12 de julio de 2015

DOSSIER DE BRUSELAS, de Arthur Rimbaud /Paul Verlaine

“Vuelve, vuelve, querido amigo, único amigo, vuelve. Te juro que seré bueno. Si me he mostrado desagradable contigo, fue tan sólo una broma; me cegué, y me arrepiento de ello más de lo que puedes imaginar. Vuelve, todo estará totalmente olvidado. ¡Qué desgracia que hayas tomado en serio esta broma! No paro de llorar desde hace dos días. Vuelve. Sé valiente, querido amigo. Nada está perdido todavía. (…) No me olvidarás ¿verdad? No, tú no puedes olvidarme. Yo te tengo aquí siempre. Di, contesta a tu amigo ¿acaso no volveremos a vivir juntos los dos? Sé valiente, contéstame pronto. No puedo quedarme aquí por más tiempo. Oye sólo lo que te dicte tu buen corazón. Dime pronto si tengo que reunirme contigo. 

A ti, para toda la vida." Rimbaud




Geniales, transgresores y libertinos. Tanto juntos como separados, Arthur Rimbaud y Paul Verlaine hicieron del escándalo la esencia de sus vidas, quizá por eso han quedado como paradigma histórico de poetas malditos. A Rimbaud le bastó un libro "Una temporada en el infierno", para convertirse en un referente literario. ¡Qué tipo! Su estilo sedujo a Verlaine. Éste se enamoró; se enamoró del sexo desenfrenado y después descubrió, mientras duró el affaire, que estaba a merced de la adolescencia del otro. Tenía veintisiete años, Rimbaud, diez menos; el primero era ambiguo e irascible, el segundo, totalmente libre y provocador. Alcohol, sexo y peleas. Al final del sendero de las terribles voluptuosidades estaba, ­¡cómo no!, la desgracia.
El "Dossier de Bruselas" recoge las declaraciones de los protagonista tras una fuerte disputa en la que Verlaine le disparó tres veces a Rimbaud. La proeza lo enviaría a prisión. Era el 10 de julio de 1873. 


DECLARACIÓN DE RIMBAUD ANTE EL COMISARIO DE POLICÍA
10 de julio de 1873 (hacia las ocho de la tarde)
Desde hace un año vivo en Londres con el señor Verlaine. Vivíamos de ser corresponsales para los periódicos y dábamos clases de francés. Debido a que su compañía se me volvió imposible, manifesté mi deseo de volver a París. Hace cuatro días me dejó para irse a Bruselas y me envió un telegrama para que me uniera a él. Llegué dos días más tarde y me alojé en la casa de su madre., rue des Brasseurs nº 1. Cada vez que manifestaba mi deseo de volver a París, él me respondía:
Sí, tú vete y verás.
Esta mañana fue a buscar un revólver al pasaje de las Galerías Saint-Hubert que me mostró a su vuelta, a mediodía. Seguidamente fuimos a la Maison des Brasseurs en la Grand Place donde continuamos hablando de mi marcha. Cuando volvimos a nuestro alojamiento hacia las dos, cerró la puerta con llave, se sentó delante y después, tras cargar su revólver, disparó dos veces mientras decía:
¡Toma! ¡ya te enseñaré yo a quererte ir!
Estos disparos se hicieron a tres metros de distancia: el primero me hirió en la muñeca izquierda, el segundo no me alcanzó. Su madre, que estaba presente, me proporcionó los primeros auxilios. Fuimos seguidamente al hospital de Saint-Jean donde me vendaron. Me acompañaban Verlaine y su madre. Cuando terminaron de vendarme, volvimos los tres a la casa. Verlaine me repetía que no lo dejara, que me quedara con él; pero no quise hacerlo y partí a las siete de la tarde, acompañado por Verlaine y su madre. Cuando llegamos a los alrededores de la Place Rouppe, Verlaine se adelantó unos pasos y después se volvió hacia mí: vi cómo metía su mano en el bolsillo y cogía el revólver: di media vuelta y regresé sobre mis pasos. Encontré al agente de policía al que le hice saber lo que me había sucedido y que invitó a Verlaine a seguirlo a la comisaría.
Si éste último me hubiera dejado partir libremente, no lo habría denunciado por la herida que me hizo.

