18 de marzo de 2016

GUARDADOR COMPULSIVO DE RECUERDOS, de María Paz "Fer"

“Todo lo que es fácil de leer es difícil de escribir, y viceversa” Stephen King


Borges opinaba que un escritor: "no olvida que hay un lector, un hombre silencioso cuya atención conviene retener, cuyas previsiones hay que frustrar, delicadamente, cuyas reacciones hay que gobernar y que presentir, cuya amistad es necesaria, cuya complicidad es preciosa". La hermosa sentencia calza perfecta en mi amiga bloguera Fer, editora del blog "A boca de jarro". La argentina escribe en silencio, sin tinta ni sobre papel. Lo hace con palabras propias, palabras que no son de nadie excepto suyas. Sus relatos, poemas o reflexiones a veces seducen, otras rasgan, impactan. Escribe con esa fuerza de la que se ha olvidado de los prejuicios. Es decir, escribe. Me gustaría, compartir una muestra del ecologismo de su retórica. El encanto de las quimeras.
*
"Guardaba el recuerdo de aquella casa paterna, de calles anchas y arboladas, donde había aprendido a andar en bicicleta empujado por los muchachones del barrio, en una garrafa de ginebra - la última que se había bajado su abuela antes de emigrar al otro mundo. Sus memorias de lugares significativos solía enfrascarlas así: en botellas panzonas y cristalinas para que gozaran de suficiente espacio y le permitieran espiarlas de vez en cuando. Si se trataba de sitios que le habían dejado un sabor amargo, como el recuerdo de su primer colegio de curas - que repartían hostias a diestra y siniestra como sustento de su cristiana pedagogía - prefería pequeñas ánforas de cerámica. Entonces no los veía, aunque lograba satisfacer su necesidad obsesiva de salvarlos del naufragio del olvido. Cuando las imágenes que deseaba conservar evocaban hazañas deportivas propias, su destino era un frasco de mermelada limpio y pelado, pero la impronta de los goles del Tigre Gareca que humillaron a los malogrados "quemeros"en la Final del 94, así como la de "La Mano de Dios" contra los ingleses de aquel glorioso 86 y la de Burruchaga contra los alemanes, días después, en la Final, las había conservado intactas, pegaditas al corcho de unas champañesas, para permitirse olerlas y embriagarse con ellas los domingos en los que no iba a la cancha.

A la llama de cada amor de juventud la mantiene viva, lógicamente, en un frasco de perfume: una fragancia evocadora para cada mujer, mientras que los recuerdos que atesora de su señora los coloca en pequeñas botellitas de heladeras de hotel, símbolo de lo caro que esta mujer le viene costando con los años. Las primeras monerías de su hijo varón y las corridas detrás de sus fiebres y descomposturas nocturnas las metió a presión en los envases de todas las Coca Colas que le compró, así como metió en envases de Fanta naranja los ataques de asma de la nena y su carita de desdicha el primer día de clases. Las gratas reminiscencias de sus contados viajes y de las buenas vacaciones familiares las mantiene en sifones de nariz respingada sobre la chimenea, para todo el que quiera pasar a ver, y las petacas que heredó de su abuela al morir finalmente de una terrible cirrosis, pobre vieja, las ha destinado a perpetuar el triste recuerdo de los ciento veinte días en los que estuvo sin trabajo después de aquel horrendo despido para una Navidad que no le ha hecho falta conservar en botella.

Vez pasada pasé a saludarlo por su cumpleaños. Había que andar de puntillas entre tanto cacharro. Sus recuerdos envasados ya se han apropiado de gran parte del espacio de circulación de la casa. Sirvió unos muy ricos de cuando éramos libres en las calles de Almagro en unas copas altas que parecían de degustación. Los tomamos con gusto, saboreando las masas finas que le llevé de regalo para acompañar. Últimamente le viene pasando que sirve sus recuerdos de las mismas botellas cada vez que lo voy a ver. Las memorias de la vuelta en la que estuvo internado por sus coronarias me las he convidado más de una vez en el último año, así como las de la muerte de su padre. Pero hay algo que realmente es admirable a su edad: su memoria inefable. Sabe exactamente a qué botella acudir y jamás se equivoca en el recuerdo que cada una sabe preservar. Y eso que ninguna botella tiene etiqueta. Ironías de la vida: la única etiqueta en esta historia es la que su médico ha colgado de él."

