27 de agosto de 2015

INFORME DE UN TARTAMAUDO, de Sérgio Sant’Anna

"O mundo só é verdadeiramente vivido quando pode ser narrado" Sérgio Sant’Anna


Sérgio Sant’Anna (Rio de Janeiro, 1941) es un escritor que ha publicado cuentos, teatro y novelas. Entre sus principales libros están: "Simulacros", "A Senhorita Simpson", "Um crime delicado" u "O vôo da madrugada". Participó en el proyecto multidisciplinario que organiza la productora RT, junto a otros escritores latinoamericanos como Alan Pauls, Joao Gilberto Noll, o Mario Bellatin entre otros, que consiste en escribir un cuento a partir de una canción y luego, adaptarlo a un Telefilm.
Hay que reconocer que el carioca se las apaña para buscar nuevas experiencias de narrar y conectar con toda clase de lectores.
"Informe de un tartamudo" es un cuento extraído del sitio releituras/textos 
Está incluido en el libro “Contos e novelas reunidos” y fue publicado en "Figuras do Brasil -80 autores em 80 anos de folha", Ed. Publifolha- São Paulo, 2001, organizado por Arthur Nestrovski. (N. del T.)

Esmeralda no me miraba de frente, mientras terminaba de hacer la maleta.
– No quiero llevar muchas cosas porque allá hace frío y voy a tener que comprar ropa igual –dijo ella, intentando ser natural.
Cuando pasó una vez más cerca de la cama, la tomé del brazo.
– No hagas las cosas más difíciles. –Esmeralda se soltó.
– Sss…ó…sóó… – intenté sacar las palabras desde el fondo, sintiendo la sangre fluir hacia mi cabeza, como si yo fuese a explotar.
-¿Pero sóó… qué, por el amor de Dios?
– Só…lo…uuna…vez más! – finalmente conseguí decirlo, con mucho sacrificio.
Esmeralda mi miró de arriba a abajo y movió su cabeza, como si no pudiese creer lo que veía. De repente, se sacó del tirón el vestido, se sacó el calzón, las sandalias y saltó a la cama. Me sacó la ropa, clavó sus uñas esmaltadas en mi pecho y se lanzó encima mío, haciendo sonar sus pulseras.
– Ah, mi amorcito, es rico hacerlo contigo. Soy tuya, ¿ves? Toda tuya, para que no te olvides nunca de mí…- me dijo eso y un montón de cosas más, todas muy rápidas, como si no quisiera perder tiempo.
– Listo, ¿estás satisfecho?
Luego de que todo acabara, Esmeralda miró su reloj de mano y se puso de pie. Fue hacia el armario, tiró la percha con la ropa de viaje, abrió y cerró con un fuerte ruido el cajón y entró al baño, golpeando la puerta. Cuando salió, estaba duchada, vestida y maquillada.
– No te vas a quedar ahí desnudo con esa cara de taza, ¿no? –dijo ella, con las manos en la cintura y las piernas alejadas una de otra, quietas sobre la alfombra.
Pese a que me lo había prometido, no conseguí aguantarme por más tiempo:
-¡Qué..da…te..con…migo!
Esmeralda fue hasta donde estaba su bolso y tomó su pasaje de Lufthansa.
– ¿Pero no te vas a convencer nunca? ¿No te das cuenta? Un tipo raquítico, con ese pecho encorvado, al que le dieron licencia en el banco porque tartamudea cada vez que está frente a alguien, pero habla solo y gesticula en el medio de la calle. ¿Te das cuenta por qué yo no quería despedidas? ¿Y mi futuro no tiene ninguna importancia? –Esmeralda agitaba su pasaje, con lágrimas en los ojos.
Pese a todo, cargué la maleta hasta abajo y esperé que Esmeralda entrara en el taxi.
-No me juzgues –dijo ella, antes de cerrar la puerta. –Ni hagas ninguna tontería –agregó, bajando un poco la ventana del auto. Luego, volvió a cerrarla.
El conductor partió e hice el gesto de despedida con la mano, mientras Esmeralda se acomodaba en el asiento trasero. Cuando el auto dobló la esquina, me di cuenta que continuaba con la mano erguida, inmóvil y la guardé rápidamente. Miré para todos lados y comencé a caminar, aparentando normalidad.
– No, yo no voy a juzgarte, Esmeralda, pero hubo un tiempo en que tu futuro éramos tú y yo, y creías que era genial ser amiga de un funcionario del Banco de Brasil, aunque estuviese retirado –dije, esta vez sin fallar, porque hablaba solo y mis palabras se perdían en el viento; eran ondas dispersas que nadie, a no ser yo mismo, sintonizaba. Cuantas palabras, en ese movimiento continuo de gente sufrida, inexpresiva, meros extras, rostros en la multitud.
– Pero tú exageraste, Esmeralda: mis gestos son discretos, apenas un hombre que garabatea el aire, con el puño junto a la escritura, sintiendo que sus palabras y pensamientos se escriben.
