27 de junio de 2015

ANTES QUE ANOCHEZCA, de Reinaldo Arenas

"La muerte ha sido siempre para mi una compañera tan fiel, que a veces lamento morirme solamente porque entonces tal vez la muerte me abandone" Reinaldo Arenas. 


Los libros no están destinados a ser considerados por lo que valen sino por lo que suscitan. Sea pues. Lo que valen no será otra cosa que aquello que desencadene su lectura; un maravilloso torrente de emociones. Autor no ignorado pero sí desmerecido en esta parte del mundo, Reinaldo Arenas es un escritor al que la escritura se le presenta como un acto ineludible. Un acto de resistencia. Escribir para recordar. Escribir para denunciar. 
El escritor cubano escribió sus memorias, "Antes que anochezca", cuando el SIDA se había cebado con su cuerpo. Con las últimas fuerzas escribió una carta de despedida para sus amigos y este prólogo que incluyó en el libro. Un texto donde la enfermedad, la memoria, los recuerdos, la soledad, van conformando a un hombre que evalúa su vida, sabiendo que ya nada puede hacer para cambiar el curso de los hechos. También refleja el habla, el sentir y las esperanzas del pueblo cubano; un país aferrado a una especie de ultraconservadurismo que se obstina en aceptar el más insignificante cambio social por el pavor cerval -de los castristas- a una nueva sublevación que los condene al ostracismo de la historia. La caza de brujas sigue vigente. 
Pero no es sólo eso. Arenas se pasea por la narración con su personal visión de ver y entender el mundo; con la idea de que todo puede ser –y es- literatura. 
Cuatro meses después, se suicidó en Nueva York el 7 de diciembre de 1990.
Yo pensaba morirme en el invierno de 1987. Desde hace meses tenía unas fiebres terribles. Consulté a un médico y el diagnóstico fue SIDA. Como cada día me sentía peor, compré un pasaje para Miami y decidí morir cerca del mar. No en Miami específicamente, sino en la playa. Pero todo lo que uno desea, parece que por un burocratismo diabólico se demora, aun la muerte.
En realidad no voy a decir que quisiera morirme, pero considero que, cuando no hay otra opción que el sufrimiento y el dolor sin esperanzas, la muerte es mil veces mejor. Por otra parte, hacía unos meses había entrado en un urinario público, y no se había producido esa sensación de expectación y complicidad que siempre se había producido. Nadie me había hecho caso, y los que allí estaban habían seguido con sus juegos eróticos. Yo ya no existía. No era joven. Allí mismo pensé que lo mejor era la muerte. Siempre he considerado un acto miserable mendigar la vida como un favor. O se vive como uno desea, o es mejor no seguir viviendo. En Cuba había soportado miles de calamidades porque siempre me alentó la esperanza de la fuga y la posibilidad de salvar mis manuscritos. Ahora la única fuga que me quedaba era la muerte. Casi todos los manuscritos sacados de Cuba habían sido corregidos por mí, y estaba en manos de mis amigos o se habían publicado. Durante cinco años de exilio también había escrito un libro de ensayos sobre la realidad cubana, Necesidad de libertad, seis piezas de teatro publicadas bajo el título de Persecución y le había puesto punto final a la novela El portero y a Viaje a La Habana, aunque cuando escribí esta novela ya me sentía enfermo. Lamentaba sin embargo tener que morirme sin haber podido terminar la Pentagonía, un ciclo de cinco novelas de las cuales había publicado ya Celestino antes del alba, El palacio de las blanquísimas mofetas y Otra vez el mar. Lamentaba también dejar a algunos amigos como Lázaro, Jorge y Margarita. Lamentaba el dolor que a ellos y a mi madre les iba a causar mi muerte. Pero ahí estaba la muerte y no había otra actitud que asumirla.
Lázaro, sabiendo que yo me sentía muy mal, voló a Miami y me trajo inconsciente al New York Hospital. Fue un gran problema, según él mismo me contó, ingresarme, pues yo no tenía seguro médico. Lo único que tenía en el bolsillo era la copia del testamento que le había enviado a Jorge y Margarita. Mientras yo casi agonizaba, los médicos me negaban la admisión puesto que no tenía con qué pagar. Afortunadamente había allí un médico francés, a quien Jorge y Margarita conocían, que me ayudó a ingresar en el hospital. De todos modos, según me dijo otro médico, el doctor Gilman, tenía sólo un diez por ciento de sobrevida.
