14 de junio de 2015

EICHMANN EN JERUSALEN, de Hannah Arendt

«Ahora sabemos que hay un Eichmann en cada uno de nosotros». Hannah Arendt

No es el caso, pero supongamos que me viese obligada a hablar sobre Hannah Arendt. ¿Qué podría decir? De su tesis sobre "la banalidad del mal" se ha escrito ríos de tinta. Sus artículos despertaron tanto la admiración de unos -el poeta Robert Lowell y el filósofo Karl Jaspers se quitaron el sombrero ante lo que tacharon una obra maestra- como la animadversión de otros. No. La pensadora no necesita ser estudiada para ser leída ni tampoco necesita cómplices. En su rigor irreductible -dura como un diamante- Arendt parece inaccesible, pero el vigor de su pensamiento centellea por esa dialéctica impiadosa que la colocó siempre en el pelotón de intelectuales polémicos. Me alegra pues, no hacerlo. Me sentiría derrotada de entrada. Doy por sentado que la mayoría de lo que ya se escribió es necesario, interesante y admisible. Sin más. 
"Eichmann en Jerusalén" (1962) es uno de esos libros difíciles de reseñar. Al menos, para mí. Intimida. Produce una sensación semejante a nadar en un mar embravecido. Dice tanto al lector, que cualquier intento de recensión parece una audacia. Es una obra intensa, redundante, con destellos de clarividencia y magníficas digresiones. ¡Qué enormidad!: "intentar comprender no significa perdonar" o "el mal no puede ser radical, solo el bien". Es lo que se espera, pues, de un ensayo de filosofía. 
En 1961, Hannah Arendt, judía de origen alemán, exiliada en Estados Unidos, fue enviada como corresponsal del The New Yorker para cubrir la información sobre el juicio contra el nazi Otto Adolf Eichmann. El juicio concitó toda la atención mediática internacional no sólo por ser Eichmann uno de los pocos esbirros de Hitler que aún quedaban vivos, sino porque el Gran Tribunal se enfrentaba a un crimen que no había sido legislado en su código penal. Además se encaraba a un tipo de criminal que la sociedad no había visto desde los procesos de Nuremberg. 
Moralista no convencional, Arendt se luce en este ensayo como una entomóloga implacable que nos cautiva con precisas descripciones sobre la personalidad de Eichmann y reflexiona sobre todas las causas de aquella perversión que incendió Europa. Suelta significados que no estaban previstos, que estaban escondidos y que ella misma no conocía. Señala con el dedo. Pone en evidencia el papel desempeñado por los Consejos Judíos -cuestión que suscitó una airada controversia- y que facilitaron el camino para que la maquinaria de exterminio nazi funcionara a pleno rendimiento. Claro que, la lucidez crítica tiene su precio: la condena social.
La filósofa esperaba encontrar en Eichmann a un psicópata asesino pero se encontró con un individuo que distaba mucho de poseer un espíritu homicida. Un pobre diablo, eso si -servicial y amante del orden- que vio la oportunidad de realizarse a si mismo a través de la burocracia del partido. "Me impresionó -dice- la manifiesta superficialidad del acusado, que hacía imposible vincular la incuestionable maldad de sus actos a ningún nivel más profundo de enraizamiento o motivación. Los actos fueron monstruosos, pero el responsable –al menos el responsable efectivo que estaba siendo juzgado– era totalmente corriente, del montón, ni demoníaco ni monstruoso". 
Entonces, ¿Cómo fue posible que tantos alemanes -buenas personas de a pie- llevaran a cabo el exterminio de casi todo un pueblo? ¿Por qué lo hicieron? Tremendas barbaridades se cometieron durante la II Guerra Mundial, es cierto; pero lo más aterrador para Hannah fue descubrir que detrás de la raíz subjetiva de aquellas atrocidades no había nada. Ningún motivo. "Lo más grave en el caso de Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales." Y arriba a una conclusión escandalosa: el mal más grande del mundo puede ser cometido por cualquiera individuo. Entonces, ¿La agresividad forma parte de nuestra propia naturaleza? Si, es nuestro costado oscuro. Todos somos Jano. Acuña un nuevo concepto -la banalidad del mal- y destruye la tesis de que los alemanes, y sólo ellos, fueran fanáticos exterminadores de judíos al servicio de una dirigencia asesina. Cualquiera de nosotros, en determinadas circunstancias (regímenes totalitarios), puede convertirse en un Eichmann. Y para hacerlo no es necesario tener firmes principios o intenciones malévolas, basta simplemente con anular la capacidad de reflexión crítica. Dicho de otro modo. Cuando el mal es cometido por un régimen totalitario, es probable que en la cabina de mando haya auténticos sádicos morales, pero entre los mandos subalternos lo más presumible es que se encuentren hombres comunes y corrientes, amorosos padres de familia, que imbuídos por ese contexto socio-político renuncian a sus principios morales en aras de reconocimiento y aceptación del grupo. Tener un comportamiento obediente, sin reservas, ciega el conocimiento. La pregunta se impone, ¿Qué hubiéramos hecho en su lugar?. 
Es pues, una obra que te obliga a reflexionar y nos ofrece un abanico de propuestas para comprender a las abominables camisas pardas. Siempre es mejor el conocimiento que la ignorancia; la verdad que el convencionalismo. 