Los Tartamudos no son estúpidos como podría parecer. Muy por el contrario, lo que un tartamudo no consigue es acompañar la velocidad vertiginosa de su pensamiento, y las palabras son un estorbo en el que tropieza. Los tartamudos pueden convertirse en óptimos matemáticos, músicos, filósofos, escritores, siempre que no tengan que dar charlas al respecto. Pero pensando, componiendo, efectuando operaciones abstractas o escribiendo, no se tartamudea, porque el tormento del tartamudo son los otros, la vigilancia de ellos, su atención y mirada. Por eso un tartamudo no tiene problemas cuando habla consigo mismo y éste es un hábito que puede adquirir, no sólo para escuchar limpiamente su propia voz, sino también para organizarse, ampararse en una especie de bastón para su soledad lingüística, abrir un paracaídas antes de sumergirse en el abismo del alma. Un tartamudo, entonces, tartamudea porque es muy rápido. Está seguro que todo pensamiento, incluso los más tontos, lo son; por tanto, el de los tartamudos aún más. Y, por la disciplina que impone su modestia, el tartamudo es capaz de una verbalización elegante, cristalina, precisa, no importa si hacia adentro o hacia fuera, siempre para ningún oyente, y también de una observación simultánea de lo que está hablando o pensando, lo que hace del tartamudo un registrador permanente de su flujo vital y verbal.
Yo sólo había ido hasta la esquina y había regresado al departamento desierto. El vestido, aún tirado en el piso, conservaba un poco la forma y volumen del cuerpo, como un balón desinflado, y las ropas del armario constituían un verdadero Museo Esmeralda, con sus evocaciones, su historia. Por ejemplo, el vestido plateado, con escamas brillantes, parecidas a lentejuelas. Tú tenías puesta la música muy alta y ensayabas una coreografía para la prueba del show de mulatas. De repente, me empujaste al centro del salón y me intentaste hacer bailar samba. Después desististe, me empujaste y te dejaste caer en el sofá, descompuesta y sudada.
– ¡Tartamudo idiota!
Avancé, temblando, como si fuera a pegarte. Al llegar cerca de ti, levantaste tu vestido, con una risa de borracha. Me arrodillé a tus pies y sumergí el rostro entre tus piernas.
– No, yo no voy a hacer ninguna tontera, Esmeralda, porque si yo desaparezco, desapareces conmigo. Y, entre tenerte de ésta manera, aunque sufra, y la nada, prefiero tenerte a ti, como un arañazo latiendo en el pecho.
Tomé el vestido tirado en el piso, que todavía conservaba tu olor, casi el calor de Esmeralda, y me tiré con él a la cama, como si fuese la mismísima Esmeralda. Te puse de bruces y ahora mirábamos hacia la misma dirección: el espejo, en la puerta abierta del armario. Y lo que en él se estampaba, más allá del capricho egoísta, la baba lasciva, los ojos desorientados de Esmeralda, era mi gozo angustiado y mi conciencia aguda. La consciencia de que no podía dejar de ser como éramos. Pero todavía más que eso: de que yo quería ser quien era.
Pero tú te engañas, Esmeralda, si crees que podrás librarte de mí. Luego llegará el día en que, al lado de ese alemán, sentirás un frío que nunca sentiste y un vacío por dentro. Tal vez entonces, te des cuenta de que te quedaste todo este tiempo conmigo porque soy tartamudo.
Los tartamudos son grandes amantes, discretos, silenciosos, objetivos, concentrados. Queda descartada desde el principio, por su propia condición, la hipótesis de atribuirse a sí mismos mucha importancia y la pretensión de ocupar el centro del escenario; se dedican, en cuerpo y alma, al placer de la mujer que les tocó, que pasa a ser también el placer y la felicidad del tartamudo. Y, si temen aburrir hablando, los tartamudos son aún más tímidos como para convertirse en repulsivos y pegajosos con caricias en exceso y a cualquier hora. Entonces, el amor canino de un tartamudo por la mujer es camuflado por la prudencia, desconfianza y sensualidad furtiva de los gatos. Como estos, buscan pasar desapercibidos, cuando, en realidad, están muy alertas de esa otra presencia en su espacio y actúan, principalmente, cuando son solicitados. No son, por otra parte, egoístas como los gatos; aprenden luego lo que la mujer desea, sin que sientan ninguna vanidad al satisfacerlas, como los hombres mediocres. Por eso el buen tartamudo es tan astuto y misterioso que termina por mortificar a la mujer que pasó, por destino, a dividir con él la tela –confundiéndose la araña de su presa- viendo ella en el tartamudo un enigma a descifrar. Se siente enaltecida al satisfacer su concupiscencia refinada, edificada lentamente en la contención. Alcanzan, entonces, los amantes, el ápice del conocimiento mutuo; que es cuando la satisfacción de la fantasía de uno corresponde exactamente a la fantasía del otro. Y la mujer que se hace amante de un tartamudo acaba por expresarse, de algún modo, en él, sin esperar otra respuesta que no sea del cuerpo –o del alma que sólo se traduce en el cuerpo: “Ven, haz conmigo lo que tú quieras”: Y el tartamudo lo hace.
Traducción: Roberto Santander. 