Fui ingresado en la sala de emergencias donde todos estábamos en estado de agonía. De todas partes me salían tubos: de la nariz, de la boca, de los brazos; en realidad parecía más un ser de otro mundo que un enfermo. No voy a contar todas las pericias que padecí en el hospital. El caso es que no me morí en esos instantes como todos esperábamos. El mismo médico francés, el doctor Olivier Ameisen (un excelente compositor de música por lo demás), me propuso que yo le escribiese letras de algunas canciones para que él les pusiera música. Yo, con todos aquellos tubos y con un aparato de respiración artificial, garrapateé como pude el texto de dos canciones. Olivier iba a cada rato a la sala del hospital, donde todos nos estábamos muriendo, a cantar las canciones que yo había escrito y a las que él había puesto música. Iba acompañado de un sintetizador electrónico, un instrumento musical que producía todo tipo de notas e imitaba cualquier otro instrumento. La sala de emergencias se pobló de las notas del sintetizador y de la voz de Olivier. Considero que sus dotes como músico eran muy superiores a las de médico. Yo, desde luego, no podía hablar; tenía además en la boca un tubo conectado a los pulmones. En realidad estaba vivo porque aquella máquina respiraba por mí, pero pude, con un poco de esfuerzo, escribir mi opinión en una libreta acerca de las composiciones de Olivier. Me gustaban en verdad aquellas canciones. Una se titulaba “Una flor en la memoria” y la otra, “Himno”.
Lázaro me visitaba a cada rato. Iba con una antología de poesía, abría el libro al azar y me leía algún poema. Si el poema no me gustaba, yo movía los tubos instalados en mi cuerpo y el me leía otro. Jorge Camacho me llamaba desde París todas las semanas. Se estaba traduciendo El portero al francés y Jorge me pedía consejo sobre algunas palabras difíciles. Al principio yo sólo podía responder con balbuceos. Después mejoré un poco y me trasladaron a una habitación privada; por lo menos tenía un poco de paz. Además, ahora ya me habían quitado el tubo de la boca y podía hablar. Así se terminó la traducción de El portero.
Al cabo de tres meses y medio me dieron de alta. Casi no podía caminar, y Lázaro me ayudó a subir a mi apartamento, que por desgracia está en un sexto piso sin ascensor. Llegué con trabajo hasta allá arriba. Lázaro se marchó con una inmensa tristeza. Ya en la casa, comencé como pude a sacudir el polvo. De pronto, sobre la mesa de noche me tropecé con un sobre que contenía un veneno para ratas llamado Troquemichel. Aquello me llenó de coraje, pues obviamente alguien había puesto aquel veneno para que yo me lo tomara. Allí mismo decidí que el suicidio que yo en silencio había planificado tenía que ser aplazado por el momento. No podía darle ese gusto al que me había dejado en el cuarto aquel sobre.
Los dolores eran terribles y el cansancio inmenso. A los pocos minutos, llegó René Cifuentes y me ayudó a limpiar la casa y a comprar algo de comer. Después me quedé solo. Como no tenía fuerzas para sentarme a la máquina, comencé a dictar en una grabadora la historia de mi propia vida. Hablaba un rato, descansaba y seguía. Había empezado ya, como se verá más adelante, mi autobiografía en Cuba. La había titulado Antes que anochezca, pues la tenía que escribir antes de que llegara la noche ya que vivía prófugo en un bosque. Ahora la noche avanzaba de nuevo en forma más inminente. Era la noche de la muerte. Ahora sí que tenía que terminar mi autobiografía antes de que anocheciera. Lo tomé como un reto. Y seguí así trabajando en mis memorias. Yo grababa un casete y se lo daba a un amigo, Antonio Valle, para que lo mecanografiara.
Había grabado ya más de veinte casetes y aún no anochecía.
En la primavera de 1988 salió El portero en Francia. Fue un éxito de crítica y de publicidad. La novela había quedado finalista, junto con otras dos, en el premio Médicis a la mejor novela extranjera. La editorial me mandó un pasaje de avión, pues yo había sido invitado a participar en el programa Apostrophes en la televisión francesa. Era el programa cultural de más audiencia en Francia y se transmitía en vivo por toda Europa. Acepté la invitación sin siquiera saber si podría o no bajar las escaleras de mi casa y llegar al avión. Pero el estímulo de mis amigos Jorge y Margarita creo que me ayudó. Llegué a París y me presenté en el programa. Casi nadie sabía que mientras yo hablaba en aquel programa que duraba una hora o más, en realidad yo estaba al borde de la muerte. Me pasé unos días en París y regresé a mi autobiografía. Mientras trabajaba en ella, revisaba la excelente traducción que Liliane Hasson me hacía de La loma del Ángel, una parodia sarcástica y amorosa de la Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde.
