22 de mayo de 2020

EN CALIENTE, de Louis-Ferdinand Céline

"En el periodo más rabioso de la historia de Francia, puedo enorgullecerme de haber logrado al menos la unanimidad de los franceses en un punto: mi asesinato". Louis-Ferdinand Céline



Hay que reconocer que nunca se manejó bien en las artes sociales, pero hay constancias de que en alguna ocasión, Louis Ferdinand Céline intentó "guardar las formas", incluso con sus duelos verbales al estilo de: "Me gustaría establecer una alianza con Hitler(...) A él no le gustan los judíos... A mí tampoco... No me gustan los negros fuera de su lugar...No veo ninguna delicia en que Europa se vuelva completamente negra... No me haría ninguna gracia..." Ciertamente, el escritor sabía como hervir el agua a un grado centígrado. Y ésa era su gran virtud, pero a veces resulta peligroso desafiar a la sociedad.
Céline -curioso que el famoso misógino eligiera un seudónimo femenino para firmar sus libros- fue un escritor de firme posición política poseído por una rara forma de vocación. Un tipo de esos brillantes y controvertidos que se disputaron la escena literaria francesa durante la primera mitad del siglo XX, período en el que alcanzó enorme popularidad, pero que vio declinar con la misma celeridad su estrella por su filonazismo y antisemistismo. Docto pero fragmentario, mordaz pero vapuleador sin clemencia nadie como él ha sabido proferir tantos dicterios con tanta arrogancia. ¡Y cómo!: "Dos millones de boches campando por nuestro territorio nunca podrán ser peores, más saqueadores ni infames que todos esos judíos que nos revientan (...) Siempre y en todas partes, la democracia no es más que el biombo de la dictadura judía"..
Allá él. No obstante, sería una injusticia, limitar la crítica a este plano. A más de ser un personaje "en sí", Céline ha escrito alguno de los mejores libros de su época que lo sitúan entre nombres tan relevantes como Marcel Proust o Albert Camus. La importancia de "Viaje al fin de la noche" es tan inmensa como la del "Ulises" de Joyce. 
En 1948, Céline al enterarse de que Sartre, en "Retrato de un antisemita" (1945) -texto publicado en la revista francesa "Les Temps Modernes" y recogido más tarde en un volumen de Gallimard bajo el título "Reflexiones sobre la cuestión judía"- había escrito: "Si Céline pudo sostener las tesis socialistas de los nazis es porque le pagaron", escribió estas lisonjas como respuesta. Se lo envió a Jean Paulhan, que no lo publicó, y luego a Albert Parraz, que lo reprodujo al final de su libro "Le Gala des vaches", donde pasó desapercibido. Costeada por sus amigos, fue impresa una edición de 200 ejemplares. (P. Lanauve de Tartas, París, s. f).

