"Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea." Marguerite Duras.
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| Portada "El amante" Ed. Tusquets -2010 |
No es fácil adentrarse en una vida como la de Marguerite Duras tan regida, por la idea de destino y el sentimiento de pérdida. Vivió cada uno de sus días como si estuviera a punto de morir, y también como si ella misma fuera el fundamento de su muerte.
Escritora, guionista y directora de cine, desde muy joven tomó la decisión de navegar a contracorriente y al mismo tiempo se prometió una cierta desnudez; un cierto despojamiento moral y emocional que la empujaría a escribir novelas como ésta. Cosechó muchos éxitos literarios pero tuvo que lidiar con el alcoholismo. Una debilidad cuya sombra marcaría todas las facetas de su vida. Seguramente, éste es un libro que se debía a sí misma. El lujo de haber llevado una vida poco normal merecía ser contado.
"La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie. Ya he escrito, más o menos, la historia de una reducida parte de mi juventud, en fin, quiero decir que la he dejado entrever, me refiero precisamente a ésta, la de la travesía del río. Con anterioridad, he hablado de los períodos claros, de los que estaban clarificados. Aquí hablo de los períodos ocultos de esa misma juventud, de ciertos ocultamientos a los que he sometido ciertos hechos, ciertos sentimientos, ciertos sucesos. Empecé a escribir en un medio que predisponía exageradamente al pudor. Escribir para ellos aún era un acto moral. Escribir, ahora, se diría que la mayor parte de las veces ya no es nada."
La acción se desarrolla en Indochina -la autora nació y vivió hasta los dieciocho años en Saigón- lugar que influyó de manera notable tanto en su obra como en su vida. Conforma el núcleo incandescente, una desinhibida Marguerite que perdida en el exilio de la antigua colonia francesa se deja arrastrar por un deseo fulgurante que despierta en su interior un hombre, doce años mayor, y que se enamora de ella. Un turbio affaire. Ella, pobre y blanca; él, rico y chino. Una relación inadmisible para la burguesía francesa. Para ella fue su primera experiencia amorosa pero también su primer amor imposible.
Decía Jorge Luis Borges: “Lo que más durará de las obras literarias será el argumento. Desde luego todo se olvidará, pero lo último en olvidarse será el argumento. Las bellezas del estilo se perderán con los cambios de gustos y con la muerte de las lenguas."
Así es, los buenos argumentos dejan su huella en nuestra memoria con mayor vehemencia que su título. Con letra pequeña y prieta, Duras nos graba la imagen de una niña-mujer de labios rojos y zapatos de tacones. Nos fija en la memoria la mujer-niña del deseo físico y reflexiona sobre esa fuerza arrolladora que súbitamente se enseñorea de nuestras vidas. El cuerpo tiene su propia elocuencia, se excusa. Deja en la piel, el beneplácito de una incoherencia insuperable. El exotismo y la sensualidad los vuelve más complejos, también más cercanos, aun cuando en público escrutinio pudieran ser severamente reprobados. Pero el deseo es torvo. Rasga. Se lo lleva todo y castiga aun cuando uno no acepta sus promesas.
"Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí (…). Ese envejecimiento fue brutal (…). Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho como algunos rostros de rasgos finos, ha conservado los mismos contornos, pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido. Diré más, tengo quince años y medio (…). Tengo quince años y medio, en este país las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos en la larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación"
La soledad de la infancia le dio pasto a su vocación literaria. Su escritura nació allí, entre los arrozales y la selva de Saigón. Duras bebe. Navega sola. Escribe con denuedo desde el vacilante balbuceo del exceso. Escribir, qué duda cabe es una necesidad. No parece jamás preguntarse para qué lo hace; pertenece a ese grupo de escritores cuyo concepto de la escritura forma parte de su propia existencia.
La carpintería es exitosa. Aborda una historia donde la protagonista denuncia una demanda, a través de un monólogo ininterrumpido que crece hasta desbocarse. Un exorcismo de demonios resentidos siempre prestos a desplomarse sobre el Yo. El anhelo sexual transita por cauces no menos confusos e inquietantes. LLeva implícito una cuota de transgresión social.
¿Qué pensaba Duras cuando volvía a leer a Duras?
“Yo no tengo ideas; sólo tengo palabras y silencios.” Sí. Silencios incómodos, apoyados en maravillosos fragmentos de introspección que intenta salvar del olvido. Secretos de una familia devastada por la ruina económica y moral y cuyos miembros son incapaces de evitar el fracaso excepto por la muerte. Un padre fallecido, un hermano drogadicto y una madre ausente; sin duda, personajes inexcusables en su vida. Permanencia y castigo, consuelo y revancha. Una unidad familiar fracturada a la que responsabiliza de todos los sucesos que ocurrieron en su vida, incluido ese amante que con quince años tuvo en Indochina. Los personajes entran y salen como en una obra de teatro evidenciando sus virtudes y defectos. Pasan de la indiferencia al compromiso pero son incapaces de amar. Desperdician el mejor regalo que nos hace la vida.
“Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros, llegó a París con su mujer. El le telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. El dijo: sólo quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. Estaba intimidado, tenía miedo, como antes. Su voz, de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento de China. Sabía que había empezado a escribir libros. Lo supo por la madre a quien volvió a ver en Saigón. Y también por el hermano menor, que había estado triste por ella. Y después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte.”
El libro refulge por los recursos estéticos que la autora pone en juego. Su escritura tiende a ser un tejido sin fisuras, claro, contundente y sin demasiados rodeos. Está convencida de que la escritura debe despojarse de todo juicio moral. Se estructura en bloques con párrafos breves que fluyen sin esfuerzo. Maneja la frase corta como un estilete. Los contactos físicos y la esencia de esas horas en "la habitación de deshonra" están transcritos con un lenguaje selecto, sensual y preciso. Una prosa que se demora en descripciones obsesivas y recuerdos espesos al compás de un péndulo que viene y va. Los procedimientos indirectos siempre son más eficaces. Hay una historia que busca reconstruir la imperfección del recuerdo, sin la nostalgia de toda memoria.
¿Realidad o ficción? es difícil discernir lo narrado de lo vivido."El amante" tiene todo lo que la Gran Novela puede ofrecer al lector. No se me ocurre un elogio mejor. Recibió en 1984 el prestigioso premio Goncourt y fue llevada al cine por el director Jean Jacques Annoud en 1991.
PD: Bien conocida era la amistad entre Jeanne Moreau y Marguerite Duras. De esa amistad, nacieron dos películas, que colocaban a Moreau entre una de las actrices más valientes y arriesgadas, dirigida bajo la atenta mirada de Duras. Aquí os dejo una canción interpretada a dúo: "Rumba des Îles"

Leí El amante hace muchísimos años; posteriormente leí El amante de la China del Norte que parece una nueva incisión en el mismo argumento. La lectura de la Duras no es fácil, no sé si decir que para un hombre por la naturaleza desgarrada y desnuda de sus sentimientos como mujer en sus relaciones amorosas. Es una novela que, pese al tiempo pasado -unos treinta años- no se me ha olvidado -los detalles sí por supuesto, pero no el desgarro de fondo que vertebra la novela-. Cuando era profesor de literatura y a los alumnos les gustaba la literatura, a finales de los ochenta y comienzo de los noventa del siglo pasado, hablé de este libro a algún muchacho de dieciséis o diecisieta años -eran años en que se podía ofrecer literatura no moralizante como es costumbre ahora-, era un buen lector, pero la experiencia que sacó de El amante fue devastadora. Lo dejo conmocionado y no sabía si amar u odiar este libro; pero lo cierto es que creía que nunca la volvería a leer. Me gustan las vidas en el límite, me gustan las vidas dramáticas llenas de grietas y abismos, y Marguerite Duras ofrece en este sentido un panorama íntimo desolador, luminoso, triste. Y sí, me gusta la tristeza en la literatura. Estuve en el cementerio de Montparnasse en París junto a su tumba que estaba llena de labios rojos, como la de Simone de Beauvoir que estaba muy cerca. Pienso que las mujeres podéis acercaros mejor a este texto, lo que no quiere decir que para mí no haya sido esencial, pero hay algo que no es comprensible para nosotros. Me gusta el ritmo lento, poético; el estilo desnudo, triste... Un cordial saludo.
ResponderEliminarLeí esta novela en francés y en español y me pareció hermosa. Desde entonces me he rendido a la escritura de Duras.
EliminarCreo que volver al pasado sin prejuicios tiene que ser muy agotador. Quizás no hubiera podido hacerlo sin haber vivido esas experiencias, (o si?), pero sin duda alguna el talento es lo que la llevó a esos textos y a ese personaje. Y posiblemente jamás haya tenido certeza completa de lo que consiguió. Ella misma afirmaba: “si se supiera algo de lo que se va a escribir antes de hacerlo, antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena.”
Puedo entender a tu alumno, yo también he leído obras maestras que no me alcanzaron. Lo interesante sería que ahora de adulto le diese una segunda oportunidad y analizar lo que la lectura le reporta. Su evolución.
Muchas gracias por tu aporte y participación Joselu.
Un abrazo.