Pero las calamidades físicas no se detenían; por el contrario, avanzaban rápidamente. Volví a contraer una clase de neumonía denominada PCP, que era la misma que había contraído antes. Ahora las posibilidades de escapar con vida eran menores, pues el cuerpo estaba más debilitado. Sobreviví a la pulmonía, pero allí mismo, en el hospital, contraje otras enfermedades terribles, como cáncer, sarcoma de Kaposi, flebitis y algo horrible llamado toxoplasmosis, que consiste en un envenenamiento de la sangre en el cerebro. El mismo médico que me atendía, el doctor Harman, creo que me miraba con tanta pena que yo a veces trataba de consolarlo. De todos modos sobreviví entonces a aquellas enfermedades o por lo menos al estado de mayor gravedad. Tenía que terminar la Pentagonía. En el hospital comencé a escribir la novela El color del verano. Tenía en las manos distintas agujas con sueros, por lo que me era un poco difícil escribir, pero me prometí llegar hasta donde pudiera. No comencé esta novela (para mí fundamental del ciclo) por el principio, sino por un capítulo titulado “Las tortiguaguas”. Cuando salí del hospital terminé mi autobiografía (con excepción, desde luego, de esta introducción) y continué trabajando en El color del verano. También trabajaba conjuntamente con Roberto Valero y María Badías en la revisión de la quinta novela de la Pentagonía, El asalto. En realidad se trataba de un manuscrito escrito en Cuba atropelladamente para poder sacarlo del país. Lo que Roberto y María hicieron fue una labor de traducción de un idioma casi ininteligible al español. El caso es que la novela se terminó de pasar en limpio y engrosó mis originales en la biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, donde pueden ser consultados.
En esos días llegó mi madre de Cuba, con esos permisos taimados que da Castro a las personas mayores para recaudar dólares. No me quedó más remedio que viajar a Miami. Mi madre no notó que me estaba en verdad muriendo y yo la acompañé a que hiciera todas sus compras. No le dije nada de mi enfermedad, y ni siquiera a estas alturas (mediados de 1990), le he dicho nada. Contraje de nuevo en Miami otra pulmonía. Llegué a Nueva York directo para el hospital. Salí y me fui a España, a la casa de campo de Jorge y Margarita. Allí podía respirar aire puro.
Recuerdo que, estando en casa de Jorge en la finca Los Pajares (era entonces el otoño de 1988), se nos ocurrió la idea de hacer una carta abierta a Fidel Castro solicitándole un plebiscito, más o menos como el que se le había hecho a Pinochet. Jorge me dijo que redactara la carta y los dos nos dimos a la tarea. Luego la firmamos él y yo: aunque no consiguiéramos más firmas, se la enviaríamos con nuestras dos modestas firmas. No fue así; conseguimos miles de firmas, incluyendo las de ocho personas que habían recibido el Premio Nobel. Desatamos una labor tremenda en aquella finca donde no había ni agua corriente ni luz eléctrica. La carta se publicó en los periódicos y fue un golpe terrible para Castro, pues puso en evidencia que su dictadura era aún peor que la de Pinochet, pues él jamás iba a hacer elecciones libres. Los que todavía ingenuamente pretenden sostener un diálogo con Castro deberían recordar su reacción a esta carta, pues llamó a sus firmantes “agentes de la CIA” primero, y luego “hijos de puta”. Obviamente Castro sólo tiene ahora una salida, el diálogo con el exilio para seguir en el poder. Lo increíble es que muchas personas del exilio, consideradas intelectuales, están a favor del diálogo. Eso es desconocer completamente la personalidad de Castro y sus ambiciones. Claro está que Castro desde Cuba ha creado comités pro-diálogo, y esas personas se hacen pasar hasta por presidentes de comités de derechos humanos. De una parte están los agentes de Castro, fuera y dentro de Cuba, trabajando a su favor; de otra, los ambiciosos con ansias de figurar; y de otra aún, los canallas que piensan “sacarle alguna lasca” al negocio del diálogo.
