27 de enero de 2016

UN MUNDO APARTE, de Gustaw Herling-Grudziński

"Del sufrimiento común nace la esperanza común" Gustaw Herling-Grudziński

Si hay un rasgo distintivo que caracteriza a la literatura de Europa del Este es ese afán por meterse en el bolsillo la Historia del siglo XX. La codicia es comprensible; la Historia se ha cebado con estos pueblos. Sufrieron en carne propia dos de las peores tiranías de todos los tiempos, la del nazismo y estalinismo.
"Un mundo aparte" fue publicado en 1951 en Inglaterra, con prólogo de Bertrand Russell. Pero no tuvo la misma suerte en el resto de Europa. En Francia, a pesar de las recomendaciones de Camus, no se editaría hasta los años 80. En España no sería hasta 2012. 

"Si no recuerdo mal, fue en 1970, en la Rue Guénégaud, en una galería de arte. Józef Czapski exponía cuadros de un realismo minucioso, meticuloso, casi maniaco: expresionista a fuerza de jugar con las inquietudes de la ilusión de realidad, desenmascarada en su trabajo sobre la apariencia de la materia pictórica. El autor de "Tierra inhumana" es, en efecto, un gran pintor.
Estábamos hablando tres personas, sentadas bajo la mirada irónica de los personajes de Czapski, que reducía a fragmentos de una confusa nada nuestra inocente certeza de existir. O al menos la mía. Además de Czapski y de mí, estaba Elisabeth Poretski, de quien un año antes había leído Nuestra propia gente, relato que me había apasionado. Nos habíamos convertido en amigos.
Les hacía preguntas. Durante todos esos años, cuando nos veíamos, no dejaba de hacerles preguntas. Me gustaba escuchar sus relatos, la historia y las historias de la larga aventura —tan distinta, a veces incluso opuesta, pero esencialmente similar— de sus vidas. Polonia, la Europa de los años treinta, la gpu, los campos de Stalin, el desastre que siguió al pacto germano-soviético: la larga aventura de unas vidas rotas y forjadas en la experiencia directa del totalitarismo ruso.
Ese día, sin embargo, más allá de la conversación habitual, se me ha quedado grabado porque de pronto Józef Czapski me dio un libro y me recomendó vivamente que lo leyera. Tenía razón: es una lectura del todo aconsejable.
Fue así como tuve por primera vez en mis manos un ejemplar de la traducción inglesa del libro de Gustaw Herling-Grudzinski Un mundo aparte. No sabía nada del autor, lo confieso. Fue Czapski quien me dio los primeros datos sobre él.
Nacido en 1919 en Kielce (Polonia), Gustaw Herling-Grudzinski estudió literatura en la Universidad de Varsovia. Desde muy joven militó en las juventudes socialistas y a los diecinueve años publicó una aguda crítica de la novela de Witold Gombrowicz Ferdydurke, en una revista literaria de izquierdas. Tras la partición de Polonia, en 1939, estuvo entre los fundadores de una de las primeras organizaciones de la Resistencia polaca. En marzo de 1940 fue arrestado por el nkvd cuando trataba de cruzar la frontera entre Lituania y la Unión Soviética, dispuesto a sumarse al ejército polaco en Francia. Pasó dos años en prisiones y campos soviéticos, experiencia que luego relatará en Un mundo aparte. En 1942 logró llegar al ejército polaco y participó en la campaña de Italia. Es uno de los fundadores y principales colaboradores de la revista de la emigración polaca Kultura.
Con estos datos me sumergí en la lectura del libro de Herling-Grudzinski. Lo leí de una tirada, fascinado y conmovido; desde entonces sigo leyéndolo, todo o en partes. Y recientemente lo he vuelto a leer en la excelente traducción de William Desmond. Desde el principio no dejó de sorprenderme que este libro no se hubiera traducido nunca al francés. Por fin se ha hecho: nunca es demasiado tarde para publicar un texto con un valor ético y literario tan grande. 
En el prólogo a la edición inglesa de "Un mundo aparte", Bertrand Russell insiste en la calidad del testimonio. «De los muchos libros que he leído», dice Russell, «sobre experiencias de las víctimas de las cárceles y los campos de trabajo soviéticos, "Un mundo aparte", de Gustaw Herling-Grudzinski, es el más impresionante y el mejor escrito. Este libro posee una extraña fuerza descriptiva, sencilla y vívida, y es absolutamente imposible dudar de su sinceridad en todos los aspectos.» 
No olvidemos que Bertrand Russell escribió estas palabras a principios de los años cincuenta. En esos momentos la ceguera con respecto a la Unión Soviética, la tenaz labor de negar la verdad del totalitarismo, estaba todavía ampliamente difundida —mejor dicho, era hegemónica— entre los intelectuales de las izquierdas europeas. Esta es la razón por la que Russell insiste en la veracidad del testimonio, y continúa diciendo: «Los compañeros de viaje que se niegan a creer en la evidencia de libros como este son a todas luces seres inhumanos, porque si no lo fueran no negarían lo evidente, sino que se sentirían completamente apesadumbrados». 
En esa época Russell tenía toda la razón al plantear la cuestión en tales términos. Es, sin duda, el rechazo, la negación sistemática de la verdad sobre la Unión Soviética, uno de los motivos que explican el silencio en Francia en torno a este libro. Albert Camus encontraba deplorable esta actitud y escribía a Herling-Grudzinski en junio de 1956: «Su libro me ha gustado mucho y he hablado de él con entusiasmo. Sin embargo, la decisión ha sido, al final, negativa; sobre todo, creo, por razones comerciales. Este hecho me ha desilusionado mucho y por lo menos quiero decirle que, a mi juicio, su libro tendría que ser publicado y leído en todos los países, tanto por lo que es como por lo que dice». 
Desde entonces, es cierto, las cosas han cambiado. Primero se produjo el breve deshielo de la desestalinización de Nikita Jruschov, que no transformó la naturaleza profunda del totalitarismo soviético, pero que sí modificó sus formas históricas y, sobre todo, quebrantó definitivamente la fe ciega y enfermiza en los beneficios del socialismo real. Se produjo también el torbellino de Solzhenitsyn, el estallido mundial de una verdad sobre el Gulag reservada hasta entonces a círculos reducidos, gracias a toda una serie de mecanismos ideológicos, pero convertida en universal e irreversible tras su gigantesca obra. 
No obstante, y es lo principal en el presente contexto, aunque Un mundo aparte de Gustaw Herling-Grudzinski se publique en francés con evidente retraso —treinta años—, se trata de un libro que no ha perdido nada de su fuerza, de su extraña y serena belleza. 
Porque Un mundo aparte es un testimonio. Una especie de reportaje de genial precisión sobre los campos soviéticos de la región de Kárgopol, en los bosques del Gran Norte, en un periodo determinado, fechado: 1940-1942. Para los historiadores, para los sociólogos que se interesan por la experiencia del Gulag, el testimonio de Herling-Grudzinski, sin énfasis ni grandilocuencias, es una fuente de datos, de información, de una exactitud difícil de encontrar. Además, como el autor está dotado de una curiosidad sin límites, de unas poco comunes dotes de observación, de una prodigiosa capacidad de empatía, de comprensión hacia los demás, incluso hacia los más perdidos y pervertidos del universo de los campos de concentración soviéticos, se trata de un testimonio rico en comentarios y conclusiones de valor general. 
Pero "Un mundo aparte" no es solo un testimonio. Bertrand Russell, con razón, señalaba que era uno de los libros «mejor escritos» sobre el tema. Y Albert Camus, en una frase final apasionante, afirmaba que el libro tendría que ser leído «tanto por lo que es como por lo que dice». Exacto. Porque se trata de una obra literaria perfecta. Es literatura. Lleva el sello, la firma, la huella que no traiciona a un verdadero escritor. No solamente es sincero y auténtico en lo que se refiere al contenido histórico (el Gulag soviético a inicios de los años cuarenta). Es auténtico también con respecto a las formas de la literatura, a los valores morales y culturales de una relación transparente, compleja y rica con la literatura, esa extraña ocupación que caracteriza a la especie humana."