P.D.: Hace unos días escuché este tema de Al Green; un famoso cantante y compositor estadounidense de gospel y soul. Se titula, How Can You Mend A Broken HeartEn el año 2004 la revista Rolling Stone lo colocó en el puesto 65 de su lista de los cien artistas inmortales.



16 comentarios:

  1. Desconocía al autor. Sé muy poco de literatura brasileña, no así, de música. Muy intenso el relato y profundo el análisis de la condición del tartamudo. Es muy latinoamericano, sin duda. Coincido plenamente con el autor en que el mundo sólo puede ser vivido cuando es narrado: es la palabra la que nos da el poder sobre nuestras experiencias vitales, digo, el poder de traducirlas en significaciones.

    Un abrazo, Marybel.

    Fer

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    1. Yo tampoco le conocía, pero coincidencias de la vida me encontré con esta narración. No sé en Argentina pero aquí, en España, no hay mucho publicado.
      Gracias por tu apoyo.
      Un fuerte abrazo

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  2. No tenía conocimiento de este autor. Gracias a ti recuerdo a uno o dos autores brasileños, mujeres. El relato es potente, me gustó ese espíritu que transmite el personaje tartamudo.
    Abrazos Mary :))

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    1. Muchas gracias Ale. Intentaré conseguir alguno de sus libros.
      Un fortísimo abrazo.

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  3. Me gustó mucho el relato, tampoco conozco al autor. Es excelente como se mete en la psicología del personaje y el modo como presenta su dificultad de expresión.
    Un abrazo fuerte, Marybel.

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    1. Eso fue lo que pensé cuando leí el cuento. Pequeña joya literarias ocultas jeje.
      Un abrazo y gracias por pasarte.

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  4. Buenísimo relato. Me han gustado mucho las reflexiones en cursiva que hace el propio narrador, además de la historia en si. La pena es que parece que tiene poco editado en castellano. Aún así, va directo a mi lista.
    Un saludo

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    1. Exacto, aquí en España hay muy poco editado; creo un par de novelas. Habrá que estar atentos.
      Un saludo

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  5. Hace poco me topé con una tartamuda en una película: Suzanne Clement como Kyla en "Mommy" de Xavier Dolan. Y creo que el retrato que se hace en este estupendo relato de la condición del tartamudo, sería aplicable a aquella Kyla. Eso sí, cuando se cabreaba no tartamudeaba nada de nada...
    Saludos.

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    1. Tengo pendiente esta película de Dolan. Vi otros trabajos y la verdad es que me gustaron mucho. Y sí, el retrato que hace Sant’Anna es muy bueno.
      Gracias y disculpa la tardanza (he estado de viaje)
      Saludos.

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  6. Siempre me descubres algo nuevo, no me sonaba de nada este autor, me ha gustado.

    Lo que sí me rechifla es Al Green, tiene auténticos temazos. Besos!!

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    1. Gracias Indi. Ambos me rechiflan a mí también jajajaja.
      Besos.

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  7. Hola Marybel, como de costumbre trayendo novedades interesante. El cuento es muy bueno y es excelente el desarrollo del personaje y la historia a partir de su condición de tartamudo.

    Un abrazo y comparto.

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    1. Yo tampoco le conocía, y para mí ha sido un auténtico hallazgo.
      Gracias Gonza, me alegra tener noticias tuyas y saber que sigues por aqui.
      Gracias por compartir.
      Un abrazo.

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  8. Pues no sé qué decirte, Marybel. Me ha dejado desconcertada. Quizá necesite una relectura...
    Un abrazo,

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    1. Gracias Carmen. Para mí también es un desconocido pero me apetece indagar en su obra.
      Un fuerte abrazo

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