Algún día, desde luego, el pueblo derrocará a Castro y lo menos que hará será ajusticiar a los que impunemente colaboraron con el tirano. Las personas que promueven un diálogo con Castro, a sabiendas (como lo saben todos) de que Castro no abandonará el poder por las buenas y lo que necesita es una tregua y una ayuda económica para fortalecerse, son tan culpables como los esbirros que torturan y asesinan al pueblo, o tal vez más, pues en Cuba se vive bajo el terror absoluto. Fuera, por lo menos se puede optar por cierta dignidad política. Todos estos figurones que sueñan con aparecer en las pantallas de televisión dándole la mano a Fidel Castro y en convertirse en figuras políticas relevantes, deben tener sueños más objetivos: deben soñar con una cuerda de la cual se balancearán en el Parque Central de La Habana, pues el pueblo de Cuba, en su generosidad, cuando llegue el momento de la verdad, los ahorcará. Así morirán a gusto, pues no habrá habido al menos con ellos ningún derramamiento de sangre. Tal vez ese acto de justicia sirva de ejemplo para el futuro, pues Cuba es un país que produce canallas, delincuentes, demagogos y cobardes en relación desproporcionada a su población.
Volviendo al plebiscito: lo firmaron varios presidentes constitucionales y numerosos intelectuales de todas las tendencias políticas. Eso físicamente me trajo más problemas, pues mi apartamento se llenó de fotógrafos y periodistas. Casi no podía hablar, pues el cáncer ya se había posesionado de mi garganta, aunque tuve que aparecer hasta en la televisión. Por otra parte, aún no había terminado El color del verano, novela que resume gran parte de mi vida, especialmente mi juventud, todo desde luego en forma imaginativa y desenfadada. También es una obra que cuenta la historia de un dictador envejecido y enloquecido, y que toca descarnadamente el tema homosexual, tema tabú para casi todos los cubanos y para casi todo el género humano. La obra se desarrolla en un gran carnaval en el que el pueblo logra desprender la Isla de su plataforma insular y marcharse con ella como si fuera un bote. Ya en alta mar, nadie se pone de acuerdo sobre el paradero y el tipo de gobierno a elegir. Se desata un enorme guirigay al estilo cubano y la Isla, en medio de aquel pataleo, como no tiene plataforma, se hunde en el mar.
En medio todavía de esta novela de más de seiscientas páginas, también revisé la trilogía poética Leprosorio, que ya está en impresión y la excelente traducción al inglés que hizo Dolores M. Koch de El portero, que saldrá próximamente.
Veo que llego casi al fin de esta presentación, que es en realidad mi fin, y no he hablado mucho del SIDA. No puedo hacerlo, no sé qué es. Nadie lo sabe realmente. He visitado decenas de médicos y para todos es un enigma. Se atienden las enfermedades relativas al SIDA, pero el SIDA parece más bien un secreto de Estado. Sí puedo asegurar que, de ser una enfermedad, no es una enfermedad al estilo de todas las conocidas. Las enfermedades son producto de la naturaleza y, por lo tanto, como todo lo natural no es perfecto, se pueden combatir y hasta eliminar. El SIDA es un mal perfecto porque está fuera de la naturaleza humana y su función es acabar con el ser humano de la manera más cruel y sistemática posible. Realmente jamás se ha conocido una calamidad tan invulnerable. Esta perfección diabólica es la que hace pensar a veces en la posibilidad de la mano del hombre. Los gobernantes del mundo entero, la clase reaccionaria siempre en el poder y los poderosos bajo cualquier sistema, tienen que sentirse muy contentos con el SIDA, pues gran parte de la población marginal que no aspira más que a vivir y, por lo tanto, es enemiga de todo dogma e hipocresía política, desaparecerá con esta calamidad.
Pero la humanidad, la pobre humanidad, no parece que pueda ser destruida fácilmente. Ha valido la pena haber padecido todo esto, pues por lo menos he podido asistir a la caída de uno de los imperios más siniestros de la historia, el imperio estalinista.
Además, me voy sin tener que pasar primero por el insulto de la vejez.
Cuando yo llegué del hospital a mi apartamento, me arrastré hasta una foto que tengo en la pared de Virgilio Piñera, muerto en 1979, y le hablé de este modo: “Óyeme lo que te voy a decir, necesito tres años más de vida para terminar mi obra, que es mi venganza contra casi todo el género humano”. Creo que el rostro de Virgilio se ensombreció como si lo que le pedí hubiera sido algo desmesurado. Han pasado casi tres años de aquella petición desesperada. Mi fin es inminente. Espero mantener la ecuanimidad hasta el último instante.
Gracias, Virgilio.
Nueva York, agosto de 1990


