13 de diciembre de 2015

14, de Jean Echenoz

“Según escribo estas líneas, seres humanos sumamente civilizados me sobrevuelan intentando matarme. No sienten ninguna enemistad personal hacia mí, ni yo hacia ellos”. George Orwell

Los europeos somos -para bien y para mal- un pueblo reñido con lo épico. Heredamos la idea de guerra de los antiguos griegos. "Los occidentales consideran la guerra como un método para llevar a cabo lo que a la política le resulta imposible y, por lo tanto, cuando recurren a ella se decantan por aniquilar mas que por frenar o humillar a cualquiera que se interponga en su camino'', escribió Hanson en su ensayo Matanza y cultura (Turner, 2001). El planteamiento es perverso. Establece que el enemigo puede ser vencido haciendo sufrir a su pueblo en cuerpo y alma.
La Gran Guerra pues, se libró según los cánones absurdos de la cultura bélica occidental. Se derramó mucha sangre. De aquella carnicería crecieron maléficas raíces de cuyos brotes siguen emergiendo esquejes. Basta fijarse en Medio Oriente con sus fronteras contra natura de los pueblos o el totalitalismo que no fue otra cosa que la prolongación de la «Grand Guerre» por otras vías.
"Y la mañana siguiente tampoco hubo descanso, todo fue un continuo y polifónico tronar, bajo el intenso frío ya anunciado. Retumbar de los cañones en bajo continuo, lluvia de proyectiles barométricos y de contacto de todos los calibres, balas que silban, restallan, suspiran o gimen según la trayectoria, ametralladoras, granadas y lanzallamas, la amenaza viene de todas partes: de arriba de los aviones y de los disparos de los obuses, de enfrente de la artillería enemiga, y aun de bajo cuando, creyendo disfrutar de un momento de calma en el fondo de la trinchera donde intenta uno dormir, oye el enemigo sordamente debajo de aquella misma trinchera, debajo de uno mismo, abriendo túneles donde colocará minas con el fin de destruirla y a él con ella".
Sorprende que "14", sea un libro tan breve y a la vez tan sólido. Jean Echenoz (Orange, 1947), que ya había dado muestras de su personalísimo estilo, con novelas como "Ravel", "Correr", "Los relámpagos" alcanza aquí una contundencia que lo sitúa como una de las voces más interesantes de la literatura contemporánea francesa. La novela es atractiva de la primera hasta la última página. Las ávaras noventa y ocho páginas del volumen son engañosas, parecen más. La prosa es torrencial y densa, pero tiene ritmo. Contiene un humor muy fino que en su mejor momento se emparenta con Woody Allen. Sin duda, hay un estilo en juego.
El escenario: un arsenal de rencores soterrados y de gente indolente apegada a la tierra por apetitos precisos. Francia acaba de entrar en una de las guerras más cruentas que Europa haya conocido. Una oleada de fervor patriótico recorre el país. El factor nacional, antes un aspecto relativo, pasa a ser una cuestión fundamental. Cuatro jóvenes corren a enrolarse en el ejército. Su sueño: estar a la altura de las circunstancias. Pero el entusiasmo nunca fue tan astuto como el miedo, el horror. Sus existencias van a tomar una nueva impronta; un giro ciego e impetuoso que oculta en sus recovecos el germen de una ruta que será irreversible. La sucesión de pruebas, particularmente, crueles de los primeros meses les desvela el verdadero rumbo de los acontecimientos: la guerra iba a ser el árbitro de sus destinos. Anthime y sus amigos se ven obligados a sobrevivir bajo el hedor de las trincheras y a montar una línea de defensa sin apenas pericia militar. Constatarán que la mugre, el frío y el hambre son los mejores maestros, te enseñan cosas. La indiferencia ante la muerte es brutal. En medio, como no, una historia de amor a tres bandas.
"Los soldados se aferran a su fusil y a su machete, cuyo metal oxidado, empañado, oscurecido por los gases, apenas reluce ya bajo el fulgor helado de las bengalas, en un ambiente corrompido por los caballos descompuestos, la putrefacción de los hombres caídos y, en zona donde están los que se mantienen más o menos derechos en medio del lodo, el olor de sus orines, de su mierda y de su sudor, de su mugre y de sus vómitos, por no hablar de esos pegajosos efluvios a rancio, a moho, a viejo, cuando en principio están en el frente y se hallan al aire libre. Pues no: huele a cerrado, el olor se extiende sobre las personas y en su interior, tras las alambradas de púas de las que cuelgan cadáveres putrefactos y desarticulados que a veces sirven a los zapadores para fijar los cables telefónicos…"
La ficción -sostuvo Aristóteles- es más real que la historia. Uno de los méritos de "14" es, sin duda, su capacidad para expresar la barbarie en su enormidad. Intento precisar. Piénsese en el libro como en un fresco pero la idea es no escribir sobre el conflicto, sólo es la sugerencia de un clima. Importa poco la veracidad o no del acontecimiento relatado. Lo importante es que dicha circunstancia se adscribe completamente en dicho contexto. Podría decirse que los personajes se mueven en la historia como si hubiese inventado esta guerra para ellos o para que ellos la transformaran en un delirio. La erótica de la obra se manifiesta en el acabado y la psicología de los personajes; piensan y actúan según su época, ningún anacronismo frustra el esfuerzo. Desmenuzan el presente, desguazan nuestro pasado. Echenoz tiene la habilidad de asumir la perspectiva de las tropas francesa y explorar el poder de la obligación social, que algunos llaman "honor patriótico". Las emociones son el timón. Anthime, y sus amigos sufren una parálisis idéntica, quedan expuestos en sus contradicciones y su vulnerabilidad. El miedo será el impulsor de la mayor parte de sus actos heroicos. Los tiempos muertos se llenan de ansiedad. Son testigos de la locura colectiva, de una época en su condición más desnuda, más cruenta. Y someten nuestra sensibilidad a esa sensibilidad erizada. Nos arrojan allí, a su presencia física, dentro de ese pandemónium, en el fuego mismo de la conflagración. Al final la paz, o algo parecido, llega. Para entonces, ni ellos ni el mundo son los mismos. Aprehender la realidad es un trámite complejo, un afán inaudito.
"Anthime vio, creyó ver de nuevo a unos hombres taladrar a otros ante sus propios ojos, dando a continuación un fuerte tirón para extraer la hoja de los cuerpos por efecto del retroceso. Con las manos crispadas en el fusil, se sentía ahora listo para perforar, ensartar, traspasar el más mínimo obstáculo, cuerpos de hombres, de animales, troncos de árboles o cuanto se le pusiera por delante.”
¿Qué hace a esta novela recomendable? Tal vez, su fuerza dramática. La trama hilvana con destreza situaciones que provocan auténticos espeluznos. Tal vez porque el miedo a la devastación -la vida se extingue allí donde existe el empeño de borrar las diferencias - nos atraviese a todos. Tal vez porque un libro de esta clase nos alerta de nuestra fragilidad: como dice Scott Fitzgerald, «todas las vidas son un proceso de demolición». Tal vez porque Echenoz sintió la necesidad de insistir en el hecho de que el apaciguamiento y la cauterización de esa contienda son lo peor que podría sucederle a nuestra memoria y al recuerdo de miles de muertos. Sobra recordar que la I y II Guerra Mundial fueron el mismo enfrentamiento con un frágil armisticio en el medio. Queda claro que fue una pavorosa puesta en escena.