"No leo mucho, no tengo tiempo. ¡Demasiados años perdidos en tantas tonterías y en prisión! Pero me presionan, me ruegan, me molestan. Es imperioso que lea, parece, una suerte de artículo, el Retrato de un antisemita, de Jean-Baptiste Sartre (Les Temps Modernes, diciembre 1945). Recorro esa larga tarea, le echo un vistazo, no es ni bueno ni malo, es nada, pastiche… “A-la-manera-de”… Ese enano de J.-B. S. leyó l’Etourdi, l’Amateur de Tulipes, etc. Quedó prendado, evidentemente, no sale más… ¡Siempre en la escuela este J.-B. S.! siempre con los pastiches, “A-la-manera-de”… También a la manera de Céline… y de muchos otros… “Putas”, etc. “Cabezas de recambio”… “Maïa”… Nada grave, por cierto. Arrastro en el culo una buena cantidad de esos “A-la-manera-de”… ¿Qué puedo hacer? Sofocantes, rencorosos, cagones, traidores, semisanguijuelas, semitenias, no me hacen ningún honor, no hablo nunca de ellos, eso es todo. Progenie de la sombra. ¡Decencia! ¡Oh! No le deseo ningún mal al enano J.-B. S. ¡Su destino ya es bastante cruel! Ya que se trata de una tarea, yo le habría dado con gusto siete de veinte y no se habría hablado más del asunto… ¡Pero en la página 462 el soretito me desconcierta! ¡Ah! ¡El maldito culón podrido! ¿Qué osa escribir? “Si Céline pudo sostener las tesis socialistas de los nazis es porque le pagaron.” Textual. ¡Epa! Eso es lo que escribía ese pequeño escarabajo mientras yo estaba en prisión corriendo gran peligro de que me colgaran. ¡Maldita lacra atiborrada de mierda, salís de mi culo y me ensuciás! Ano de Caín. ¿Qué querés? ¿Que me asesinen? ¡Es evidente! ¡Aquí! ¡Cómo te aplastaría! ¡Sí!… Lo veo en una foto… esos ojos grandes… esa tricota de crochet… esa babosa con ventosas… ¡es un cestodo! ¡Qué no inventaría este monstruo para que me asesinen! ¡No termina de salir de mi caca y ya me está denunciando! Lo más fuerte está en la página 451: “Un hombre que encuentra natural denunciar a los hombres no puede tener nuestra concepción del honor, incluyo a aquellos de los que él se vuelve benefactor, él no los ve con nuestros ojos, su generosidad, su dulzura, no son parecidas a nuestra dulzura, a nuestra generosidad, no podemos localizar la pasión”.
En mi culo, en donde se encuentra, no se le puede pedir a J.-B. S. que vea bien o que se exprese con claridad, J.-B. S parece sin embargo haber previsto el caso de la soledad y de la oscuridad en mi ano… J.-B. S habla evidentemente de sí mismo cuando escribe en la página 451: “Este hombre teme cualquier tipo de soledad, tanto la del genio como la del asesino”. Comprendamos qué quiere decir… Basándose en la fe de los semanarios J.-B. S no se ve sino como un genio. Por mi lado, y basándome en sus propios textos, me siento forzado a ver a J.-B. S como un asesino, e incluso mejor, como un maldito alcahuete, un repugnante, asqueroso, inmundo soplón, un cana con anteojos. ¡Ya me empiezo a embalar! No corresponde a mi edad, ni al estado en el que me encuentro… Iba a concluir ahí… asqueado, listo… Reflexiono… ¿Asesino y genial? Hay casos… Después de todo… ¿Será quizá el caso de Sartre? Asesino lo es, quisiera serlo, entendámonos, ¿pero genial? ¿La caquita que está en mi culo es genial? ¿Hum?… Vamos a ver… sí, cierto, eso puede hacer eclosión… dispararse… ¿pero J.-B. S? ¿Esos ojos de feto? ¿Esos hombros mezquinos? ¿Esa busardita? Tenia, seguro, tenia humana, ubicada donde ya saben… ¡y filósofo!… son demasiadas cosas… El liberó, parece, París en bicicleta. El jugó… en el Teatro, en la Ciudad, con los horrores de la época, la guerra, los suplicios, el hierro y el fuego. Pero los tiempos cambian, y hete aquí que crece, se infla enormemente. ¡J.-B. S! Ya no se domina… ya no se conoce… de embrión quiere convertirse en criatura… el ciclo… no tuvo suficientes jueguitos, suficientes engaños… corre detrás de las pruebas, las pruebas verdaderas… la prisión, la expiación, los palos, y el más grande de todos los palos: el Poste… La Maldición lo entretiene a J.-B. S… ¡las Furias! terminadas las bagatelas… ¡Quiere convertirse en un monstruo! ¡Ahora tira la bronca contra de Gaulle!