No lo he leído, pero lo que he leído de ella es espectacular, con esa ambientación especial que sabe darle a las historias. Lo tendré en cuenta sin dudarlo.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte.
Pues ya me contarás tus impresiones.
EliminarOtra abrazo y feliz fin de semana.
La leí hace bastante tiempo, Marybel, y en general la narrativa de Duras me dejó ese poso ajeno, lleno de incomprensión. Porque quizá la naturaleza más desgarrada de los sentimientos, hallazgo lúcido de Joselu, diría que de sus personajes, no tanto las féminas. Quiero decir que sí en el caso de El amante, pero luego tienes protagonistas "terminales" muy al límite como el del Mal de la muerte, y siempre me deja con sus honduras una sensación de vacío. Yo digo que hay autores que me encantan, como Marai, Hesse, Duras para los que debo reservar un tiempo y parte de mi mente. Pasan por ti. En lugar de discurrir tú por sus novelas.
ResponderEliminarQuizá sea El dolor, su novela más personal y por el período al que se ciñe, la que me atrapó con más ahínco entre sus páginas. Aún así, desoladora por lo que recuerdo, la espera que se hace eterna. De todas formas, hay novelas que merece la pena releerlas, y que la hayas recordado de forma tan brillante, Marybel, es una invitación a hacerlo.
Me ocurrió con Coronación de Donoso, que un profesor de literatura, me recomendó con fervor. Un personaje como el de Andrés Ábalos, me resultó ridículo con veinte años. Extravagante, lleno de manías como las colecciones de bastones, lo más que vi, fue su patetismo. Capaz de disparatarlo todo por un amor prohibido a sus cincuenta años. Y cayó otra vez en mis manos hace dos años, pareciéndome una maravilla, con unas perspectivas que jamás hubiera imaginado. Y es que Heráclito tenía razón:"En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]." En las mismas novelas entramos y no entramos, porque nosotros sin duda hemos cambiado.
Mi atracción con "El amante" es más con su autora que con la novela. Me gustó y cómo he dicho la he leído en dos idiomas. De las dos veces pude valorar matices de distinto color y forma. Me fascinan sus obsesiones, la manera en que los enfrentó (a través de la escritura) y su trayectoria vital. Me atrevería a afirmar que Duras es inabarcable.
EliminarHay un ensayo de Marguerite Duras, “Escribir”, que fue publicado por Tusquets junto con otros cuatro textos. En él Duras expone reflexiones sobre el acto de escribir, y las relaciona continuamente con hechos o cosas que han afectado su trabajo: la soledad, el alcohol, los amantes, el cine, la política... El texto obviamente tiene un carácter intimista, personal similar al de un diario, y fragmentadas muy a su estilo: “Puedo decir lo que quiero, nunca descubriré por qué se escribe ni cómo no se escribe”.
Reitero mi agradecimiento. Los distintos puntos de vistas, los comentarios enriquecen el blog. Se piensa por cuenta y riesgo de cada uno, ese es al fin y al cabo, el objetivo.
Un abrazo Sergio.
A pesar de tener este título en mis estanterías está sin leer. Pero no me es ajena la obra de M. Duras, de hecho tengo uno de sus libros “Outside”, reposando en mi mesilla de noche, que es un lugar privilegiado, en esa compañía previa al sueño, cuando la lectura se sedimenta de un modo especial en mi cabeza. Es una recopilación de sus artículos periodísticos (para Libération, France-Observateur, Vogue, y otras publicaciones), y ya me atrapa al comenzar su introducción, pues se encarga ella:
ResponderEliminar“No hay periodismo sin moral.Todo periodista es un moralista. Es absolutamente inevitable. (…). No puede llevar a cabo ese trabajo y a la vez no juzgar lo que ve. Es imposible. (…) la información objetiva es una añagaza total. Es una mentira.”
Es significativo algo que afirmaba, decía que escribía artículos, aparte del dinero, porque la escritura de novelas no la dejaba ver el mundo, pasaba 8 horas encerrada en su habitación escribiendo literatura, y a penas reparaba ni sabía lo que ocurría en el exterior, no lo comprendía, como señala, y escribir artículos era salir afuera, al mundo.
Cuando se escribe con el sello del sufrimiento, caso de Marguerite, suele suceder que el autor, escritora en este caso, no va al encuentro de ningún lector, sino de sí mismo, en ese sentido puede decirse que Marguerite escribe para “leerse” ella, para entenderse en ese ejercicio de introspección en el que se trasforma su narración, por eso no escriben considerando el entendimiento del lector como una prioridad, no codician su empatía. Es la misma sensación que tuve al leer, por poner también un ejemplo, El artista adolescente, de James Joyce; su personaje, el adolescente Stephen Dedalus, era una de las maneras que empleó Joyce para intentar esclarecer un periodo oscuro y conflictivo de su etapa adolescente, es eso que percibimos algunas veces, la escritura como catarsis del escritor, el resultado suele ser complejo para el lector… porque no ha sido escrito para él (lector genérico).