El prólogo fue tomado de "Antes que anochezca", de Reinaldo Arenas. Editorial Tusquets.




PD: "Ojalá" es una de las canciones más populares y polémicas de Silvio Rodriguez. Un tema de corte social rodeado de muchos rumores e interpretaciones. "Ojalá que el deseo se vaya tras de ti"...







30 comentarios:

  1. Recuerdo esta lectura, hace muchos años, y la recuerdo precisamente por las sensaciones provocadas. Con eso te lo digo todo. Y muy bien traído a Silvio :)

    Un abrazo

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    1. Es el retrato de un hombre cuyo afán de libertad, en todos los sentidos, se atrevió a desafiar al régimen castrista, el exilio y la muerte. Me encanta Silvio.
      Besos y gracias:)

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  2. Encuentro siempre inusitada lucidez y hondura en las letras de aquellos que miran la vida con el conocimiento consciente y manifiesto de su temible finitud e imperfección: el dolor de la enfermedad y la inminencia de la muerte. Gracias por compartir esta joya literaria, Marybel.

    Un fuerte abrazo.

    Fer

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    1. Su nombre invita a la lectura, y su vivencia personal a reflexionar sobre el sentido de la vida. Imagino que escribir en las condiciones que lo hizo, le ayudó a sobrellevar la enfermedad y su muerte. Y sí, has acertado al clasificarlo de clásico.
      Un abrazo.

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  3. La carta como preámbulo de su libro, suscita emociones. Sus metas literarias, sus amigos, sin duda le añadieron un tiempo extra a su vida. Cuanto dolor se percibe en su carta. No conocía nada de este escritor, gracias por ubicármelo Mary.
    Abrazos!

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    1. Es verdad que la época y la historia, actúan muchas veces como insobornable compromisario pero es difícil que esta lectura no conmocione, no provoque algo en el lector.
      Un fuerte abrazo Ale, y gracias eternas por estar ahí.

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  4. Me atrapó su lectura y parte de historia. Cuba en general me atrapa. Un besote

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    1. Me alegra Silvana. Homosexual, subversivo, exiliado, Arenas fue acusado de malditismo forzado.
      Besotes :)

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  5. Tremendo texto, me encantó haberlo leído porque no puedo estar más de acuerdo con Arenas.
    Veré si puedo conseguir el libro.
    Gracias, Marybel.
    Un abrazo.

