19 de junio de 2020

EL ALCOHOL, de Marguerite Duras

"Primero tomas un trago, luego el trago toma otro trago, luego el trago te toma a ti" Scott Fitzgerald





A Sartre no le gustaba su estilo. “No puedo publicarla. Escribe usted mal” le espetó en una ocasión. Escribir mal implica falta de erudición pero Marguerite era el arquetipo de sabiduría tanto libresca como existencial. Era brillante. Sucedía que Duras escribía distinto. Su arrogancia literaria despertó el asombro de sus colegas por la entrega apasionada y absoluta con la que se volcó a la tarea de escribir. Hizo de lo perdido, un patrimonio. El Campari con ginebra haría el resto. Bebía con tanta fruición como escribía.
"He vivido sola con el alcohol durante veranos enteros, en Neauphle. La gente venía los fines de semana. Durante la semana estaba sola en la gran casa, y allí el alcohol adquirió todo su sentido. El alcohol hace resonar la soledad y termina por hacer que se lo prefiera antes que cualquier otra cosa. Beber no es obligatoriamente querer morir, no. Pero, uno no puede beber sin pensar que se mata. Vivir con el alcohol es vivir con la muerte al alcance de la mano. Lo que impide que uno se mate cuando está loco de la embriaguez alcohólica, es la idea de que, una vez muerto, no beberá más. Empecé a beber en las fiestas, en las reuniones políticas, primero los vasos de vino y luego el whisky. Y luego, a los cuarenta y un años, encontré a alguien que le gustaba de verdad el alcohol, y que bebía cada día, pero razonablemente. Lo superé en seguida. Esto duró diez años. Hasta la cirrosis y los vómitos de sangre. Me paré durante diez años. Era la primera vez. Volví a empezar, y volví a parar, ya no sé por qué. Luego, dejé de fumar, y sólo pude hacerlo bebiendo de nuevo. Es la tercera vez que paro. Nunca, nunca he fumado opio ni hachis. Me he «drogado» con aspirina todos los días durante quince años. Nunca me he drogado de verdad. Al principio bebí whisky y calvados, lo que llamo alcoholes insípidos, cerveza y verbena de Welay, lo peor, según se dice, para el hígado. Por último, empecé a beber vino y ya no lo he dejado.
Desde que empecé a beber, me convertí en una alcohólica. En seguida me puse a beber como una alcohólica. Dejé a todo el mundo detrás mío. Empecé a beber a los atardeceres, luego bebí los mediodías, luego por las mañanas, y después empecé a beber por las noches. Una vez por noche, y luego cada dos horas. Nunca me he drogado con otra cosa. Siempre he sabido que si me metía con la heroína, la escalada sería rápida. Siempre he bebido con hombres. El alcohol permanece asociado al recuerdo de la violencia sexual, la hace resplandecer, es inseparable de ella. Pero en espíritu. El alcohol sustituye el acontecimiento del goce, pero no ocupa su lugar. En general, los obsesos sexuales no son alcohólicos. Los alcohólicos, incluso «a nivel de vertedero», son unos intelectuales. El proletariado, que ahora es una clase más intelectual que la clase burguesa, de muy lejos, tiene una propensión al alcohol, en el mundo entero. El trabajo manual es sin duda de todas las ocupaciones del hombre la que le lleva más directamente hacia la reflexión, es decir hacia la bebida. Ved la historia de las ideas. El alcohol hace hablar. Es la espiritualidad hasta la demencia de la lógica, es la razón que intenta comprender hasta la locura por qué esta sociedad, por qué este Reino de la Injusticia… y que siempre concluye con una misma desesperación. Un borracho es a veces grosero, pero raramente obsceno. Algunas veces se encoleriza y mata. Cuando se ha bebido demasiado, se vuelve al principio del ciclo infernal de la vida. Se habla de felicidad, se dice que es imposible, pero se sabe lo que quiere decir la palabra.