P.D.: "Father and son" de Cat Stevens, un bonito diálogo entre un padre y su hijo.



18 comentarios:

  1. Gran análisis de una novela y un autor al que le tengo muchas ganas. Me atrae su brevedad, esa fuerza dramática de la que hablas y el hecho de que sugiere y no reconstruye, tal y como dices, creando el ambiente y siendo así más veraz que reconstruyendo hechos históricos probados. Parece mentira que pueda dar tanto en tan pocas páginas. Lo dicho, no tardará en caer en mis manos.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Gerardo. Ya ves, ¿A quién se le podía ocurrir pensar que una guerra podía ser como un paseo a caballo?.
      Ya me dirás...
      Un abrazo

      Eliminar
  2. No conocía este autor ni este libro. Ahora que está de moda la Gran Guerra han salido una docena de ensayos y novelas sobre ella. El resultado es más o menos el mismo que el que muestras aquí: ESTUPIDEZ, igual que la que existe hoy en día. Y, cómo bien dices, la primera llevó a la segunda. Me ha encantado tu reseña

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ciertamente, se han publicado varios libros aprovechando el tirón del centenario. Alguno que muy bueno. Es necesario recordar nuestra necedad para prevenir catástrofes mayores.
      Muchas gracias!!!
      Un abrazo

      Eliminar
  3. Estupenda novela: 98 páginas que van al grano, que se leen de un tirón. "Adiós a todo eso" de Robert Graves junto a ésta "14", mucho más actual, forman una pareja indispensable para darse una vuelta por el clima de la Gran Guerra.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me recordó "Senderos de gloria" de Stanley Kubrick en esa realidad ficcionada. Añádele "1914 el año de la catástrofe" de Max Hastings.
      Un abrazo

      Eliminar
  4. Echenoz se mueve bien en espacios breves. He leído opiniones desiguales sobre este libro, pero tu comentario me parece muy preciso y argumentado. Y además lo que he leído de Echenoz me ha gustado, así que...

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy amable Ana. Ya me dirás si coincidimos en el criterio.
      Un abrazo

      Eliminar
  5. Esta me la apunto para estas navidades. Me tiene muy buena pinta.
    Saludos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin ser una novela histórica, sí es un libro a tener en cuenta. Que lo disfrutes como yo.
      Un abrazo.

      Eliminar
  6. Las feroces guerras han dado a las sociedades europeas una madurez que otros pueblos carecen, y la huella más honda que ha dejado esa herida se evidencia, sin duda, en la literatura. Me la apunto, Marybel. Muchas gracias por tu reseña.

    Besos!

    Fer

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé yo si hemos aprendido la lección, la codicia y el deseo desenfrenado por el poder persisten sólo que disfrazado.
      Muchas gracias Fer.
      Besos

      Eliminar
  7. Me gustó mucho el libro, me gusta mucho la reseña. Echenoz es un autor al que sigo con interés. Me atrae su sobriedad. Un abrazo, Marybel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Carmen por dejar tu opinión. Es una buena lectura.
      Un abrazo.

      Eliminar
  8. Una reseña estupenda, Marybel. Aún sin haber leído el libro nos hacemos una idea muy clara del estilo literario del autor y del enfoque que da al libro. Me llama la atención su brevedad, parece que un tema tan complejo, tratado desde una perspecitva tan "intensa", tendría que ser más largo.

    No conocía al autor, pero después de leerte se me han despertado las ganas. Muchas gracias por presentármelo!

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Personalmente hubiera preferido que se extendiera un poco más, un poco más de cascarilla. Hay que admitir que ha sido una proeza de precisión.
      Muchas gracias por tu visita Julia.
      Un abrazo

      Eliminar