DECLARACIÓN DE MADAME VERLAINE AL COMISARIO DE POLICÍA
Desde hace dos años más o menos, el señor Rimbaud vive con nosotros a expensas de mi hijo, del que se queja por su carácter desabrido y malvado: lo conoció en París y después en Londres. Mi hijo vino a Bruselas hace cuatro días. Nada mas llegar, recibió una carta de Rimbaud en la que le pedía venir y unírsele. Respondió afirmativamente a través del telégrafo, y Rimbaud vino a alojarse con nosotros al cabo de dos días. Esa mañana, mi hijo, con la intención de viajar, se ha ido a comprar un revólver. Después del paseo regresaron a casa hacia las dos. Discutieron. Mi hijo cogió el revólver y disparó dos veces a su amigo Rimbaud: el primero le hirió en el brazo izquierdo, el segundo no le dio. No hemos podido encontrar las balas. Después de ser vendado en el hospital de Saint-Jean, Rimbaud manifestó su deseo de regresar a París y como no tenía dinero, le di veinte francos. Después fuimos a acompañarlo a la estación de Midi, cuando en un momento dado se dirigió a un policía para que detuviera a mi hijo, que no tenía ningún tipo de inquina contra él y que anteriormente sólo había actuado en un momento de extravío.
DECLARACIÓN DE VERLAINE AL COMISARIO DE POLICÍA
10 de julio de 1873 Llegué a Bruselas hace cuatro días, desgraciado y desesperado. Conozco a Rimbaud desde hace más de un año. Viví con él en Londres, ciudad que dejé para venir a vivir a Bruselas hace cuatro días, para poder estar más cerca de mis negocios después de que mi mujer, que se quiere separar, me acusara de tener relaciones inmorales con Rimbaud.Escribí a mi mujer para decirle que si no venía a estar conmigo en los tres próximos días, me iba a pegar un tiro: es por eso que compré el revólver esta mañana en el pasaje de las Galeries Saint-Hubert con su funda y una caja de cartuchos por una suma de 23 francos.Cuando llegué a Bruselas, recibí una carta de Rimbaud en la que me preguntaba si podía venir a unírseme. Le envié un telegrama en el que le decía que lo esperaba: llegó hace dos días.Hoy, debido a mi aspecto triste, decidió abandonarme. Me dio un ataque de locura y le disparé. No me denunció en ese momento. Fui junto a él y mi madre al hospital de Saint-Jean, para que lo vendaran y volvimos juntos. Rimbaud seguía empeñado en quererse ir. Mi madre le dio veinte francos para el viaje: y fue ahí, justo, cuando llegábamos a la estación, cuando se imaginó que yo quería matarlo.

INTERROGATORIO DE VERLAINE POR EL JUEZ INSTRUCTOR
Pregunta: ¿ha sido condenado alguna vez?
Respuesta: No. No sé qué pasó exactamente ayer. Había escrito a mi mujer que vive en París, para que viniera a unírseme. No me respondió. Por otro parte, un amigo, al que aprecio mucho, vino a unírseme a Bruselas, pero dos días más tarde decidió que quería dejarme para volver a Francia. Todo esto me hizo sumirme en la desesperación: compré un revólver con la intención de matarme. Cuando volvía a mi alojamiento, me peleé con este amigo: a pesar de todo lo que le decía, seguía queriendo marcharse. En mi delirio le disparé una bala que le hirió en la mano. Entonces dejé caer el revólver, pero al hacerlo el segundo tiro salió accidentalmente. Me vinieron entonces los mayores remordimientos que existen: mi madre y yo condujimos a Rimbaud al hospital para que lo vendaran: la herida no tenía importancia. A pesar de mi insistencia, persistía en su idea de regresar a Francia. Ayer por la tarde lo condujimos a la estación de Midi. Mientras lo hacía yo le seguía suplicando: llegué a ponerme delante de él para impedirle avanzar y le amenacé con pegarme un tiro. Quizá pensó que lo estaba amenazando a él, pero esa no era mi intención.
Pregunta: ¿cuál es la causa de que se encuentre en Bruselas?
Respuesta: esperaba que mi mujer viniera a unírseme tal y como había hecho precedentemente, antes de nuestra separación.
Pregunta: no entiendo cómo la marcha de un amigo haya podido desesperarle hasta ese punto. ¿Acaso existen entre vosotros otras relaciones que van más allá de la simple amistad?
Respuesta: no. Es una calumnia que mi mujer y su familia han inventado para molestarme. Me acusan de ello en la petición de separación que ha presentado mi mujer y en la que se basa todo el proceso.
Lectura hecha, persiste y firma.
P. Verlaine, Teniente T. Serstevens, C. Ligour