¡Qué manera! ¡Quiere cometer lo irreparable! ¡Lo logra! Las brujas van a volverlo loco, él vino a acicatearlas, ellas no lo soltarán jamás… Tenia de los soretes, falso renacuajo, ¡te vas a morfar la Mandrágora! ¡Te vas a convertir en súcubo! La enfermedad de la maldición evoluciona en Sartre… Vieja enfermedad, vieja como el mundo, en el que toda la literatura está podrida… ¡Reflexioná J.-B. S antes de seguir cometiendo errores irreparables! ¡Pensá! Date cuenta de que el horror no es nada sin el Sueño y sin la Música… Te veo bien como una tenia, pero no como una cobra, para nada una cobra… ¡sos nulo para la flauta! Sin música, sin sueños, Macbeth no es sino un Grand-Guiñol y malos días… Sos malvado, sucio, ingrato, rencoroso, cana, ¡pero J.-B. S es más que eso! Eso no es suficiente… ¡Todavía hay que bailar!… Me gustaría equivocarme, por cierto… No pido nada mejor… Iré a aplaudirte cuando al fin te hayas convertido en un verdadero monstruo, cuando hayas pagado, a las brujas, lo que hace falta, el precio para que te transmuten, para que te eclosionen en un verdadero fenómeno. En una tenia que toca la flauta.
Pero me rogaste mucho, a mí y a través de Dullin, de Denoël, ¡me suplicaste “bajo la bota” que descendiera a aplaudirte! Yo no veía que bailaras o flautearas, para mí eso es un pecado terrible, lo reconozco… ¡Pero olvidemos todo eso! ¡Pensemos en el futuro! ¡Tratá de que tus demonios te inculquen la flauta! ¡Primero la flauta! ¡Mirá a Shakespeare, colegial! ¾ de flauta, ¼ de sangre… ¼ es suficiente, te lo aseguro… ¡pero de la tuya! antes que de cualquier otra sangre. La Alquimia tiene sus leyes… la “sangre de los otros” no les gusta para nada a las Musas… Reflexionemos… Conseguiste un pequeño éxito en el “Sarah”, bajo la Bota, con tusMoscas… ¿Por qué no despachás ahora tres pequeños actos, rápidamente, de circunstancia, a las apuradas,Los Soplones? Pequeño desfile retrospectivo… Te vemos en persona, con tus amiguitos, enviando a tus compañeros odiados, a los llamados “Colaboradores”, a la cárcel, al poste, al exilio… ¿No es gracioso? Vos mismo, por supuesto, haciéndote fuerte gracias a tu texto, en el primer papel… como tenia bufona y filósofo… Es fácil imaginar cien funciones exitosas, peripecias y surgimientos de más farsas en el curso de una comedia de ese género… y luego en la escena final una de esas “Masacres Generales” ¡que producirá carcajadas en toda Europa! (¡Ya es hora!) ¡Lo más alegre de la época! ¡Cómo van a mear y cagar incluso en la 500ª!… ¡y mucho más lejos! (¡Mucho más lejos! ¡Je, je!) El asesinato de los “Signatarios”, ¡unos por otros!… vos mismo en manos de Cassou… ¡Cestuy en manos de Eluard! ¡el otro por su mujer y Mauriac! ¡y así siguiendo hasta el último!… ¡Te das cuenta! ¡La Apoteosis de la Hecatombe! ¡Sin olvidar la carne, por supuesto!… Gran desfile de chicas despampanantes, desnudas, contoneándose increíblemente de un lado a otro… orquestra del Grand Tabarin… Jazz de los “Constructores del Muro”… “Atlantist Boys”… premio asegurado… y la gran partuza de los fantasmas en una sobreimpresión luminosa… 200.000 asesinados, presidiarios, enfermos de cólera, indignos… ¡y colgados! ¡en corro! ¡un pedazo de Cielo! ¡Coro de los “Verdugos de Nuremberg”!… Y al tono le insuflás más-que-existencia, instantaneísmo, masacrismo… Clima de espasmos de agonía, ruidos de cólicos, de sollozos, de hierros… “¡Socorro!”… Fondo sonoro: “Máquinas de ¡Hurras!”… ¿Lo ves? Y luego, como atracción principal, en el entreacto: ¡Remate de esposas para presos! Y un Bar de sangre. El Bar futurista absoluto. ¡Sólo sangre verdadera! En vaso, cruda, certificada por los hospitales… ¡de esa misma mañana! ¡sangre de aorta, sangre de feto, sangre de himen, sangre de fusilados!… ¡Para todos los gustos! ¡Ah! ¡Qué futuro J.-B. S! ¡Qué maravillas vas a hacer cuando seas eclosionado! ¡Verdadero Monstruo! Ya te veo fuera del sorete, casi tocando la flauta, ¡una flautita verdadera! ¡qué encanto!… ¡ya casi un verdadero pequeño artista!"
Maldito J.-B. S
Traducción: Mariano Dupont

