11 de mayo de 2015

CUADERNO DE LA GUERRA Y OTROS TEXTOS, de Marguerite Duras

"Si no fuera escritora, sería prostituta" Marguerite Duras

La impronta que dejó "El amante" en la historia de la literatura ha sido tan fuerte que basta leer el título para saber, sin lugar a dudas, que su protagonista es ellla. Esta novela está ubicada en el mapa mental de los lectores de Marguerite Duras de manera imborrable. Son legión, creo, quienes han leído con una suerte de fervor –y de estupor, todo hay que decirlo- su relación sexual con Léo, el comerciante chino, once años mayor, al que conoció cuando ella tenía quince años. Un hecho que dejaría una huella indeleble en su alma y obra.
Pocas veces sucede que la obra y la vida de un escritor, ambas, merezcan contarse. Convertida en un icono de la cultura europea, la gran dama de la literatura francesa fue una grande, verdad, y no sólo porque escribió una de las novelas más importante del siglo XX. En efecto, "El amante" fue traducida a cuarenta idiomas y le granjeó el prestigioso premio Goncourt. Naturalmente, el éxito sin precedente y la admiración de las masas puede explicar también el resentimiento de una parte de la intelectualidad detractora que no le perdonaran que se cargara sus convencionalismos y prejuicios. Pero además, Duras dejó una obra narrativa que no se parece a nada ni a nadie. Y una vida que nos permite entender por qué se escribe. Una "hors concours" (fuera de serie) dirían los franceses.
"Fue aquella tarde cuando Léo me besó en la boca. Lo hizo por sorpresa. De repente sentí un contacto húmedo y fresco en mis labios. Experimenté una repulsión verdaderamente indescriptible. Empujé a Léo, escupí, quise bajar del coche de un salto. Léo no sabía qué hacer. En el espacio de un segundo, me sentí tensa como un arco, perdida para siempre. Repetía: “Se ha acabado, se ha acabado”. Léo me decía: “¿Qué quieres decir?”. No entendía nada. En un momento determinado, se rió y me explicó que no se cesa de ser virgen por haberse dejado besar en la boca: “Ya lo sé”, grité yo, “pero de todos modos se ha acabado”. Él trató de tranquilizarme y de tomarme de nuevo en sus brazos, pero yo lloré, le supliqué que detuviera el coche y me dejara bajar. Estábamos en plena noche y en pleno campo, pero yo ni lo pensé. Lo cuento tal y como pasó; no puedo explicarlo. Yo era el asco mismo. Pero en cuanto a explicar lo que entendía por “acabado”, no puedo hacerlo, ya no sé. No obstante, me calmé y me retiré al extremo del asiento, lo más lejos que pude de Léo. Y allí escupía en mi pañuelo, no paraba de escupir, estuve escupiendo toda la noche y al día siguiente; cada vez que lo pensaba volvía a escupir. Léo parecía muy abatido, ya no intentaba tocarme, me veía escupir, me preguntaba: “¿Te doy asco?”. Yo no podía contestar.[...]"

Me fascina el género memorialístico. Sobretodo los diarios y las cartas. Diría que los diarios de escritores siempre tienen un leitmotiv; un halo de misterio que los dispone y en esa disposición el escritor habla sin censura de sí mismo. Una recurrencia, digamos. Y no escapa a esta costumbre Marguerite Duras. Desde el prólogo, esta exquisita colección de cuadernos se mueve en una penumbra biográfica. «Todos los escritores, lo quieran o no, hablan de sí mismos». «Me puse a escribir para hacer hablar ese silencio bajo el cual me habían aplastado». 
"Cuadernos de la guerra y otros textos" fueron escritos posteriormente a los hechos que se narran. Van de 1943 a 1949. Documentos, recuerdos y una suma de detalles y naderías son rescatados del olvido para delatar que la francesa, aún atrincherada en sus demonios y traumas, no dejaba de encontrar en la escritura un modo de supervivencia sin renunciar a una poética personalísima. Puso su acidulado mordisco al servicio de un sinfín de causas, al tiempo que cincelaba un estilo entrecortado, ágil y cortante. Si la literatura pudiera cambiar el mundo, Duras habría contribuído al cambio.