Carecemos de un dios. Este vacío que se descubre un día en la adolescencia nada puede hacer que jamás haya tenido lugar. El alcohol ha sido hecho para soportar el vacío del Universo, el mecimiento de los planetas, su rotación imperturbable en el espacio, su silenciosa indiferencia en el lugar de vuestro dolor. El hombre que bebe es un hombre interplanetario. Se mueve en un espacio interplanetario. Es allí donde permanece al acecho. El alcohol nos consuela, no amuebla los espacios psicológicos del individuo, sólo sustituye la carencia de Dios. No consuela al hombre. Produce lo contrario, el alcohol conforta al hombre en su locura, lo transporta a las regiones soberanas donde es dueho de su destino. Ningún ser humano, ninguna mujer, ningún poema, ninguna música, ninguna literatura ni ninguna pintura puede sustituir esta función del alcohol en el hombre, la ilusión de la creación capital. Está ahí para remplazarla. Y lo hace en toda una parte del mundo que habría debido creer en Dios y que ya no cree en él. El alcohol es estéril. Las palabras del hombre dichas en la noche de la borrachera se desvanecen con ella tan pronto como llega el día. La borrachera no crea nada, no va con las palabras, ofusca la inteligencia, la sosiega. He hablado bajo los efectos del alcohol. La ilusión es total: lo que uno dice, nadie lo ha dicho aún. Pero el alcohol no crea nada que permanezca. Es el viento. Como las palabras. He escrito bajo los efectos del alcohol, tenía una facultad para dominar la borrachera, que me venía sin duda del horror por la borrachera. Jamás bebía para estar borracha. Jamás bebía deprisa. Bebía todo el tiempo y nunca estaba borracha. Estaba retirada del mundo, inalcanzable, pero no borracha.
Una mujer que bebe es como un animal que bebiera, un niño. El alcoholismo llega al escándalo con la mujer que bebe: una mujer alcohólica es rara, es grave. Lo que se ataca es la naturaleza divina. He reconocido este escándalo a mi alrededor. En mis tiempos, para tener la fuerza de afrontarlo en público, entrar sola en un bar, de noche, por ejemplo, era preciso haber bebido ya.
Siempre se dice demasiado tarde a la gente que bebe demasiado. «Bebes demasiado.» Es escandaloso decirlo en todos los casos. Uno mismo jamás sabe que es alcohólico. En un cien por cien de los casos la noticia se recibe como una injuria, y uno dice: «Si me dice esto, es que me odia.» En cuanto a mí, el mal ya estaba muy avanzado cuando me lo dijeron. Estamos en un espacio de principios anquilosados. Hasta cierto punto se deja morir a la gente. Creo que en la droga este escándalo no existe. La droga separa completamente al individuo drogado del resto de la Humanidad. Ésta no arroja al individuo a los cuatro vientos, por las calles, no hace de él un vagabundo. El alcohol es la calle, el asilo, los otros alcohólicos. La droga es muy corta, la muerte viene muy deprisa, la afasia, la oscuridad, los postigos cerrados y la inmovilidad Nada consuela de dejar de beber. Desde que ya no bebo, tengo simpatía por la alcohólica que era. Verdaderamente he bebido mucho. Luego, acudieron en mi auxilio, pero entonces cuento mi historia y no hablo del alcohol. Es increíblemente simple, los verdaderos alcohólicos, sin duda, son lo que hay de más simple. Estamos ahí donde el sufrimiento no puede hacer sufrir. Los vagabundos no son desgraciados. Es una tontería decir eso, están borrachos de la mañana a la noche, las veinticuatro horas seguidas. Lo que viven no podrían vivirlo en ninguna otra parte que no sea en la calle. Durante el invierno de 1986-1987, antes de verse desprendidos de su litro de vino a su llegada al asilo de noche, prefirieron arriesgar la muerte y el frío. Todo el mundo intentó saber por qué no querían ir al asilo, y era por eso.
Lo más duro no son las horas de la noche. Pero, evidentemente, si uno tiene un insomnio tenaz es cuando resulta más peligroso. Es preciso no tener ni una gota de alcohol en casa. Yo formo parte de estos alcohólicos que empiezan a beber de nuevo a partir de un solo vaso de vino. No sé qué nombre nos da la medicina.
Un cuerpo alcohólico funciona como una central, como un conjunto de compartimentos diferentes vinculados entre sí por la persona entera. El primer afectado es el cerebro. Es el pensamiento. La felicidad por el pensamiento primero y luego el cuerpo. Es ganado, empapado poco a poco, y transportado; es la palabra: transportado. A partir de cierto tiempo se tiene la elección. Beber hasta la insensibilidad, y la pérdida de identidad, o permanecer en las primicias de la felicidad. Morir de algún modo cada día, o bien seguir huyendo."
PD: Marguerite Duras, una copa de Negroni e "India Songde Carlos d'Alessio. 