La fascinación que causa la lectura de cualquier de sus escrito, hasta el folleto más repulsivo, estriba en su flemática exhibición de estilo que -como todo lo que le atañe- opera como una metralladora desde el más pequeño guiño sintagmático hasta sus más obsesivas ideas. Ni siquiera la inmediatez de la muerte mitigó jamás el placer por una buena polémica. 

PD. I: Tras más de cuarenta años en los archivos de su abogado danés, Thorvald Mikkelsen, se editaron estas cartas en un recopilatorio bajo el título "Cartas en la cárcel". Corresponden a su período en la cárcel en Dinamarca acusado de haber colaborado con el gobierno de Vichy durante la ocupación nazi, un delito que entonces podía suponer la pena de muerte.


PD II: Hoy me he decantado por un poco de pop saturnino británico.  Side  de Travis. Dice la Wikipedia que su estilo musical radica en un único propósito, que la canción es más importante que la banda. Es una idea sugerente, aunque no estoy muy segura de haberlo entendido.



20 comentarios:

  1. Marybel me ha fascinado tu entrada, porque desnudas con crudeza y realidad, a uno de mis héroes literarios. Me encanta Celine, fue un genio de la literatura, del mismo modo que repudio a casi toda su persona, de forma visceral. Me retuerzo, me provocan contorsiones repantingado en mi sillón, sobre todo sus oprobiosos libelos antisemitas o su justificación de las tropelías nazis. Es verdad que Francia se bañaba en ese entonces en caldo de un antisemitismo casi atavico. Figuras cruciales de la cultura como Coco Chanel,no escondían sus aversiones. Como dijo un intelectual de la época, habían pasado poco más de cuarenta años del Caso Dreyfuss. Pero Viaje al fin de la noche es para mi una de las novelas imprescindibles. Más que Ulises, cuyos juegos lingüísticos y laberíntica trama, pierde a más de uno. No olvidemos su crítica al colonialismo. En fin, le has hecho un traje, como buena modista literaria que eres, en toda la regla. Pese a las hechuras literarias y nauseabunda catadura moral, así es Celine. Muchas gracias, Marybel,por estas entradas que hacen rodar a los viejos fantasmas de la cultura, más presentes que nunca.Se le llegó a tildar como el antiProust por su estilo antagónico, al preciosista de Marcel. El Sena, un moco. Me encanta Celine, Marybel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La degradación era su compañera pero su calidad narrativa inmensa. Louis-Ferdinand, ese genial canalla, no dejaba a nadie indiferente. Aquí te dejo otras perlas sobre Maupassant por su obra "Bola de sebo". Copio y pego:
      "Las letras americanas tienen un retraso aproximado de 50 años con respecto a las letras europeas, que han padecido, desde hace medio siglo, su enfermedad naturalista. Maupassant no ofrece para nosotros, actualmente, ningún interés. Todo ha sido dicho, hasta la saciedad, en tesis, cursos o controversias, sobre el vivaracho novelista. Creo, evidentemente, que los novelistas americanos, están aún a la cola de Maupassant. Eso les pasará. Maupassant ha sido el inspirador «refinado», «sensible», «peripuesto», del que usan y abusan todos los periodistas actuales del mundo entero. En cuanto al fondo, es nulo, como todo lo que es sistemáticamente «objetivo». Todo nos debe alejar de Maupassant. El camino que seguía, como todos los naturalistas, conduce a la mecánica, a las fábricas Ford, al cine - ¡Falsa Ruta!"
      Yo también tengo sentimientos encontrados con este autor.
      Un abrazo, Sergio

      Eliminar
    2. Es verdad que entre la literatura de Maupassant y de Celine, parece que han discurrido siglos. Esta es otra de las características que me fascinan de Celine, su carácter iconoclasta. Cómo rompe con la maroma anterior y su narrativa se vuelve única. Precisamente, Bola de sebo es uno de mis relatos preferidos. Porque narra la ocupación prusiana de 1870, cuyos reverberos alcanzan 70 años después la otra ocupación, la de los ejércitos de Hitler. Muchas de las conductas humanas de Bola de sebo se repiten años más tarde, en uno de esos juegos de espejos del tiempo y de la historia. Dio la casualidad que lo había leído antes de la Suite francesa de Nemirovsky, por lo que las analogías entre ambas épocas estaban servidas. Muchas gracias por tu entra, una vez más, Marybel. Perdona que te responda, siempre dejas jugosas perlas hasta en tus respuestas.

      Eliminar
    3. Lanzo una pregunta, ¿Ser un miserable por mérito propio puede constituir una ventaja (una especie de fuente de inspiración) a la hora de escribir? Mejor aún: ¿Su bajeza moral no supera a su cualidad literaria?
      Sergio, expláyate lo que te venga en gana, ése es el objetivo de Anonyma Veneciana.