Me dijeron: “Su hijo ha muerto”. Fue una hora después del parto; yo había visto al niño. Al día siguiente pregunté: “¿Cómo era?”. Me dijeron: “Es rubio, un poco pelirrojo, tiene las cejas altas como usted, se le parece”. “¿Está ahí todavía?” “Sí, está ahí hasta mañana.” “¿Está frío?” R. contestó: “No lo he tocado pero debe de estarlo, está muy pálido”. Después titubeó: “Está guapo, es también por causa de la muerte”. He pedido verlo. R. me dijo que no. Pregunté a la superiora. Me dijo: “No merece la pena”. No insistí. Me habían explicado dónde estaba, en un cuartito al lado de la sala de trabajo, a la izquierda, según se va hacia allí. Al día siguiente estaba sola con R. Hacía mucho calor. Yo estaba echada boca arriba, tenía el corazón muy fatigado, no debía moverme. No me movía. “¿Cómo tiene la boca?” “Tiene tu boca”, decía R. Y a todas horas: “¿Está ahí todavía?”. “No lo sé.” No podía leer. Miraba por la ventaba abierta, el follaje de las acacias que crecían en los terraplenes del ferrocarril de circunvalación. Por la tarde vino a verme la hermana Marguerite. “Ahora es un ángel, debería estar contenta.” “¿Qué van a hacer con él?” “No lo sé”, dijo la hermana Marguerite. “Quiero saberlo.” “Cuando son tan pequeños los queman.” “¿Aún está ahí?” “Sí, está ahí.” “¿Entonces los queman?” “Sí.” “¿Se hace deprisa?” “No lo sé.” “No querría que lo quemaran.” “No hay nada que hacer.” Al día siguiente vino la superiora: “¿Quiere usted dar sus flores a la santa Virgen?”. Yo dije: “No”. La monja me miró: tenía setenta años, estaba reseca por el ejercicio cotidiano como organizadora de la clínica, era terrible, tenía un vientre que yo me imaginaba negro y seco, lleno de raíces resecas. Volvió al otro día: “¿Quiere usted comulgar?”. Yo dije: “No”. Entonces me miró. Su rostro era horrible, era el rostro de la maldad, del diablo [...]
En cada cuaderno hay algo cáustico, glacial. Duras que sufre la escritura como destino y castigo, juega a rememorar. La confesión de lo realmente privado, parece manifestarse como algo genuinamente nimio y casual. Sin intimidad. «El pasado me persigue» escribe. La pobleza, la tragedia de la guerra y la abominación de la violencia se inmiscuyeron en su vida y la subvirtieron como nunca hubiera imaginado. También, su relación con "madre". Porque a esa mujer conocida por casi todo el mundo le resultaba muy difícil relacionarse con su familia y su historia. 
Controvertida, compleja -siempre al borde del risco- escribía sobre sí misma como un borracho pendenciero y provocador. 
¡Benditas desdichas! La Alta Literatura le debe mucho a las miserias personales. 
28 de abril. “¿A qué esperan para firmar la paz?”. Cada vez que oigo esta frase cien veces repetida, sé que la amenaza es mayor. Hoy se sabe que Hitler agoniza. Es Himmler quien lo ha dicho en la radio alemana en un último llamamiento, y al mismo tiempo que dirigía una demanda de capitulación. Mi portera sube y me dice: “¿Ha [visto] usted ese cerdo? No nos lo vamos a poder cargar”. “No hay justicia.” “Es demasiado, no vamos a poder, es demasiado.” “Nos han robado.” Esto acaba de estropear la paz, de pudrirla en la rama antes de sazón. El más responsable de los más responsables se nos escapa. También nos da la sensación de la inverosímil dislocación de Alemania. Berlín arde, defendido solamente por los “treinta batallones del suicidio”, y, en el corazón de la ciudad, Hitler se dispara una bala en la cabeza. Hitler ha muerto. La noticia no es segura. Unos la creen, otros no. Pero se cierne una duda. El mundo entero piensa en Hitler. [...]
La arquitectura del texto cuenta con la sumisión de los silencios -igual que la disposición del que precisa tomar aliento para seguir adelante- por eso se lleva bien con la introspección. Hay una acertada alternancia entre primera persona y distancia narrativa, entre memoria y condena. Los recuerdos perforan los hechos; jamás exime las mezquindades. Inusual, ¿verdad?.
Sin duda, tiene valor literario.