DECLARACIÓN DE RIMBAUD ANTE EL JUEZ INSTRUCTOR
12 de julio de 1873
Conocí hace dos años a Verlaine en París. El año pasado, tras una serie de peleas y desencuentros con su mujer y la familia de ella, me propuso irme con él al extranjero: teníamos que ganarnos la vida de un modo u otro ya que yo no poseo ningún tipo de fortuna personal y Verlaine sólo tiene el producto de su trabajo y el dinero que le da su madre. Vinimos juntos a Bruselas en julio del año pasado, y aquí estuvimos durante más o menos dos meses: pero tras comprobar que no podíamos hacer nada en esta ciudad, nos fuimos a Londers. Allí hemos vivido juntos hasta ahora: ocúpabamos el mismo alojamiento y todo era de los dos.
Debido a una discusión que tuvimos al comienzo de la última semana, discusión que nació de los reproches que le hacía por su indolencia y su manera de actuar delante de personas que los dos conocemos, Verlaine me dejó inopinadamente, sin decirme al lugar al que iba. Imaginé sin embargo que había ido a Bruselas, o que pasaría por allí ya que había cogido el barco hacia Amberes. Recibí de él una carta fechada en el mar, que os entregaré, en la que me anunciaba que iba a llamar a su mujer, y que si ella no respondía en tres días, él se mataría: me pedía que le escribiera a Bruselas. Le escribí en seguida dos cartas en las que le pedía que viniera a unírseme en Londres o que consintiera que yo fuera con él a Bruselas. Deseaba que volviéramos a estar juntos ya que no había ninguna razón de tener que estar separados.
Así que me marché a Londres y llegué a Bruselas el martes por la mañana y me uní a Verlaine. Su madre estaba con él. No tenía ningún proyecto determinado: no quería quedarme en Bruselas ya que temía que no habría ningún trabajo en la ciudad y yo, por mi parte, no quería regresar a Londres, tal y como él me había propuesto ya que nuestra marcha habría tenido que producir un efecto espantoso entre nuestros amigos; así que resolví regresar a París. Tan pronto Verlaine manifestaba el deseo de acompañarme para hacer justicia, como él decía, con su mujer y su familia; tan pronto se negaba a acompañarme ya que París le traía malos recuerdos. Sin embargo me insistía mucho para que me quedara con él: tan pronto se desesperaba, como al minuto siguiente se encolerizaba. Sus ideas iban y venían sin ninguna solución de continuidad. El miércoles por la noche, sin ninguna otra salida, se embriagó. El jueves por la mañana salió hacia las seis y no volvió hasta las doce de la mañana. Estaba de nuevo borracho. Me enseñó una pistola que había comprado y cuando le pregunté qué pretendía hacer con ella respondió riéndose: ¡es para ti, para mí, para todo el mundo! Estaba sobreexcitado.
Cuando estábamos juntos en nuestra habitación descendió todavía algunas veces para ir a beber licor: seguía empeñado en no dejarme ir a París. Mi voluntad era inquebrantable. Así que en un momento dado, cerró con llave la puerta del dormitorio que daba al rellano y se sentó en una silla que apoyó contra la puerta. Al principio yo estaba pegado a la pared de enfrente. Me dijo etonces: “toma esto, ya que te quieres ir” o algo por el estilo. Me apuntó con su pistola y disparó un tiro que me dio en la muñeca izquierda. Este primer tiro fue casi instantáneamente seguido de un segundo, pero esta vez el arma no me apuntaba a mí, sino al suelo. Verlaine sintió en seguida una enorme desesperanza por lo que había hecho. Se precipitó a la habitación contigua ocupada por su madre y se arrojó sobre la cama. Estaba como loco: cogió la pistola entre sus dos manos y apuntándose, me pidió que le disparara. Su actitud era la de aquel que siente un profundo arrepentimiento por lo que acaba de hacer.
Hacia las cinco de la tarde, su madre y él me condujeron aquí para que me vendaran. De vuelta al hotel,Verlaine y su madre me propusieron que me quedara con ellos para que me cuidaran o bien que regresara al hospital para que terminara de curarme. La herida me parecía poco grave y seguía manifestando mi interés de ir esa misma tarde a Francia, a Charleville, con mi madre. Esta noticia volvió a precipitar a Verlaine a la desesperanza. Su madre me dio veinte francos para el viaje y salieron conmigo para acompañarme a la estación de Midi Verlaine estaba como loco. Hizo todo lo posible para retenerme. Por otra parte llevaba todo el rato la mano en el bolsillo donde guadaba la pistola. Cuando llegamos a la plaza Rouppe se adelantó unos pasos y después se volvió sobre mí: su actitud me hizo temer que se prestaba a nuevos excesos, así que me di la vuelta y salí corriendo. Es en ese momento cuando pedí a un policía que lo detuviera.
La bala que me hirió la mano todavía no ha sido extraída, el doctor me ha dicho que no podrán hacerlo hasta dentro de dos o tres días.
Pregunta: ¿de que vivíais en Londres?
Respuesta: principalmente del dinero que Madame Verlaine enviaba a su hijo. Dábamos también lecciones de francés, pero estas lecciones no nos proporcionaban gran cosa, más o menos doce francos por semana.
Pregunta: ¿conocía los problemas y los motivos de peleas entre Verlaine y su mujer?
Respuesta: Verlaine no quería que su mujer continuara viviendo con su padre.
Pregunta: ¿no invoca ella también el daño que le produce su intimidad con Verlaine?
Respuesta: sí, ella ha llegado a acusarnos de relaciones inmorales: pero no me voy a tomar la molestia de desmentir semejantes calumnias.
Lectura hecha, persiste y firma 
A. Rimbaud, Teniente T. Serstevens, C. Ligour.