Totalmente imprescindible.
"El pueblo alemán se mostró indiferente, sin que, al parecer, le importara que su país estuviera infestado de asesinos de masas, ya que ninguno de ellos cometería nuevos asesinatos por su propia iniciativa: sin embargo, si la opinión mundial -o, mejor dicho, lo que los alemanes llaman das Ausland, con lo que engloban en una sola denominación todas las realidades exteriores a Alemania- se empeñaba en que tales personas fueran castigadas, los alemanes estaban dispuestos a complacerla, por lo menos hasta cierto punto"

"Las leyes de Nuremberg habían privado a los judíos de sus derechos políticos, pero no de sus derechos civiles; habían dejado de ser 'ciudadanos' (Reichsbürger), pero seguían sometidos al Estado alemán, en el sentido de formar parte de su población (Staatsangehörige). Incluso en el caso de emigrar, no por ello perdían su vinculación con el Estado alemán. La relación carnal entre judíos y alemanes, así como los matrimonios mixtos, estaba estrictamente prohibida. Asimismo, también estaba prohibido que las mujeres alemanas menores de cuarenta y cinco años trabajaran en hogares judíos. Entre todas estas disposiciones legales, únicamente la última tuvo importancia práctica; las otras no eran más que formulaciones jurídicas que reflejaban la situación de facto"

"(...) Pero lo que ocurrió en Viena, en marzo de 1938, fue algo totalmente distinto. La tarea que Eichmann debía llevar a cabo había sido definida con las palabras «emigración forzosa», y estas palabras debían interpretarse textualmente: todos los judíos, prescindiendo de los deseos que albergaran y de su ciudadanía, debían ser obligados a emigrar, lo cual, en palabras corrientes, se llama expulsión. Siempre que Eichmann recordaba los doce años de su vida en el partido, no podía dejar de considerar que el mejor de todos ellos fue el que pasó en Viena como director del Centro de Emigración de Judíos Austríacos. Sí, este fue el mejor, el más feliz y el más afortunado. Poco antes, había sido ascendido al rango de oficial, pasando a ser Untersturmführer, o teniente, y fue alabado por su «amplio conocimiento de los métodos de organización e ideología de los enemigos, los judíos». El puesto de Viena representaba su primer trabajo importante; toda su carrera, que había progresado con bastante lentitud, dependía del éxito en su desempeño."

"El más grande idealista que Eichmann tuvo ocasión de tratar entre los judíos fue el doctor Rudolf Kastner, con quien sostuvo negociaciones en el caso de las deportaciones de los judíos de Hungría, y con quien acordó que él -Eichmann- permitiría la 'ilegal' partida de unos cuantos miles de judíos a Palestina (los trenes en que se fueron iban protegidos por policías alemanes) a cambio de que hubiera 'paz y orden' en los campos de concentración desde los cuales cientos de miles de judíos fueron enviados a Auschwitz. Los pocos miles de judíos que salvaron sus vidas gracias a este acuerdo, todos ellos personas destacadas y miembros de las organizaciones sionistas juveniles, eran, según palabras de Eichmann, 'el mejor material biológico'. A juicio de Eichmann, el doctor Kastner había sacrificado a sus hermanos de raza en aras de su 'dea', tal como debía ser".