      Eliminar
  2. Tengo pendiente de leer -como tantos otros, desde hace un tiempo- "Viaje al fin de la noche", que me recomendaron. Me alegro de haber leído tu entrada, porque a priori me resultaba un autor abrupto, difícil de abordar. Un saludo, Marybel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos días Esther! Esta carta ya la había reseñado en el blog, y me gustó tanto aquella entrada que me pareció oportuno mostrarla otra vez.
      Céline es toda una galería de odios salvajes; siento curiosidad por saber como fue su niñez, pero reitero mi admiración por su pluma.
      Muchas gracias Esther, espero que tengas un buen confinamiento.
      Un abrazo

      Eliminar
  3. He disfrutado con el texto de Celine contra Sartre, expele veneno, contra un filósofo que en el París ocupado no se distinguió por su combatividad contra los nazis, y no militó en ningún caso en la Resistencia esperando ver cambiar los tiempos. Confieso mi animadversión hacia Sartre así que me he sentido enardecido por este vitriolo sangrante. Sin embargo, he de reconocer que en dos ocasiones que lo he intentado -separadas una decena de años- no he podido con Viaje al fin de la noche, me he sentido derrotado por este texto, hay algo en él que me aburre soberanamente y no me hace encontrar un sentido a lo que he leído pese a que las dos veces que lo he intentado lo he hecho con entusiasmo por ser una especie de texto maldito. Pero, ya dentro de él, más allá de las escenas bélicas, no he podido progresar más. Recuerdo la última vez que lo intenté leer, estaba en la cafetería de El Corte Inglés y una mujer francesa me vio con el libro y se acercó a preguntarme por la lectura y luego que si realmente me gustaba. En aquel momento le dije que sí, pero pasadas la página cien, no pude más y lo volví a dejar. Y lo siento, pero su música no me gusta. En los libros, al leerlos, percibo una música que me es placentera o no, por difíciles que sean, y en este caso no fue así. No le niego ningún valor, sin duda lo tiene y algo por todo lo que se ha dicho de él, pero a mí me aburría.

    El caso de Celine y su antisemitismo es paralelo al de Knut Hamsum, el premio Nobel noruego que ha sido tachado de la literatura de su país, pese a lo que representó en el primer cuarto de siglo. Estos autores se hicieron eco de los prejuicios antisemitas de buena parte de la sociedad europea de su tiempo, no fueron casos aislados, pero quedaron marcados por decir lo que muchos otros escritores habían dicho aunque tal vez de un modo menos flagrante.

    El antisemitismo es una corriente de pensamiento que estuvo muy viva en Europa antes de la dos guerras y que lo sigue estando, aunque disfrazada, entre la izquierda europea actual que es profundamente antisemita. ¿Acaso no se sigue extendiendo que son los judíos quienes gobiernan el mundo? No quiero extenderme más en esta línea. Puedo disentir totalmente de lo que escribió Celine porque soy un admirador de la cultura judía, pero no responsabilizarlo en exclusiva por los motivos que he señalado.

    Un cordial saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy totalmente de acuerdo con lo que expones. Lo desmedido de Céline, su mérito paradójico, es haber hecho antisemitismo dentro de su obra. Lo aireó sin tapujos. Otros intelectuales, como Heidegger no fueron tan explícitamente nazis en su obra. Ezra Pound es otro caso, donde la genialidad y la desaprensión marchan parejos.
      Muchas gracias por tu visita y aporte.
      Un abrazo, Joselu.

      Eliminar
  4. Céline, siempre polémico y genial. Sólo he leído "Viaje al fin de la noche". Parece que el antisemitismo antes estaba menos mal visto que ahora, y muchos escritores confesaban ser antisemitas sin pudor.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Rocío. La historia de Céline es una historia tremebunda, lo mismo que su obra. Como le comentaba a Esther me gustaría saber más de sus primeros años para entender ese endurecimiento abrupto contra la humanidad.
      Feliz domingo.
      Un abrazo

      Eliminar
  5. Así es, el caso de Ezra Pound es paradigmático, cuando lo llevé al blog (con “Patria mía”, ensayo cortito y muy interesante) e indagué sobre su trayectoria, constaté que algunos de sus mejores amigos eran judíos, a los que siempre amparó, estuviese en el lado que estuviese. Su refugio en el fascismo de Mussolini (desconfiaba profundamente del nazismo hitleriano) fue desde una perspectiva cuanto menos peculiar, no era tanto una adhesión de carácter ideológico como una manera de vengarse o desairar al capitalismo norteamericano, al que odiaba con vehemencia, pues como un intelectual de honda formación humanística (era experto en lenguas románicas), afirmaba, no sin razón, que el despiadado capitalismo norteamericano estaba aniquilando a las Humanidades, y eso era algo que no podía soportar, así que embarcó para su admirada Europa, cuna de la Cultura Humanista que tanto defendía. Perdona que me enrolle con esto, al sacar el nombre de Ezra Pound me pareció interesante ponerlo aquí en valor.

