25 de mayo de 2014

SHOAH, de Claude Lanzmann

“No se puede contar, nadie puede imaginar lo que pasó aquí, no se puede entender, es imposible, ni yo mismo puedo hacerlo hoy” Shoah



Las dudas son inevitables. ¿Qué importancia tiene hablar sobre los recursos formales de una película que nos enrostra el mal absoluto como si de un puñetazo se tratase? ¿Puede elogiarse la calidad de una historia cuando el tema es la destrucción metódica y masiva de miles de semejantes? No obstante, el talento de un artista, cuando existe, siempre se las compone para alzarse por encima de la realidad por muy inicua que ésta sea y desplaza su obra hacia un territorio aséptico salvaguardándolo de la ciénaga putrefacta del mismo. Quiero decir: aun en la rememoración de los campos de exterminio puede encontrarse una intención estética. "Shoah" corrobora que el cine conserva una misión imprescindible: transformar la Historia en arte; empresa cuyo cometido es tanto estético como didáctico.
A los 18 años, Claude Lanzmann se unió a la Resistencia; y hacia 1973 se enrroló en un proyecto de doce años, en el que quizás por primera vez ejerció al máximo con total sutiliza y vocación, su compromiso y pasión por su obra, deviniendo ésta en un reto personal: contar (a través de sus protagonistas) el exterminio del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial. La memoria, como la escritura, aparece como un trazo que resucita siempre en el presente y que se aleja a la vez que se aproxima, de aquello que trata de revivir: el pasado. No sé si existe otra película tan larga como esta producción pero de lo que estoy segura es que marcó un hito en la historia del cine documental. 
La "shoah" más conocido por los hispanohablantes como holocausto -terrorrífico concepto de ingenieria social- ha sido durante mucho tiempo para los judíos que lo padecieron un término casi tabú. 
"El holocausto es posible en la modernidad. Racionalidad, eficiencia y un profundo desarrollo de la burocracia son los pilares que, también, necesita el genocidio moderno para poder existir. La responsabilidad técnica se impone, así, anulando cualquier freno moral que pudiera impedir semejante atrocidad." 
Eso lo decía Bauman con la certeza casi absoluta de que el conocimiento no era suficiente para describir todo ese terror. Pero la necesidad de rehacer el pasado ha permitido agudizar la memoria postmoderna a través de los testimonios como un bálsamo existencial. El ser humano cree que la existencia y el conocimiento público de un acto atroz bastará para la desaparición del mismo, pero no hay más hipocresía que afirmar eso. El exterminio fue tan inmenso que sólo puede llegar a entenderse en su especificidad, imagen a imagen, hecho a hecho, momento a momento e historia a historia. 



Uno de los grandes atinos del director para realizar esta opus magna fue su fuente de alimentación; una ingente cantidad de testimonios de testigos a los que la edad aún no había borrado los recuerdos de ese tiempo. Lanzmann encaró unos hechos infames sobradamente conocidos y decidió narrarlos de la forma más directa posible incluyendo sus peripecias con la cámara paluche para lograr filmar a escondidas a ciertos nazis, como si estuviera seguro que intentar encontrar las razones de aquellos sucesos y explicarlos supusiera intrínsecamente su aceptación y, por tanto, su indulgencia. Su propuesta obligó a los entrevistados a volver a un tiempo y a un lugar de dolorosa evocación. Ambivalencia. El pasado siempre está entre nosotros y en nosotros -aún en el apego enfático al presente- de forma que su retrospectiva siempre se situa en el aquí y ahora: el ahora de 1941-45, cuando la locura se desató.
Exhaustivas entrevistas a víctimas, verdugos o espectadores, nombres propios, en la que la cámara adopta una inmovilidad absoluta, casi temerosa de interrumpir el relato de los hechos y que se ve salpicado por multitud de detalles -gestos, rictus, expresiones, opiniones, prejuicios- que dejan escapar cogidos por el momento y que sirven para hacer hincapie una y otra vez, en la brutal premisa hitleriana: los judíos no eran enemigos de los nazis. No, no tenían la dignidad de enemigo, sino que representaban lo que no debían existir para que el cuerpo de la sociedad alemana pudiera existir. Así podemos escuchar a polacos bastante satisfechos con la limpieza étnica, mientras que otros, como el ferroviario polaco, Henrik Gawkowski, deshecho moralmente por la magnitud del crimen en el que fueron obligados a participar, o a exmilitantes nazis con una manifiesta arrogancia e indiferencia por los hechos. Una manera sutil, elegante y efectiva de pluralizar sus voces y puntos de vista y usarla como instrumento de trasmisión de toda esa abyección cuasi inimaginable.
Conocimiento, sensibilidad y conciencia se alían en una batalla contra el pasado sublimando la muerte para rescatar el sentido de la vida a través de la palabra y la imagen y que restituye en el ejercicio del cine el valor de su identidad. También crudeza, violencia, exterminio se coaligan en la narración, pero Lanzmann impone su sello personal ciñéndose sólo a filmar el vacío del presente, "los no lugares de la memoria". Evita vulgarizar la tragedia. Planos largos dotados de eficaces travellings nos introducen en un viaje directo al núcleo de esta crónica sin artificios. El impactante plano de la entrada a Auschwitz, es una buena muestra del horror que, aún hoy, despierta la macabra puerta.
Más allá de lo que él denominaba sus "encarnaciones", Lanzmann ha evitado caer en el sentimentalismo barato prefiriendo la crudeza de las narraciones y obligando al espectador a adoptar una posición ante lo que está viendo, ya sea tapando los ojos, contemplarlo con pasividad (es cine al fin y al cabo) o plantearse algunas cuestiones con respecto a lo que está viendo y aquello que lo ha precedido. En mi caso,  imaginar eso es imaginarse uno ahí. ¿Cómo la sociedad pudo ser cómplice activa de tal situación, sin lograr realizar nada para que dicha situación no pudiera ser llevada adelante? ¿Qué hubiera hecho yo? ¿qué no hubiera hecho?. Radical diferencia en este caso entre la experiencia y lo que pueda imaginarse.
Nada es gratuito, al final todo parece encontrar su sitio, con un equilibrio asombroso, y "Shoah" se convierte en el documental referencial, en una pedagogía de la memoria y en un hacer ver algo que se resistía a ser representado. Por supuesto, también en arte y ensayo, y en definitiva, en una obra de autor que vemos con la convicción de que estamos ante algo único e irrepetible. Y lo que es más importante, a través de todos esos testimonios y el enfoque lanzmanniano, aprehender conjuntamente lo que supuso el exterminio nazi para la humanidad, es decir, revivir, por espacio de nueve hora, el clamor de seis millones de víctimas inocentes.
Totalmente imprescindible.