NUEVO INTERROGATORIO DE VERLAINE

18 de julio de 1873
No puedo decir más sobre el móvil del atentado que cometí sobre Rimbaud de lo que ya dije en la primera ocasión. Me encontraba totalmente borracho, estaba fuera de mí. Es cierto que, siguiendo los consejos de mi amigo Mourot, renuncié por un momento a mi proyecto de suicidio: había decidido enrolarme como voluntario en el ejército español, pero tras un intento que hice en la embajada española que no funcionó, volvió la idea de suicidarme. Fue con esta disposición del alma, que la mañana del jueves compré el revólver. Cargué mi arma en una cafetería de la calle des Chartreux: había ido a esta calle a visitar a un amigo.
No me acuerdo de haber tenido con Rimbaud una pelea irritante que pudiera explicar el acto del que se me acusa. Mi madre, a la que he visto después de mi arresto, me ha dicho que había considerado el volver a París para hacer una última tentativa de reconciliación con mi mujer y que deseaba que Rimbaud no me acompañaba: pero personalmente no tengo ningún recuerdo de esto. Del resto, mientras los días que precedieron al atentado, mis ideas no tienen ni pies ni cabeza y les falta lógica.
Si había llamado a Rimbaud por telegrama no fue para que volviera a vivir de nuevo conmigo; cuando envié el telegrama tenía como propósito entrar en el ejército español. Era más bien para decirle adiós.
Me acuerdo de que la tarde del jueves, me esforcé en retener a Rimbaud en Bruselas. Pero, cuando lo hacía, obedecía a sentimientos de pena y deseo que pretendían atestiguarle que el acto que había cometido no había sido a propósito. Esperaba por otra parte que se hubiera curado completamente de su herida antes de regresar a Francia.
Lectura hecha, persiste y firma
P. Verlaine, Teniente T. Serstevens, C. Ligour 

NUEVO TESTIMONIO DE RIMBAUD
18 de julio de 1873

Persisto en las declaraciones que ya os he hecho anteriormente; es decir, que antes de dispararme con el revolver, Verlaine había intentado retenerme por todos los medios posibles. Es cierto que en un momento dado manifestó su intención d volver a París para hacer otra tentativa de reconciliación con su mujer, y que pretendió impedirme que lo acompañara; pero cambiaba de idea a cada instante, y no se quedaba con ningún proyecto. Tampoco puedo encontrar ningún móvil serio para que cometiera ese atentado contra mí. Por lo demás su razón estaba totalmente atrofiada: se encontraba borracho, había bebido por la mañana, que por otro lado suele hacer cuando no tiene otra cosa entre manos.