    Y eso mismo es lo que haces tú, Marybel, y es muy de agradecer, poner en valor la obra de Céline, más allá, o a pesar, de su firme y controvertido posicionamiento político, como señalas, pensamiento que dejaba poco espacio a la duda, al contrario que el titubeante E. Pound.

    No era mera pose lo de Céline, en plan transgresor y ”enfant terrible” tipo Houellebecq con su doble juego, tal como he leído en algún artículo; a la par romántico y cínico, nihilista y moralista, maldito y millonario, detractor de los humanos y encantado de rodearse de ellos (acaso la mayoría somos más Houellebecq y mucho menos Céline), Céline era lo que era sin ambages. El rapapolvo a Sartre (y a todo lo que representa, huelga decir) es… ¡antológico! Por cierto, como novelista siempre me ha parecido menos brillante que su pareja, Simone de Beauvoir, a la que considero bastante más talentosa en el terreno literario.

    No he leído a Céline, sin embargo tengo por mis estantes su "Viaje al fin de la noche"… ocurre que entre él y yo siempre hay una especie de calma tensa, a la espera de que decida encararlo, que lo haré, más después de leer tu atractiva exposición, muy bien planteada y reveladora, me ha ilustrado lo suyo, así que te lo agradezco, Marybel.

    Un fuerte abrazo, cuídate.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo he comentado en varias ocasiones, la genialidad es un don caprichoso, brota donde uno menos se lo espera y es evidente de que la miseria personal no es un obstáculo para lograr obras soberbias. Céline iba a contracorriente quizá como una forma de encontrarse a sí mismo. Y debía gustarle también llamar la atención, pues en sus últimas entrevistas se mostraba menos visceral.
      Gracias Paco por tu aporte.
      Un abrazo

      Eliminar
  6. Este es uno de esos casos claros en los que tienes que separar persona de personaje, escritor de ser humano, porque sino te pillas unos cabreos tremendos, al menos en mi caso. Me quedo con sus palabras, pero no con el trasfondo.

    Besitos 💋💋💋

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En estos casos, no hay escrúpulo que valga. Me tuve que crear mi propio Céline para disfrutar del texto.
      Abrazos 💋💋

      Eliminar
  7. Pues sí que se despachó a gusto el amigo Céline. Un claro caso de autor que puede provocar rechazo pero al que también hay que saber valorar por su calidad literaria más allá de sus ideas y su personalidad.
    Qué bien que hayas retomado el blog, Marybel, y que nos traigas entradas con curiosidades como esta.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Exacto, ¿Es justo juzgar una obra literaria por la naturaleza ética de su autor? me parece necesario saber diferenciar su calidad artística, de sus opiniones panfletarias, sin duda miserables. Y aunque no lo justifique ni se salve, también habría que tener en cuenta el contexto histórico.
      Un placer tus visitas 💋💋

      Eliminar
  8. Hola Marybel.
    No he leído nada de Celine y sus opiniones eran de lo más desagradables. Como dicen los compañeros es uno de esos casos en que resulta fundamental separar al hombre de su obra. Desde luego dejó a Sartre para el arrastre.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No pretendo salvar a Céline, su trayectoria vital fue transgresora y inobsevante pero también creo que la brutalidad, el apocamiento que manifiesta en sus escritos estaban muy presentes en la realidad de su época.¿Qué haría el país galo sin Sartre? ¿Renunciaría a Céline?
      Un abrazo 💋💋

      Eliminar
  9. Se despachó a gusto Celine con Sartre. El pugilato intelectual no ha sido infrecuente entre escritores, quizá ahora sea más llevadero, en parte porque la literatura ha caído del pedestal en el que estaba y el círculo de los que escribes es tan pequeño que mejor llevarse bien. Houellebecq es otro provocador de nuestro tiempo, pero con otro matiz y la verdad es que lo prefiero a Celine.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en ellas y apretad bien fuerte", dijo Houellebecq en una ocasión. Tanto Céline como Houellebecq se empecinaron y lo lograron. Me atrevería a afirmar que los autores franceses - lo mismo que los escritores centroeuropeos se metieron la Historia del siglo XX en el bolsillo- han tenido una predilección especial por sentir y escribir sobre el mal...
      Un abrazo y feliz semana.

      Eliminar