18 comentarios:

  1. Gracias, Marybel, por esta entrada-cita de la Duras. ¡Qué artistaza era! y eso a pesar de su inveterado alcoholismo.
    Saludos

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    1. Fernando Savater comparó la literatura con una gran farmacia: ambas ofrecen remedios para todos los males. Para Duras era su medicina.
      Muchas gracias por pasarte.
      Un abrazo.

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  2. Qué Diva de las letras, y que garganta para tragar alcohol. Yo me pregunto una cosa ¿Sin ese problema hubiera escrito con igual genialidad? Suena triste a la par que romántico.

    Besukis 💋💋💋

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    1. Uff!! Interesante pregunta. Digna de estudio. Tengo para mí, que el genio literario es don caprichoso que aparece allí donde quiere. En todo caso, no depende de títulos o doctorados. Se escribe porque sí.
      También es verdad, que "la página en blanco" debe de asustar. Y mucho.
      Recuerdo, al respecto, una historia de dos escritores ilustres. La de John Cheever y Raymond Carver. No sólo mantenían una relación literaria sino también eran grandes amigos. Y a ambos les gustaba llegar al fondo de la botella. En una ocasión, llegaron a subirse a un avión y amanecer en otra ciudad.
      Extraño binomio la del alcohol-creación!
      Un abrazo!

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  3. La cita del principio se la aplico a una persona cercana. Siempre que estoy con él no para de beber y quiere que yo beba con él al mismo ritmo, pero la bebida tiene efectos opuestos en cada uno: a mí me reblandece, como dice Duras "ofusca la inteligencia, la sosiega". A él, le vuelve irritable y pendenciero. Imagínate. El alcohol es un tóxico poderoso, incluso el vino del que se cantan tantas bondades. Pero es algo imbricado en nuestra cultura, resulta muy difícil sustraerse a su embrujo. Y está no solo su consumo y abuso, sino el día después: la resaca, las neurosis, etc. Me ha encantado el fragmento, está escrito con una honestidad brutal, Sartre vivía en Plutón por lo menos.
    Un abrazo.

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  4. Si, supongo que los factores sociales pesan mucho como bien explicas y las herramientas que cada uno tengamos para decir NO. A mí me invade la euforia, pero no me gusta ninguna bebida alcohólico. Y lo digo en el sentido de degustarlo. No acabo de encontrarle el gustillo...
    Como preguntaba Pelipequirroja ¿el alcohol es una bajada a los infiernos o la clave para la lucidez?
    Sartre estaba equivocado y Simone de Beauvoir también. Curiosidades literarias.
    Muchas gracias Gerardo.
    Un abrazo y feliz fin de semana.

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  5. Me parece que en muchos casos el alcohol y la genialidad van de la mano.
    Un abrazo.

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    1. Hola Rocío. Pues eso parece, no hay más que ver el ranking de alcóholicos al Nobel (tanto nominados como premiados).
      Otro abrazo.

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  6. Casi dan ganas de agarrar la botella para llegar a ese estado de dejarse morir y dejar de ser para fundirse con la Duras. Qué desnudez y qué honestidad la de esta mujer escribiendo.
    Maravilloso fragmento. Muchas gracias por compartirlo.
    Un abrazo

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    1. Yo también lo he pensado. Pero si no hay talento creo que una buena cogorza no es suficiente jejeje.
      Me alegra que te haya gustado.
      Abrazos!

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  7. Es increíble la cantidad de grandes autores que no se separan de la botella, desde Hemingway hasta Capote. Yo no creo que el whisky fuera fuente de inspiración sino todo lo contrario. Creo que Duras da en el clavo cuando dice que es la medicina que trata de tapar el vacío del universo. Lo que no sé es cómo lograban escribir en ese estado de embriaguez continua, y cómo salían esas obras maestras.
    Un abrazo.