"En Amsterdam al igual que en Varsovia, en Berlín al igual que en Budapest, los representantes del pueblo judío formaban listas de individuos de su pueblo, con expresión de los bienes que poseían; obtenían dinero de los deportados a fin de pagar los gastos de la deportación y exterminio; llevaban un registro de las viviendas que quedaban libres; proporcionaban fuerzas de policía judía para que colaboraran en la detención de otros judíos y los embarcaran en los trenes que debían conducirles a la muerte; e incluso, como un último gesto de colaboración, entregaban las cuentas del activo de los judíos, en perfecto orden para facilitar a los nazis su confiscación. Distribuían enseñas con la estrella amarilla y, en ocasiones, como ocurrió en Varsovia, 'la venta de brazaletes con la estrella llegó a ser un negocio de seguros beneficios; había brazaletes de tela ordinaria y brazaletes de lujo, de material plástico, lavable"

"La ley común de Hitler exigía que la voz de la conciencia dijera a todos debes matar', pese a que los organizadores de las matanzas sabían muy bien que matar es algo que va contra los normales deseos e inclinaciones de la mayoría de los humanos. El mal, en el Tercer Reich, había perdido aquella característica por la que generalmente se le distingue, es decir, la característica de constituir una tentación. Muchos alemanes y muchos nazis, probablemente la inmensa mayoría, tuvieron la tentación de no matar, de no robar, de no permitir que sus semejantes fueran enviados al exterminio"

"Es curioso observar que Antonescu" (dictador de Rumanía entre 1940 y 1944), "desde el principio hasta el fin, no fuera más 'radical' que los alemanes (como Hitler creía), sino que estuviera siempre un paso más adelantado que estos. Él fue el primero en privar a los judíos de su nacionalidad, y él fue quien comenzó las matanzas a gran escala, sin ocultaciones y con total desvergüenza, en una época en que los alemanes todavía se preocupaban de mantener en secreto sus primeros experimentos. Él fue quien tuvo la idea de vender judíos, más de un año antes que Himmler hiciera la oferta de 'sangre a cambio de camiones', y él fue quien terminó, cual haría después Himmler, por suspender el asunto, como si se hubiera tratado de una broma"

Todos los fragmentos fueron tomadas de "Eichmann en Jerusalén", de Hannah Arendt. Editorial Lumen.




P.D.: Además de compartir una sensibilidad afín, tanto Shakira como Maná son amigos o al menos eso parece. "Mi mentira" es el primer sencillo de la banda de Rock pop mexicana Maná de su noveno álbum, cantado a dúo con la colombiana. Un tema escrito por George Noriega y Fernando Olvera y que estos días no me saco de la cabeza.





20 comentarios:

  1. Ufff...Esta buenísimo este libro .Mucho por reflexionar,parece que Hanna Arendt nos recuerda que no seamos tan duros al juzgar porque cualquiera de nosotros en determinadas circunstancias puede llegar a mostrar su -por decir- alto grado de maldad...Y si,vemos jovencitos con rostros y actitudes angelicales que de pronto cometieron la mas grande barbarie...Los sociólogos le laman,la condición humana. Ay,Marybel ¡Siguiendo tu pluma se va ligera la lectura..!!! ¡Felicidades hermosa,estás mejor que nunca,te dejo mis besitos mucho,mucho más que infinitos..!!!

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    1. Hannah cuando usaba el concepto de " La banalidad del mal" se refería a que los nazis crearon una maquinaria de exterminio manejada por, así decirlo, "Don Nadies". Burócratas sin capacidad de reflexión, que sin frenesí ni sufrimiento ejecutaban órdenes. En ese cumplimiento sin vehemencia está lo aterrador...
      Siempre un placer tu visita María.
      Un fortísmo abrazo.