Fer


P.D.: "Gravity" de John Mayer.

13 comentarios:

  1. Como te imaginarás, mi querida Marybel, me voy a guardar esta reseña de lujo en una botella, con etiqueta y todo. Es probable que haga como el personaje de este relato y elija una champañera, para pegarla al corcho y así olerla cuando pegue la seca!!! ¿Qué decir? Ante todo y mil veces, GRACIAS. GRACIAS porque escribir puede resultar fácil o difícil, siempre un desafío, siempre divertido en el caso de una simple bloguera que no tiene que cumplir con condiciones editoriales ni comerciales de ninguna índole, pero escribir sin nadie que aprecie o valore lo escrito puede llegar a ser horriblemente frustrante. En ti yo encuentro una lectora activa, profunda y receptiva, y eso es lo mejor que nos puede pasar a quienes escribimos por puro amor, por necesidad, porque nos sale escribir. Entonces debo decir GRACIAS por leer, por devolver, por estar. Tan buena lectora resultas que hasta me parece que has llegado a lo más profundo de este texto, eso que no se dice en ningún momento, pero que estaba allí cuando la idea vino a mí y mientras lo escribía, y es la figura del padre que has asociado a través de la canción con la cual escoges ilustrar esta entrada. Esa fuerza gravitacional en mi vida es muy fuerte, y es lo que hace que haya días en los que, a pesar de la gravedad, siento que logro elevarme un poquito del ras del suelo y que puedo volar y fluir a través de la entrañable tarea de tejer con las palabras y contar historias.

    Un beso enorme y MIL GRACIAS!!!

    Fer

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    1. Enhorabuena, María Paz, por tu excelente prosa llena de autenticidad....
      Un abrazo.

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    2. Es fantástico dedicarse a algo que uno sabe hacer bien. Gracias a ti, Fer.
      Seguimos en lectura.
      Un enorme abrazo

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  2. Gracias, amiga Marybel, por compartir cosas de tus compañer@s y mantener esa línea analítica que te caracteriza, ese buen ojo que tienes para las buenas cosas, como en este caso es la prosa tan auténtica de la compañera Fer.
    Un abrazo.

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    1. Es un placer, de hecho "Anonyma Veneciana" nació con ese propósito y con total desinterés. Proyecto que sin todos vosotros sería imposible llevar a cabo. Por supuesto, me es imposible compartir todo lo que me fascina o produce emoción por falta de tiempo.
      Gracias por tu huella en el blog.
      Un abrazo!!

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  3. Muy buena la reseña que has hecho del relato de María Fer. Gracias por ello. Saludos cariñosos

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  4. Maribel, qué entrada tan bonita!!! Me parece precioso compartir con los demás las palabras de otra compañera blogger, es lo bueno de este gran mundo llamado internet, conocer a personas fantásticas con las que compartimos pasiones. Me parece muy bonito, tus palabras derrochan admiración. Y no me extraña, la chica es una artista... escribe precioso, y tú lo has introducido genial.
    Enhorabuena.

    Besos

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    1. Me gusta escribir pero no soy escritora. Escribo para entender. Leo para amar y que me amen. Leo para aprender a leer. Para saber, para conocer. También por costumbre, para matar la costumbre, por vivir otras vidas y revivir la mía. Me conformo :))
      Un fortísimo abrazo!!

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  5. Me encantaron, tu reseña y el texto de Fer.
    Besos, Marybel.

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    1. Gracias por tu sincera apreciación. Creo que lo justo sería decir que escribo para devolver algo de todo lo que he leído. En cuanto a Fer, lo mismo que tú Mirella, estáis dotadas de ese don que resulta una bendición.
      Besos!!!

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  6. Muy buena Marybel tu reseña y ese precioso texto de Fer, me ha parecido preciosa esa desinteresada colaboración en difundir textos.
    Leer, cuando te gusta, forma parte de uno mismo y escribir...también.
    Un saludo

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    1. Si, creo que todos nacemos con un patrón predeterminado. Muchísimas gracias Conxita de ambas partes.
      Besos.

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