Título original: Shoah/ País: Francia/ Año: 1985/ Director: Claude Lanzmann/ Guión: Claude Lanzmann/ Música: No tiene/ Fotografía: Dominique Chapuis, Jimmy Glasberg, William Lubtchansky/ Duración: 566 minutos/ Premios: Entre muchos reconocimientos: Círculo de Críticos de Nueva York; NBR - Asociación de Críticos Norteamericanos; Mención de honor del Festival de Berlín y BAFTA, al mejor documental.

 

24 comentarios:

  1. Recuerdo un documental de hace pocos años, sobre trabajadores alemanes que se encargaban de las visitas del campo de concentración de Mauthausen (si no recuerdo mal): tenían que cambiarlos cada cierto tiempo, era durísimo para ellos.
    Estoy intentando acabar la autobiografía de Klaus Mann, y es tremendo cómo hablaba con la gente de su país, amigos, poco antes de tener que marcharse de Alemania, y le llamaban "exagerado", o le decían que el nacionalsocialismo era algo nuevo, era algo, excelente, tenía impulso... y se tuvo que ir, y llamar a sus padres, que estaban fuera del país, para que no volvieran... Empezaron las listas de detenciones...

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    1. Y después las matanzas a escala industrial. Me cuesta mucho entender ¿Cómo la sociedad pudo ser cómplice de algo tan dantesco?
      Gracias Esther. Yo también estoy con "Cambio de rumbo. Crónica de una vida".
      Un fuerte abrazo.

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  2. Hola, Marybel, pues este documental no lo he visto, y mira que soy ripper y uploader en una web de documentales, en Docuzone, y que he visto montones de documentales de temática nazi, lo mismo que películas. Todo lo que se diga sobre el tema se quedará siempre corto comparado con la realidad. Además, parece que siempre se hace hincapié en el exterminio del pueblo judío porque fue masivo, pero se olvidan también de otras etnias, como los gitanos, y de alemanes no judíos que fueron exterminados por ser opositores al régimen nazi, lo mismo que los pobres republicanos españoles, que muchos cayeron bajo el yugo nazi tras huir de la España franquista, y prisioneros de guerra, sobre todo rusos, pero también de muchos otros paíes, así que la cifra total del genocidio que se llevó a cabo en esos campos de trabajo y de exterminio (mal llamados de concentración), se dispara aún más.

    Yo misma estuve en el campo de Terezin, en Chequia, y no pude evitar llorar al imaginarme la tragedia de quienes allí perdieron lo único que realmente tenían: la vida.

    Me apunto el docu y ahora a conseguirlo. Muchas gracias por tu interesantísima reseña, querida Marybel. Compartido queda también. Besos y buena semana.

