraciones cortas. Besos.

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    1. Sublime MaríaE. Nabokov sabe demostrar que la prosa debe ser tanto o más ingeniosa que la poesía.
      Muchísimas gracias. Un abrazo.

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