Ayer me extrajeron la bala bala de revólver que me hirió: el médico me ha dicho que en tres o cuatro días la herida se me habrá curado.
Cuento con volver a Francia, con mi madre, que vive en Charleville.
Lectura hecha, presiste y firma
Rimbaud, Teniente T. Serstevens, C. Ligour


ACTO DE RENUNCIA DE RIMBAUD
Sábado 19 de julio de 1873
Yo, el abajo firmante, Arthur Rimbaud, 19 años, hombre de letras, que vive normalmente en Charleville (Ardenas, Francia) declara en honor a la verdad, que el jueves 10 del mes en vigor, hacia las dos, en el momento en el que Sr. Paul Verlaine en la habitación de su madre, me disparó con un revólver hiriéndome ligeramente en la muñeca izquierda. Sr. Verlaine se encontraba en un punto tal de ebriedad que no era consciente de su acción.
Estoy totalmente seguro que cuando compró esta arma, Sr. Verlaine no albergaba ninguna intención hostil contra mí y que no había ninguna premeditación criminal en el acto de cerrar la puerta con llave.
Además de que la ebriedad de Sr. Verlaine se debía únicamente a los problemas con Madame de Verlaine, su mujer.
Dejo constancia aquí de mi renuncia voluntaria de toda acción criminal, correccional y civil y desisto a todos los beneficios que la persecución del Ministerio Público contra Paul Verlaine pudieran lograr.
Rimbaud

El dossier fue tomado de "Prometo Ser Bueno: cartas completas" de Arthur Rimbaud, Ed. Barril Barral editores. La traducción es de Paula Cifuentes.


P.D.: Una melódica canción, Ancient Light de Allman Brown.




19 comentarios:

  1. No tenía idea de la relación de Rimbaud y Verlaine y este incidente jurídico.
    Abrazos, que tengas un feliz inicio de semana Mary :)

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    1. Gracias por tu participación Ale. Siempre un placer tus visitas.
      Besos.

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  2. Caray....No puedo decir me sorprenda,nunca se sabe los alcances que pueda tener una pasión,cuantas situaciones así no se viven al día pero al ser figuras notables del arte todo se maximiza,quizás si había una relación entre ellos pero la época aprisionaba sus sentimientos,si aún ahora hay quienes siguen señalando la homosexualidad cuando somos libres de decir a quién amar...Una historia intensa al leerse,mucho más dramática debió ser haberla vivido,excelente Marybel,como siempre nos traes lo mejor,no pierdes tu selectivo toque :) ¡Besitos preciosa,miles,miles,infinitos..!!!

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    1. En todo lo que les concernía, estos dos, eran personas excesivas; ni en esa época ni en la actual hubieran aguantado juntos. De Verlaine he leído de todo. Era tan genio como violento, hasta el punto que en un arrebato de furia arrojó a su hijo bebé contra una pared. Enfin...
      Un abrazote:))

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  3. Yo tampoco tenía idea de este costado de las vidas de Rimbaud y Verlaine, como ya te he dicho en alguna oportunidad, mis conocimientos de la literatura francesa son escasos, así es que agradezco mucho tus aportes, Marybel. De todas formas, luego de haberme desayunado a una edad temprana con la novedad de que Shakespeare le escribía a un muchacho de la corte con igual pasión que a su "Dark Lady", y de haberme tragado los escándalos de la vida del genial Wilde, nada me sorprende. Es más, creo que estas pasiones de los escritores y los artistas en general son fuente de su mayor inspiración.

    Un beso y buena semana!

    Fer

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    1. Delirantes, turbulentas, peligrosas, la alta literatura nace de estas intensas pasiones. Vamos que para hacer una obra maestra has de estar un poco desquiciado jajajaja
      Un abrazo y feliz semana a ti también.

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  4. Siempre me ha fascinado esta relación entre Rimbaud y Verlaine, sus personalidades. No sé si son malditos o no, pero sin duda eran genios y, por tanto, complejos. Buscaré el "Prometo ser bueno", gracias, he disfrutado tela leyendo(te)

    Un abrazo

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    1. Pues me alegra que te haya resultado interesante. Opino que son muchas las formas de aproximarnos a los escritores y sus obras. A mí también me gustó la anécdota.
      Un beso muy grande Ana y...graciasssss.