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    1. Así es, un gran número de exiliados republicanos se unieron a la Resistencia. Eran gente muy ideologizada y no les importaba luchar. Por desgracia muchos de estos valientes cayeron prisioneros y sufrieron las torturas del régimen concentracionario. Los alemanes eliminaban a todos los que se les opusieran sin contemplación, no sólo a gitanos y judios aunque estos se llevaron la peor parte. Creo que si se tienen en cuenta presos políticos, y opositores la cifra puede rondar el escalofriante número de diez millones de muertes. Escalofriante!!!
      Un abrazo Mayte.

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  3. Hola Marybel,soy muy sensible en cuanto a esas grandes tragedias de la humanidad,creo que ese holocausto-exterminio es necesario leerlo,verlo,para no olvidar hasta donde puede llegar una mente demente si no es detenida....Me ha conmovido demasiado,pero me gusta la forma como nos llevas,magistralmente al punto de la produccciones realmente muy buenas y dignas de verse y sobre todo asimilarse...Eres muy buena,me siento muy orgullosa de ser tu amiga y lectora,besitos preciosa :)

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    1. Creo que es imposible permanecer impasible, o no sentir un mínimo de vergüenza, por tanta brutalidad. Te prometo que cuando veía el documental no me sacaba de la cabeza esta pregunta ¿que hubiera hecho si me hubiera tocado vivir ese momento histórico? ¿Y si fuese alemana? ¿o si fuese judía? cualquiera de los dos planteamientos son inconcebibles; fue tal la crueldad e infamia, la bestialidad y aberración...tan magno que es imposible imaginarse.
      Besos

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  4. Yo creo que si le ponen este documental a los gobernantes para que lo vean unas cien veces, sería insuficiente para ablandarles el corazón, y retroceder en sus frenéticas ambiciones de poder. Claro que la responsabilidad de holocaustos de esta magnitud no le corresponde solo a ellos, en menor grado, también nosotros debemos recibir este tipo de instrucción histórica. Lo malo es que hemos recibido mucha y el mundo perpetúa los mismos errores, alimentados por los mismos odios. La fórmula para elaborar guerras, exterminios, limpiezas étnicas sigue viendo en popa. Pero mientras haya voces que no callen ante atrocidades como esta, el humano tiene la esperanza de un mundo mejor. Excelente reseña Mary, besos

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    1. Te recomiendo "Modernidad y Holocausto" de Zygmunt Bauman. Lo cito en la publicación pero a continuación te dejo otro pequeño fragmento de su libro:
      "El Holocausto fue un encuentro singular entre las antiguas tensiones, que la modernidad pasó por alto, despreció o no supo resolver, y los poderosos instrumentos de la actuación racional y efectiva que crearon los desarrollos modernos."
      Quiero creer que hemos aprendido más...
      Gracias Ale por tu huella.
      Un fuerte abrazo.

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  5. Inmejorable reseña. También creo que es imprescindible mostrar esta tristísima e inexplicable parte de una historia que muchos padecieron y todos debemos mínimamente poder soportar. Sin buscar culpables, solo evitar que se vuelva a repetir semejante atrocidad. Un abrazo Marybel!

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    1. Por supuesto, nadie debería olvidar. Sí por algo será recordado el siglo XX será por la invención del cine y por conseguir matar a escala.
      Gracias por tu comentario.Besos.

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  6. Impresionante documental, creo que imposible de olvidar, pese a las 9 horazas que dura... Para ver en pequeñas dosis (por lo menos en mi caso) . Como dices, es imprescindible, una gran reseña. Bicos!

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    1. Hacía tiempo que lo tenía en casa, pero no me atrevía a verlo. Lo distribuí en tres días, y te aseguro que me machacó moralmente.
      Gracias Indiganda.
      Bicos.

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  7. Pasaron más de sesenta años y parece que la humanidad ha aprendido poco o tiene mala memoria.
    Se sigue matando y masacrando impunemente en distintos puntos del mundo en nombre de ideologías funestas, o de intereses económicos, de poder... los motivos son siempre parecidos.
    La esperanza de cambios sustanciales pareciera que va menguando y entonces ¿qué nos quedaría... ?
    Una reseña que da gusto leer, Maybel, y que comparto para difundir el trabajo de este director, que no conocía.
    Un abrazo.

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    1. Sí, supongo que es muy necesario no bajar la guardia, pero "poblar el mundo con personas que se interesen por los demás no figura en el mapa de la utopía consumista"
      Un fuerte abrazo Mirella y gracias por tu visita.

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  8. Magistral reseña, Marybel. Como tú bien dices, totalmente imprescindible.
    Un besazo.