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  2. Hace poco leí una noticia de la entrevista a la de hija del comandante de Auswchirz, Ingebirgitt Hoess, decía ella de su padre: "Fue el hombre más agradable del mundo. Era muy bueno con nosotros". Lo cual corrobora el análisis de Arendt. Con lo que sucede en palestina, teniendo el poder los sionistas en la zona, va de la mano con la historia develada en este ensayo, lo cual muestra que en cuestión de lealtades, prima siempre dinero y poder. Que fácil se puede caer en una situación como esa, eso es lo que realmente preocupa si va unido a un régimen totalitario, es TNT.
    En cuanto a la manipulacion de las masas, llegando al genocidio, el caso de los alemanes, es la versión terrenal de un hecho que empezó en los albores de la humanidad y que seguimos pagando los platos rotos.
    Aun no empiezo el libro, pero ya estoy terminando una lectura, ansiando empezar con este magnifico ensayo, como nos lo dejas ver.
    Abrazos Mary.

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    1. Sí, claro. En casa supongo que eran lo que la sociedad esperaba de ellos, buenos padre y amantes esposos, y en el trabajo, con mayor o menor convicción, fieles cumplidores al régimen. Me pregunto si iban a misa los domingos? ¿Y esos hijos de nazis y nietos? ¿Cómo vivir con el legado de esos apellidos? para las generaciones posteriores, apellidos como Eimrich, Himmler o Goering, tiene que suponer una enorme carga moral y prejuicio...tiene cola el tema.
      Un abrazo Ale.

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  3. Me quito el sombrero ante tu reseña. Soberbio análisis de un libro imprescindible. Enhorabuena Marybel.

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    1. Muchas gracias Juan, Un placer tu visita. Me alegra que te haya gustado.
      Un abrazo:)

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  4. Será difícil de reseñar, no lo dudo, pero tú lo has hecho de quitarse el sombrero. Señalar con el dedo puede ser una desfachatez o un gesto de valientes, que es el caso de Arendt. Un imprescindible que tengo pendiente, necesita su tiempo para ser leído y digerido...

    Un abrazo

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    1. Pues así es. Mi mente, pobrecita, se ahogaba a veces sin remedio por la contundencia de sus reflexiones. Arendt es una gran glosadora, lo que da a su palabra un valor trascendente. Convence, lo cual no significa que la banalización del mal justifique toda aquella barbarie. El mal no es banal.
      Un fuerte abrazo Ana.

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  5. ¿Que cómo fue posible que tantos buenos ciudadanos de a pie colaborasen activamente con el nazismo? Pues esa pregunta habría que seguir formulándola hoy en día, porque "nazismos" hay de todos los signos, formas y colores todavía, y sin ir más lejos, el pueblo judío que tanto lo sufrió, lleva 40 años ejerciéndolo con sus vecinos palestinos. Los fuertes suelen hacer uso del poder contra los débiles. En aquella época los débiles fueron los judíos, como antes lo habían sido los armenios (otros que sufrieron un atroz genocidio del que casi nadie sabe siquiera), pero ahora son otros pueblos más débiles quienes lo sufren. La prueba de que el ser humano es idéntico pertenezca a la raza o cultura que pertenezca, es que a la hora de hacer el mal todos lo hacemos con la misma efectividad.

    Gran reseña la que haces del libro de la genial Hannah Arendt, lo comparto gustosa, querida Marybel, y espero que no se interpreten mis palabras como que esté en contra de los judíos, para nada, es un pueblo que siempre me pareció admirable, de lo que estoy en contra es de que la política del Estado de Israel ejerza sobre sus vecinos lo mismo que los nazis ejercieron contra ellos en su día. Una cosa es defenderse y otra ocupar territorios y enviar a sus habitantes a campos de refugiados o hacerlos vivir como prisioneros. En gran medida el integrismo islámico surgió como respuesta a la inestabilidad que se generó en la zona, y ahora lo estamos sufriendo todos, y lo que nos quedará. En fin, un tema complejo de tratar y más aún de solucionar.

    Besos y feliz semana, que no vamos a arreglar el mundo por mucho que lo intentemos, jeje.