Traducido por: Agata Orzeszek , Francisco Javier Villaverde González
Prólogo de: Jorge Semprún


PD: Life de Ludovico Einaudi. Melancólica pero hermosa.


12 comentarios:

  1. Jo pues no conocía este libro, gracias por compartirlo. Me gusta ver otras opciones.
    Besos

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  2. Tengo un libro en casa que habla de aquella época y denomina a la Europa Oriental "tierra de sangre", y con toda razón. Menuda joya nos traes, anotado y subrayado. Ya el título es la mar de sugerente. Un saludo, Marybel.

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    1. Gustaw quiso explicarle al mundo que el estalinismo no fue sólo la perversión de una idea grandiosa, sino también un drama y la sentencia de muerte para millones de personas. Y sí, yo también creo que es una gema olvidada.
      Un abrazo.

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  3. Recuerdo una anécdota basada en eso sobre un hombre que salió a por tabaco (literalmente) y al no llevar el pasaporte encima acabó una tira de años en Siberia. Era la época en la que Stalin estaba ya más neurótico que nunca. Ahora mismo se me escapa en que libro lo leí.

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    1. Y seguramente por mucho menos también. Su visión utópica de la sociedad y a la vez ilógica eran la excusa para comenter tales barbaridades. Tenía una visión hiperabultada de su propia importancia histórica. Vamos, un loco.
      Abrazos.

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  4. Cada vez soy más fan de esta editorial. Están rescatando libros muy interesantes que no habían sido traducidos al español. Este no lo conocía.
    Bicos!

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    1. Sí, la verdad es que tiene buenas propuestas. Por algún motivo me atraen especialmente la Historia de esta época. Pero bueno al margen de mis preferencias, supongo que no está de más leer de tanto en tanto a los grandes escritores centroeuropeos. Ya sabes, por si a alguien no le quedó en claro al infierno que conducen los regímenes de partido único.
      Bicos!!

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  5. Viene con recomendaciones de súper lujo: Bertrand Russell y Camus. Una interesantísima propuesta - que, por cierto, se agradece - y una excelente reseña la tuya, Marybel.

    Un abrazo.

    Fer

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    1. No llegué a leer la edición prologada por Russell pero me hubiera encantado. Ésta es de Jorge Semprúm, (me refiero al prólogo) un hombre comprometido en cuerpo y alma con el comunismo, desde que salió de un campo de concentración nazi y que optó por la literatura en detrimento de las armas.
      Otro abrazo

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  6. Te agradezco este testimonio de un testimonio, atendiendo a la valoración del libro. Me gusta de este texto la implicación de un intelectual, un escritor (a veces no sé si sean sinónimos, pero me gusta ambos conceptos) en asuntos que deben salir a la luz porque detrás del valor literario de una obra está el poder del testimonio y su contribución a la historia, a la memoria.

    Es un gusto leerte, Marybel.
    Un beso desde el sol de este invierno.

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    1. Me desgarró el testimonio de Solzhenitsyn y con Varlam Shalámov creía haber leído lo peor. También las denuncias de Grossman eran estremecedoras. Pero los testimonios siguen, tal fue el calibre de esas atrocidades. Supongo que está de más sugerir que es una lectura obligatoria.
      Siempre agradecida.
      Un fuerte abrazo Gonzalo.

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