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  9. Esta frase me parece clave de esta película (documental) que nos reseñas: transformar la historia en arte y en esa medida, preservar la memoria de cosas incomprensibles de la condición humana porque un fenómeno de estos, donde no hay enemigos sino personas que se deben exterminar es algo que no tiene racionalidad alguna.

    Nueve horas de película, de testimonios y de imágenes se suponen muchas pero la reseña que haces de ella ya la aligera de entrada.

    Un placer llegar a tu espacio y siempre salir de él con una alternativa para la lecturas, porque las películas también se leen.
    Un abrazo Marybel.

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    1. Ciertamente, su excesiva duración frena un poco, sin embargo, yo no tuve esa sensación (quizá porque la vi en tres días) en ningún momento me resultó cansina. "Shoah" tiene su continuación en el "El informe Karski" rodada en 2010 y "El último de los injustos" del año pasado, por lo que nos ponemos en unas casi 13 horas jejeje.
      Como siempre, un placer tus visitas.
      Un fuerte abrazo Gonzalo.


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  10. Leer tu magistral reseña, me lleva a la simpleza de felicitarte y no es eso. Tu reseña me devuelve al mundo de lo real, del presente y del pasado juntos de nuevo otra vez y sin embargo imposible.¿No es la vida como una noria que siempre gira del mismo lado, haciendo siempre igual? El holocausto del ayer, ¿No es el holocausto del día de cada día, pero como los drones, más sofisticado? Me desespera pensar que todo está en nosotros mismos. Claro que se trata de un documental que ojalá pueda verlo. Pero mi cabeza no para de dar vueltas, diciéndome que algo, hay que hacer. Que tengas un buen día Marybel.

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    1. Sí, yo también tengo esa sensación. Somos humanos, pero no siempre demostramos los valores que nos son propios. Y admitir eso también forma parte de nuestra condición. Además la sensación de que algo no funciona es lacerante.
      Un abrazo Ildefonso.

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  11. Leer sobre estos temas me produce una sensación que no puedo describir ni como hambre ni como llenura, va de una a otra y me revuelve el estómago. Pero más allá de lo que muestra el documental, de lo consciente que nos hemos hecho de esas realidades abismales de las que participó la sociedad alemana durante la segunda guerra mundial, creo que solemos olvidar un detalle que se repite a lo largo de nuestra historia como humanos: un problema no existe hasta que se hace evidente. Esa percepción del otro, como basura, restos, desecho, si se quiere, está afincada en el imaginario de los que ahora son verdugos a nuestros ojos; pero que en su momento actuaron con pleno derecho. Qué trato de explicar. No sé si se puede afirmar ello de este caso concreto, pero esa racionalidad e industrialización de la muerte que alcanzó su máxima expresión en el exterminio judío era algo normal, por tanto aceptado socialmente. Para Hitler, al igual que para muchos alemanes ,matar judíos era una cuestión de necesidad, basados en sus derechos. No era un problema, la situación no tenía ese carácter. Como no fue un problema esclavizar negros, exterminar indios y otros oprobios que siguen perduran en vastos territorios. Donde la racionalidad se instala y los órdenes establecidos dan cuenta de una jerarquía, unos estatus y un ordenamiento legal y moralmente constituido, el oprimido no ve un problema sino una consecuencia lógica de eso que existe. Lo triste de esa y otras situaciones es que nuestra sociedad actual, con todos los logros alcanzados, siga reproduciendo soterradamente esos esquemas. Ubicarnos donde estamos como especie, si es que existe alguna forma de progreso moral, sólo ha sido posible mediante el sufrimiento de miles.

    Excelente reseña, Marybel. Siempre es un placer leerte

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    1. El Holocausto nos enseñó la existencia de un lado oscuro del hombre y cómo el genocidio puede parecer justificable cuando se dan las adecuadas circunstancias. ¿Se podría repetir? ¿Ofrece la Europa de la crisis económica y social del siglo XXI el caldo de cultivo necesario para que vuelva a surgir esa sombra del hombre? El simple planteamiento de estas preguntas me produce espeluznos. Hace poco leí un artículo sobre Georg Pieper, un psicólogo alemán especializado en situaciones traumáticas. Pieper, visitó Grecia y lo que vio no le gustó nada. Se encontró con una sociedad al borde de la explosión, con un aumento de los grupos violentos que atacan minorías y donde el egoísmo, y no la solidaridad, está ganando terreno. El huevo de la serpiente sigue ahí.
      Un placer tus visitas María Eugenia. Un fuerte abrazo.

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  12. Excelente reseña Marybel de unos años marcados por la infamia.

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    1. Muchas gracias Juan. Así es, la evocación de esa carnicería -aliviadas en el tiempo y la distancia- no dejan de cortarme el aliento. Jamás debería olvidarse...
      Un abrazo

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