7 de noviembre de 2015

EL PRIMER BESO, de Clarice Lispector

“Hay cosas indestructibles que acompañan el cuerpo hasta la muerte como si hubieran nacido con él. Y una de esas es lo que surge entre un hombre y una mujer que viven juntos ciertos momentos.” Clarice Lispector

 

En una entrevista realizada en 1977, en São Paulo, Clarice Lispector confesaba: "Antes de cumplir los siete años ya estaba inventando historias. Por ejemplo, imaginé una historia que no terminaba nunca. (...) Yo no soy una escritora profesional. Yo solo escribo cuando tengo ganas. Soy amateur e insisto en mantenerme así, para seguir teniendo libertad. Tengo periodos en los que produzco intensamente y hay otros en los que no, hiatos en los que la vida se vuelve intolerable". 
"El primer beso" es un cuento que forma parte del libro "Cuentos reunidos" de la Editorial Siruela. Un relato sobre el deseo que busca liberarse y no sabe cómo.
*

Más que conversar, aquellos dos susurraban: hacía poco que el romance había empezado y andaban tontos, era el amor. Amor con lo que trae aparejado: celos.

–Está bien, te creo que soy tu primera novia, me pone contenta. Pero dime la verdad: ¿nunca antes habías besado a una mujer?
–Sí, ya había besado a una mujer.
–¿Quién era? –preguntó ella dolorida.
Toscamente él intentó contárselo, pero no sabía cómo.
El autobús de excursión subía lentamente por la sierra. Él, uno de los muchachos en medio de la muchachada bulliciosa, dejaba que la brisa fresca le diese en la cara y se le hundiera en el pelo con dedos largos, finos y sin peso como los de una madre. Qué bueno era quedarse a veces quieto, sin pensar casi, solo sintiendo. Concentrarse en sentir era difícil en medio de la barahúnda de los compañeros.
Y hasta la sed había empezado: jugar con el grupo, hablar a voz en cuello, más fuerte que el ruido del motor, reír, gritar, pensar, sentir…
¡Caray! Cómo se secaba la garganta.
Y ni sombra del agua. La cuestión era juntar saliva, y eso fue lo que hizo. Después de juntarla en la boca ardiente la tragaba despacio, y luego una vez más, y otra. Era tibia, sin embargo, la saliva, y no quitaba la sed. Una sed enorme, más grande que él mismo, que ahora le invadía todo el cuerpo.
La brisa fina, antes tan buena, al sol del mediodía se había tornado ahora árida y caliente, y al entrarle por la nariz le secaba todavía más la poca saliva que había juntado pacientemente.
¿Y si tapase la nariz y respirase un poco menos de aquel viento del desierto? Probó un momento, pero se ahogaba en seguida. La cuestión era esperar, esperar. Tal vez minutos apenas, tal vez horas, mientras que la sed que tenía era de años.
No sabía cómo ni por qué, pero ahora se sentía más cerca del agua, la presentía más próxima y los ojos se le iban más allá de la ventana recorriendo la carretera, penetrando entre los arbustos, explorando, olfateando.
El instinto animal que lo habitaba no se había equivocado: tras una inesperada curva de la carretera, entre arbustos, estaba… la fuente de donde brotaba un hilillo del agua soñada.
El autobús se detuvo, todos tenían sed, pero él consiguió llegar primero a la fuente de piedra, antes que nadie.
Cerrando los ojos entreabrió los labios y ferozmente los acercó al orificio de donde chorreaba el agua. El primer sorbo fresco bajó, deslizándose por el pecho hasta el estómago.
Era la vida que volvía, y con ella se encharcó todo el interior arenoso hasta saciarse. Ahora podía abrir los ojos.
Los abrió, y muy cerca de su cara vio dos ojos de estatua que lo miraban fijamente, y vio que era la estatua de una mujer, y que era de la boca de la mujer de donde salía el agua.
Se acordó de que al primer sorbo había sentido realmente un contacto gélido en los labios, más frío que el agua.
Y entonces supo que había acercado la boca a la boca de la mujer de la estatua de piedra. La vida había chorreado de aquella boca, de una boca hacia otra.
Intuitivamente, confuso en su inocencia, se sintió intrigado: pero si no es de la mujer de quien sale el líquido vivificante, el líquido germinador de la vida… Miró la estatua desnuda.
La había besado.
Lo invadió un temblor que desde fuera no se veía y que, empezando muy adentro, se apoderó de todo el cuerpo y convirtió el rostro en brasa viva.
Dio un paso hacia atrás o hacia delante, ya no sabía qué estaba haciendo. Perturbado, atónito, se dio cuenta de que una parte de su cuerpo, antes siempre serena, estaba ahora en una tensión agresiva, y eso no le había ocurrido nunca.
Dulcemente agresivo, se hallaba de pie, solo en medio de los demás con el corazón latiendo pausada, profundamente, sintiendo cómo se transformaba el mundo. La vida era totalmente nueva, era otra, descubierta en un sobresalto. Estaba perplejo, en un equilibrio frágil.
Hasta que, surgiendo de lo más hondo del ser, de una fuente oculta en él chorreó la verdad. Que en seguida lo llenó de miedo y también de un orgullo que no había sentido nunca.
Se había…
Se había hecho hombre.




PD I: Hay en este blog una entrada sobre otro cuento de Clarice Lispector. Ambos excelentes. 

P.D II.: "Do you remember" del cantautor austrialiano Jarryd James. Suena bien.


15 comentarios:

  1. No dejaré que pase este año sin leer alguna buena antología de esta mujer. Si me puedes recomendar una, te lo agradeceré mucho, Marybel. Impecable. Así me gustaría escribir ;)!!!

    Besos y gracias por esta reseña!

    Fer

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y a mí!!! De Lispector sólo leí sus cuentos, en concreto este compilatorio que cito"Cuentos reunidos". Esta mujer tenía algo especial para profundizar en temas sin que lo pareciese, con un toque de aparente ingenuidad...te encantará.
      Gracias a ti, por tu presencia.
      Un abrazote.

      Eliminar
  2. No la conocía pero creo que haré por leerla.
    Gracias por tu recomendación.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vale la pena asomarse a su mundo literario.
      Un beso

      Eliminar
  3. ¡Qué sed me ha entrado leyendo este relato! Y luego me he dado cuenta de que eso no era sed.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajaja muy bueno Licantropunk jajaja
      Un abrazo y gracias por tu visita.

      Eliminar
  4. Me parece un relato de una increíble sensibilidad y erotismo. Compara con lo que hoy se llama "novela erótica" y échate a llorar. Gracias por descubrirme otra autora interesante a la que seguir.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esta mujer era muy suya, tenía arte para abordar cualquier tema. Me alegra que te haya gustado. Lispector no deja indiferente.
      Un abrazo

      Eliminar
  5. Un cuento pleno de la maestría que exiiben los buenos novelistas cuando hablan del sexo y la sensualidad, elegante y tremendamente sensual.
    No conocía a esta escritora. A mí me ha encantado. Como siempre acersaísi.a en tus reseñas.
    Un placer.pasar por esta casa.
    Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te haya gustado. Su lectura es interesante en todos los sentidos.
      Un abrazo y gracias por tu presencia.

      Eliminar
  6. Pues otra autora que conozco y que me tiene buena pinta. Se tendrá en cuenta!
    Bicos!

    ResponderEliminar
  7. Un buen cuento con esa carga de sorpresa dotada con un toque de cándida ternura al final. Me gustó mucho Marybel.

    Gracias por traerlo a tu espacio.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, escrito con elegancia y estilo.
      Un fuerte abrazo Gonza!!!

      Eliminar