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    1. Ojalá que Arendt ayudase a reflexionar al Estado de Israel y a todos esos lugares donde reina la ignorancia y el salvajismo...Ruanda, Bosnia, Congo, Tasmania, Kosovo, gente de toda condición. Me niego a darle nacionalidad al genocidio.
      Desde luego, un tema peliagudo.
      Feliz semana para ti también. Un fuerte abrazo.

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  6. Si llega a ser fácil de reseñar... Muy bueno, la verdad es que leyendo sólo esta reseña ya te hace reflexionar, me lo apuntaré como lectura pendiente, muy interesante. Eso sí, hay que buscar el momento adecuado.
    Un saludo!

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    1. Soy de lecturas impredecibles, lo mismo me tiro meses leyendo ensayos como de repento paso a la novela gráfica o a relatos cortos...supongo que todos haremos lo mismo. Arendt no es una pensadora rebuscada, me refiero, a que se lee con fluidez pero dice tanto que es difícil condensar su pensamiento...este libro ha sido muy especial.
      Gracias Indi, espero te aporte tanto como a mí.
      Un fuerte abrazo!!!!

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  7. Pues sí, chica, por desgracia en este mundo el genocidio parece el pan de cada día, y lo peor es que se ejerce con el consentimiento de esos ciudadanos en apariencia respetables, como el tal Eichmann. No son seres con cara de monstruo los que ayudan a perpetrar crímenes contra la humanidad, sino vecinos con cara de buenas personas y que además creen estar obrando bien. Sin ir más lejos, Grecia o Ucrania están siendo ahora invadidas por ideologías neonazis que aprovechan el descontento generado por la crisis para ganarse a las gentes, y serán ciudadanos de apariencia respetable los que les voten y faciliten su ascenso al poder. Estas ideologías totalitaristas aprovechan las democracias para medrar, aunque luego las destruyan. En fin, como te decía ayer, la humanidad da un paso hacia adelante y dos hacia atrás y está difícil arreglar ese asunto. Besos, preciosa, y feliz semana.

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    1. Apasionante y desgarrador el tema. Podríamos proponer una mesa de debate jejeje. Aunque para el caso, es irrelevante, tengo que decir, que la autora, plantea sus teorías siempre desde una perspectiva filosófica. Viste "Hannah Arendt" de Von Trotta? Te la recomiendo, aunque mejor es leerla...
      Un fortísimo abrazo Mayte, a mí también me apasiona este tema.

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  8. Tema difícil, sí, Marybel... la "banalidad del mal", tipos corrientes... causa mucha inquietud. Hay veces que escucho a gente "bienintencionada" decir que el mal es como una sensación :-), dicen: "el mal existe"; pero callan que "el mal" siempre tiene nombres y apellidos, no es una "cosa" que flota, inmaterial, sin voluntad.
    Saludos y fuerte abrazo¡¡

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    1. Así es, Esther. El mal tiene nombres y apellidos...lo mismo que el frío y el calor, o el amor y el odio, no son cosas distintas sino extremos de una misma cosa. La maldad es algo inherente al ser humano.
      Siempre un placer tus visitas.
      Un fortísimo abrazo!!!

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  9. Difícil de reseñar ha de ser, así como es difícil comentar, Marybel. Impecable entrega.

    Fuerte abrazo!

    Fer

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    1. Difícil de condensar todo lo que expone, pero no es difícil de comprender. Este libro me impresionó mucho.
      Un fuerte abrazo.

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  10. Coincido plenamente con ella. Lo más terrible de las atrocidades nazis es que fueron cometidas por hombres y mujeres normales. Y eso asusta porque no podemos alejar el mal de nosotros, no podemos juzgar a personas totalmente ajenas sino muy similares a nosotros. Estoy segura además de que es tremendamente fácil crear el caldo de cultivo para atrocidades como aquellas..
    Besines,

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    1. Ciertamente, Carmen. Lo más aterrador de todo esto, es que no es ajeno a nosotros; no son los otros los malos. La teoría no nos protege y echa por tierra la idea de pertenencia de bandos, me refiero, al bando de buenos o malos. Formamos parte de ambos.
      Un abrazo

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