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  5. Qué interesante! No tenía ni idea de esta relación ... Me ha gustado mucho este post.
    Saludos!

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    1. Sí, la verdad es que la historia tiene morbo jejeje.
      Un abrazo Indi!!

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  6. Conocí la historia, como te escribí en un comentario a la publicación esta tarde, no hace mucho... Sí, los dos eran "excesivos", como tú apuntas... El final de Rimbaud, en Africa, caravanas bloqueadas, tráfico de esclavos, el horror de su pierna... tan joven... su renuncia a la poesía... Impactante, como muchas historias que desconocemos.
    Acertada publicación, una vez más. Abrazo, Marybel.

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    1. Del final de sus vidas se han escritos ríos de tinta. El final también es novelesco. Ambos forman parte de una ilustre antología de decadentes celebridades.
      Gracias Esther y un fuerte abrazo.

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  7. La historia es muy conocida, pero pensaba que el tiro había sido en una pierna y que había estado hospitalizado, aunque nunca de gravedad.
    Lo que sí decir es que Rimbaud y Verlaine no se conocen desde Una temporada en el infierno, de hecho es el libro que relata su experiencia con Verlaine, se conocían casi desde el principio, Verlaine fue el que lo introdujo en su libro Poetas Malditos, junto a otros escritores de la época. El problema era que Verlaine quería nadar y guardar la ropa, anhelaba la libertad y el talento de Rimbaud, pero él quería seguir manteniendo su estatus social en la sociedad moralista y bien pensante de Paris, y la homosexualidad no ayudaba mucho. Ese estatus social era una cosa que a Rimbaud le resultaba indiferente, e incluso renegaba de ello, pues se sabía mejor que todos ellos juntos, así que al final pasó lo que pasó, uno se fue a traficar con armas, marfil, y renegando de su pasado, y el otro se excusó en sociedad para volver a ser aceptado en los parnasos de la capital.
    Hay una peli de Di Caprio que narra esta historieta de pasión y locura, pero es un poco mala y no recuerdo el nombre.

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    1. Imagino que ambos se cansaron de ser quienes eran, y es que no podía ser de otra manera siendo tan emocionalmente alterables.
      Sabía que un día, cayó en las manos de Verlaine unos poemas de un desconocido que le causaron una profunda emoción, y que en cuanto los leyó quiso conocer a su autor. Mi error fue relacionar el único libro de Rimbaud con este acontecimiento. Tiene sentido que fuese anterior. Aonto y corrijo.
      Aquí en España, la película a la que te refieres se titula "Vivir al límite". No la vi pero me ha entrado la curiosidad jeje.
      Gracias por tu amabilidad. Hasta cuando quieras.

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  8. El título de la película en España fue Vidas al límite de Agnieska Holland. Yo conocí esta relación precisamente por la película. Me encantan las pasiones y esta en particular llegó al límite. Pero de nada sirvió la renuncia de Rimbaud porque Verlaine pasó dos años en la cárcel. Me interesa el rumbo que tomó Rimbaud después de todo esto, su vida en Africa da para escribir mucho. Un beso Marybel.

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  9. Puedes ver la película aquí: También se conoce por el título original. Total eclipse.

    http://cinegaygratis.blogspot.com/2015/06/total-eclipse-vidas-al-limite.html

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    1. Muy amable Montse, la veré a pesar de las críticas.Entre las multiples maneras que hay para provocar y escandalizar, éstos dos las aplicaron todas hasta no poder más. Vaya dos!!
      Muchísimas gracias.
      Un fuerte abrazo.

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  10. Hermosa y fascinante historia. Esas experiencias extremas y definitivas le dan un valor adicional a la voz y al carácter de sus poemas. El post me ha recordado que los lectores solemos olvidar que hay una historia detrás de cada palabra, línea o verso.
    Gracias por compartir. Saludos

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    1. Una obra no debería ser jamás juzgada por la ideología o tendencia sexual de su autor, si no por el valor de la misma.
      Y benditas desdichas que de su seno han surgido obras maestras.
      Un besazo y gracias por tu visita.

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