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    1. Si. E prólogo es poderoso. Reinaldo logra desperezar las sensaciones más íntimas del ser humano con apenas un par de párrafos; eso ya dice mucho de su autor.
      Un fuerte abrazo y gracias por tu visita.

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  6. Wuauuu....Que letras,que forma de enfrentar la muerte no sin antes gritar al mundo sus verdades,dolorosa historia,pero llena de valentía hasta su ultimo respiro,no sabía de este autor mi querida Marybel,gracias por compartirnos sus letras,su tierra y infierno y finalmente su cielo,besitos linduraaaaaa...!!!

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    1. Una escritura la de este hombre guiada por la inminencia de su muerte. Razón y libertad quizá sean los dos conceptos que mejor puedan definirle.
      Gracias María y feliz domingo!!

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  7. No he leído casi nada de Reynaldo Arenas, aunque con pocos apuntes te haces una idea de qué vivió, aunque no tanto el "cómo", así que me parece bien traído y acertado el texto que reproduces.
    Sus vivencias pueden impresionar, pero la serenidad para vivir la muerte y el coraje para seguir escribiendo hasta el final, para seguir haciendo lo que puede cuando ya no van quedando tejidos biológicos, de vida... hay que haber tragado mucho, y bien.
    Días duros, durísimos, hombres que demuestran su valía y su determinación por los únicos caminos que te deja la última recta. Una lección vital. Abrazo, Marybel.

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    1. Asegura un antiguo refrán medieval que sólo cuando aprendemos a vivir aprendemos a morir. La muerte es, sin duda, el principal de todos los temores. Asumirla con serenidad significa, como bien dices, haber tragado mucho, de todo y bien. Admirable su estoicismo.
      Un fuerte abrazo Esther.

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  8. Yo tampoco he leído nada de Reinaldo Arenas, solo textos sueltos como ahora. No te dejan indiferente, te hacen reflexionar en muchas cosas. Me ha dejado un poco tocada.
    Vi la película de Julian Schnabel , Antes que anochezca, en la que nos mostraba su vida. Su participación en la revolución, la persecución de la que fue víctima por ser escritor, por ser homosexual. Su salida de Cuba, el exilio. Un hombre cuyo afán de libertad artística, política y sexual desafió la pobreza, la censura, la persecución, el exilio y la muerte.
    Que grande, estas personas no deberían morirse nunca. A mi me ha movido mucho. Como tu dices: Un torrente de emociones.
    Un beso Marybel

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    1. Reinaldo Arenas, como cualquier artista absoluto, es un todo. Es imposible analizar el alcance de su obra sin conocer todos los sufrimientos que padeció. Tuvo mala suerte de nacer en Cuba.
      En cuanto a la película, Bardem lo clava. Lo mismo me equivoco, pero creo que fue una de sus mejores interpretaciones.
      Besos Montse!!!

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  9. Me compré el libro hace muchísimo tiempo después de ver la película, pero lo fui dejando y dejando... Y mira que ha pasado tiempo!! Ahí lo tengo todo abandonado, a ver si me animo que después de leer esto me ha entrado el gusanillo.

    La película me había encantado y como dices por aquí arriba, Bardem lo clava, no sé si es la mejor de sus interpretaciones pero si no lo es... Casi.

    Un beso!

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    1. Gracias Indi, Creo que no me equivoco, si digo que todos/as tenemos libros, en la estantería, haciendo acopio de paciencia. Yo tengo unos cuantos :)). Llegará su momento y seguro que no te decepcionará.
      Un beso.

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  10. Qué texto tan tremendo: ojala por lo menos que me lleve la muerte. No puedo hablar de la obra de Reinaldo Arenas en absoluto, la desconozco. Sí que vi en su día, en el estreno, la película de Schnabel, que provocó un gran revuelo al llamar poderosamente la atención sobre el tratamiento que los enfermos de SIDA recibían en Cuba, poniendo el título del libro de actualidad en todo el mundo. Y también sirvió para que Javier Bardem, una vez más, volviera a demostrar su talento camaleónico para abordar cualquier papel que le pusieran por delante, y hacerlo bien.
    Saludos.