P.D: "Ai du" es el sensual tema del maliense Ali Farka Toure, considerado uno de los mejores guitarristas y uno de los mejores músicos de la Música africana. Una fusión de blues y música tradicional de Malí.





20 comentarios:

  1. Sencillamente genial. Gracias por esta entrega, Marybel!!!

    Abrazo fuerte!

    Fer

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    1. Sencillamente gracias por tu amabilidad.
      Un besote.

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  2. A mí también me encanta el género "memorialístico": autobiografías, diarios, cartas... cuando se refiere a escritores. Duras fue una personalidad compleja, y por eso me atrae acercarme a ella a través de este Cuaderno de la guerra...

    Un abrazo

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    1. Gracias Ana. Espero te agrade tanto como a mí.
      Un fuerte abrazo.

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  3. Me enamoré literalmente de ella en El amante, no de él, y de su prosa. Leí también algún ensayo suyo sobre la escritura que me hipnotizó y ahora anoto este. Este género no me gusta siempre. Depende, y mucho, de quién es el/la protagonista de las memorias...
    Besines, Marybel!

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    1. A pesar del título -capricho de la autora- los relatos van más allá del contexto de la situación político beligerante del momento. Incluyen esbozos de novelas como "Un dique contra el Pacífico" y "El dolor". Gracias por tu visita.
      Un abrazo!!

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  4. Gracias por estos descubrimientos. Un abrazo :D

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    1. Gracias a ti por tu visita. Un fuerte abrazo

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  5. Yo no sé por qué pero "El amante" me decepcionó, igual lo leí con demasiadas expectativas. Disfruté mucho más este "Cuadernos de guerra" , está muy bien, aunque no le volví a dar oportunidad a Marguerite Duras.

    Por cierto, descubrimiento el enlace musical !! me encantó.

    Saludos!

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    1. Yo soy de las que piensan que cada libro tiene su momento, lo cual no significa que lo hayas leído mal o en un mal momento; me parece estupendo que existan visiones diferentes!!! A mí me encanta su prosa.
      Sospechaba que Ai du te gustaría jejeje. Suena bien!!
      Un besazo Indi.

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  6. No tuve el placer de leer esos cuadernos, pero sí su célebre novela "El amante", que justamente es de mis favoritas. Su estilo es único e inconfundible. Gracias por recordarnos a esta grande de las letras, querida Marybel, comparto gustosa, mi niña. Besos :-))

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    1. Pues ya sabes Mayte, de vez en cuando, es bueno refugiarse en un clásico. Nunca te fallan.
      Un fuerte abrazo.

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  7. Hola Marybel, no recuerdo si ya nos habías traído a Marguerite Duras con la película o con su novela pero celebro este descubrimiento que nos reseñas con esa forma que tienes de seducir a los lectores invitando a explorar tus recomendaciones.
    Se antoja mucho.
    El comentario musical es de diez.

    Un abrazo.

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    1. Hola Gonza!! buena memoria, efectivamente, tengo otra reseña de Duras sobre su famosa novela "El amante". Y si, ahí sigo con esa visión tan apasionada y particular de las cosas jejeje. Como siempre, gracias por tu amabilidad.
      Un abrazo.

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  8. Hola Mary, me gustaría leer alguna de sus obras, tu reseña es sencillamente genial.
    Abrazos.

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  9. Hola Marybel,que delicia de escritora o mas bien que deliciosamente la describes,nunca he leído sus cuadernillos pero los busco pues es una autora que da escuela en el arte de escribir ¡Estupendo...!! te dejo mis besitos mucho más que infinitos y un inmenso abrazo...!!! :)

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    1. A mí es que esta mujer me fascina!! Gracias por tus siempre generosas participaciones y amables opiniones.
      Un fuerte abrazo.

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  10. Me encanta cuando los escritores se cuentan en sus libros. Aún mo he leído nada de Marguerite Duras, así que tomo nota.
    Besos

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    1. Duras es atrapante como persona y escritora. Desde luego para mí, es fascinante. Te la recomiendo sin lugar a dudas.
      Muchas gracias Lorena.
      Un abrazo

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