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    1. Como fuente de “inspiración” no, diría más bien como medio paliativo. Como un analgésico para salirse de la realidad y aliviar un poco la angustia y la soledad. O para enfrentarse a la temible hoja en blanco.
      No es una cuestión de moral, ni lo justifico pero del binomio talento-alcohol se han engendrado obras de arte; sólo con el alcohol, no.
      Un abrazo.

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  8. Completas de forma brillante el rompecabezas de Duras. En esta especie de gozosa posttertulia, ya lo habéis razonado casi todo, respecto a ese binomio que muchas veces no sabemos si es lastre, o aparece como resma de lucidez. Ha influido mucho esa imagen romántica de la bohemia.

    A mi me da por recordar el absenta, como el Santo Grial de la creatividad de bohemios como Modigliani. Pero también ha habido inmensos artistas que ejercían su magisterio como funcionarios. Matisse, o el propio Vargas Llosa, que se arroga para si mismo la literatura casi como una labor administrativa,o más bien sacerdocio. Ritualmente acude a su llamada, las mismas horas, para que como decía Picasso, la inspiración le coja trabajando. Quizá fuese la página en blanco como dices... Aunque los artistas no viven en una burbuja, y como todos, combaten sus demonios personales con la mejor de las armas que creen posible. Un saludo, Marybel. Un placer leerte hasta los comentarios y debates que surgen con otros tertulianos.

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    1. Pues tú le has puesto la guinda!! Creo que estamos todos de acuerdo que el talento no se puede ahogar con alcohol.
      A mi la absenta me recuerda a Toulouse-Lautrec. A ese París de finales XIX, a la Belle Époque, a ese camino sin retorno hacia la modernidad. Rimbaud lo combinaba con hachís y Baudelaire con láudano. Ciertamente, la lista de artistas dipsómanos es vasta...
      Muchas gracias por tus estupendas observasiones.
      Un abrazo.

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  9. Leo impresionado esa disertación que hace Duras sobre su alcoholismo, y como lo vive y entiende ella, es alucinante la lucidez con la que expresa esa atmósfera turbia que rodea al alcohólico, es muy difícil poner palabras clarividentes a esas realidades nebulosas que vive como alcohólica.

    Ignoro si escribiendo bajo los efectos del alcohol a uno le llega la inspiración a raudales, habrá de todo, pero si es verdad que te desinhibe (que no es lo mismo que inspirar), y eso de alguna forma te hace escribir de un modo más libre, por eso decía en tu anterior entrada sobre Duras, vida marcada por la angustia, que intuía a una autora que se aplicaba a la escritura sin doblegarse al imperativo del público lector, que ante todo escribía para ella, nada más que para sí misma tratando de hallarse en el camino, creo que no hay mayor libertad literaria que escribir distanciándose en lo posible del lector, lo que tampoco hay que confundir con lograr una obra de deslumbrante calidad, puede ser así, o no… sin embargo algo tienen esos libros, lo notas, que te seducen de manera especial.

    Como curiosidad, a mí me vino rápidamente la imagen de John Fante, en ese binomio escritura y alcohol… aunque hay candidatos para dar y tomar (nunca mejor dicho lo de tomar).
    Un abrazo, Marybel.

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    1. Así es, el texto destila una lucidez apabullante. Para escribir asi, Durás tuvo que beber mucho. No sólo era víctima de una sed maldita, también de un ansia infinita. Escribe desde dentro y es capaz de arrojarnos a la cara el humo de su cigarrillo, el halo de alcohol, el silencio y su soledad.
      Un abrazo, Paco.

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  10. Sí, efectivamente, se distingue a un autor sobrio de un autor alcohólico. El sobrio puede llegar a ser soberanamente aburrido y árido de tan puro que es, el alcohólico nunca nos defrauda y el odio hacia sí mismo es el espectáculo más fascinante que pueda imaginar uno. Un cordial saludo.

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    1. Exacto, la hermandad del alcohol tiene la asombrosa habilidad para llegarte al corazón. Todas esas heridas y resentimientos dan paso a una literatura desaforada que nos absorbe como si fuéramos un buen trago de whisky.
      Feliz domingo.

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