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    1. Totalmente de acuerdo. Bardem no sólo es capaz de darle vida a Reinaldo Arenas (el parecido físico está muy logrado) si no que logra trasmitir toda su humanidad, su dolor y su sensibilidad.En algún sentido toda la fuerza dramática de la película recae en él.
      Un abrazo

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  11. Bueno Maribel, creo que como todo cubano que se precie nos duele este Reinaldo, conozco toda toda su obra y me alegra mucho hayas decidido hacer esta entrada para todo aquel que no le conozca.
    Una buena elección además de bien contada, con todo el honor que este escritor merece.
    Un abra,o.

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    1. Me gustó leer a este autor, aunque no puedo afirmar que conozca toda su obra. Lo mismo que otras figuras relevantes del arte, supongo que es imposible entender la obra de este maldito genio sin tener conocimiento de sus vivencias personales. Ni el mejor de los guiones encierra tanta tragedia y controversia como su biografía. Habrá que seguir escudriñando en su obra.
      Muchas gracias, un placer tu visita.

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  12. Leí el libro después de ver la película. Me atrapó por completo su sentido del humor y el modo desinhibido con el que hablaba de su sexualidad, aunque había pasajes algo fuertes (especialmente si eres heterosexual). Recuerdo que el relato de su infancia y juventud era la parte más luminosa y luego todo se iba agriando, especialmente cuando recala en EEUU y se adueña de él la enfermedad y el desencanto:
    "La diferencia entre el sistema comunista y el capitalista es que, aunque los dos nos den una patada en el culo, en el comunista te la dan y tienes que aplaudir, y en el capitalista te la dan y uno puede gritar.” Recuerdo que ese año mis padres fueron a Cuba de viaje y les pedí que me trajeran algo más de él. Pero no hubo manera. Estaba totalmente prohibido. Espero que las cosas hayan cambiado.
    Por lo demás, me uno a tu recomendación. Un saludo.
    http://varadoenlallanura.blogspot.com.es/

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    1. Arenas encontró en el arte una zona de confort, un modo de vida donde protegerse de las injusticias de la vida. Como he dicho anteriormente, complicado haber nacido en Cuba.
      Gracias por tu participación
      Un saludo

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  13. Aunque el tono parezca trágico, la presentación esta llena de vida, de gracia. Me divertí muchísimo. Creo que hay cierta gracia y algo cómico en la muerte. Poder verse a uno mismo y a nuestro mundo con la lucidez que lo observaba Reinaldo Arenas es algo digno de celebrar. Espero se haya cumplido su último deseo y pudiera mirar a la muerte de frente. Sin duda, esta presentación da cuenta de su interés al enseñarnos que todo es literatura.

    Un fuerte abrazo, querida. Celebro que nos permitas, una vez más, disfrutar de tus dotes literarias.

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    1. No es fácil el reto de narrar tu propia muerte. Hace falta agallas. La entereza de sus palabras, en las que describe con precisión cuáles son sus expectativas en los próximos meses tanto desde el punto de vista físico como psíquico, es admirable. Emociona también su capacidad de homenajear a sus lectores y amigos. Enfín, todo un ejemplo.
      Siempre un placer tus visitas.
      Un fuerte abrazo

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  14. terrible testimonio. yo vi la peli, hace mucho, la d Bardem. debe ser difícil escribir en esa situación. bueno, te agrego, si no te molesta, q yo también escribo. (http://alejandrovargassanchez.blogspot.com) saludos

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    1. Terrible y admirable historia. Bienvenido y gracias por colaborar.
      Nos seguimos.
      Saludos.

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  15. Yo no he leído de este escritor, Marybel, pero si vi la película sobre su vida hace tiempo... es todo un ejemplo de honestidad y de valor y como la literatura, es también una forma de lucha y de agarrarse a la vida. Feliz noche. Un abrazo amiga!!!

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    1. Bardem lo clava. En cuanto a Reinaldo lo más emotivo de su relato es su capacidad para autoevaluarse y mirar al ombligo de la sociedad con una mirada del que puede ver y valorar.
      Gracias Servilio. Un placer tus visitas.
      Un abrazo.

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