Otras veces, uno lee literatura de esta dimensión... y todo nos parece meridianamente claro, está bien que la lectura nos desconcierte, tú lo has transmitido muy bien con tus palabras en esta magnífica reseña.
Un abrazo, Marybel.
Mi mesilla también es un lugar privilegiado, ahora mismo hay un ejemplar de "El libro del desasosiego" de F. Pessoa, al que vuelvo una y otra vez. Le debo una entrada.
EliminarCierto, el sufrimiento tiene una rara vitalidad. Diría que quienes han padecido un sufrimiento bestial se desligan para siempre del común de los hombres. Como bien dices, Duras iba a su encuentro y la escritura fue su camino, su farmacia a la que acudía en busca de una pócima. Intentar enfrentar el dolor sin dejarse consumir por el padecimiento. Convertir el lodo de la desdicha en el oro de la sabiduría vital. Complicado!
Duras escribió también "Cuaderno de la guerra y otros textos" que reseñé en mi primera época de bloguera.
https://anonimaveneciana.blogspot.com/2015/05/cuaderno-de-la-guerra-y-otros-textos-de.html
Un lujo leer vuestros comentarios y apreciaciones.
Feliz domingo Paco.
Por cierto, Marybel, qué lujo de tertulia, para los sentidos y la mente. Recreo esos diálogos que se entrecruzan en mi fuero interno con música cantarina, el bullir de los cubiertos, y la alborbola que crece en el Café Gaalaz. Pongamos algo de jazz de fondo, si es que os gusta el jazz. ¡Bravo, Marybel!
ResponderEliminarMe resulta complicado precisar por qué. Tan complicado como explicarme a mí misma pero cierro los ojos y hoy, suena Etta James. Gracias, estás en tu casa jejeje. El mérito es de todos vosotros.
EliminarCuando inicié este blog se me ocurrió asignarle por proximidad o analogía un tema musical a cada una de las entradas. Un juego de afinidad obvio en algunos casos y omnímodo en otros. En todo caso, sirve para pensar.
Acertadísimo Zeca Afonso para Marcelo Caetano
Feliz domingo.
Hola Marybel lo leí hace muchos años y no conservo un recuerdo muy preciso ni del libro ni de la autora. No sabría decir ni siquiera si me gustó, y como me ha pasado otras veces, hay lecturas que especialmente tienen su momento que ha de coincidir con el del lector, quizás no fue su momento y debería darle una nueva oportunidad.
ResponderEliminarBesos
Coincido contigo, cada libro tiene su momento. Marguerite es un personaje complejo y melancólico, pero nunca inverosímil. Hay que leerla con ganas y pasión.
EliminarBesos.
Es cierto que hay un selecto grupo de escritores para los que el acto de escribir y el de vivir parecen indisolubles. Duras es sin duda uno de ellos.
ResponderEliminarRecuerdo El amante no solo por su argumento, que diría Borges, sino también por esa forma de escribir de su autora que te agarra y te desgarra. Y recuerdo su relación con su madre y hermano.
Debería de volver a Duras sin tardar.
Una muy buena propuesta, Marybel.
Un abrazo
Hay en nuestras elecciones literarias algo que tiene que ver con lo irracional. No sé si te sucede, pero antes de haber leído el libro, barruntas inconscientemente si te va a gustar o no. Lo olfateas, lo fisgoneas, te preguntas si merece la pena. Confías en tu intuición y en lo que te sugiere la lectura. Un libro es un ser vivo como diría Guenassia.
EliminarGracias por tu valoración.
Besos.
La belleza narrativa de Duras es única, inmensa, y esta obra es infinitamente hermosa.
ResponderEliminarUna reseña estupenda.
Besitos 💋💋💋
Muchas gracias. Coincidimos en gusto literario.
EliminarUn abrazo.
¡Hola Marybel! Creo que tu blog ya lo conocía, pero hacía tiempo que no pasaba por aquí... No tengo el placer de conocer la prosa de Duras, pero siempre me ha atraído la vida y obra de esta mujer, así que puede que caiga (más adelante)
ResponderEliminarBesos
Te deseo un feliz encuentro con Duras.
EliminarGracias por la visita.
Un abrazo.
Hola Marybel, "El amante" de Duras lo leí hace muchísimo tiempo. Lo más extraño es que antes había leído "El amante de la China del Norte" de la misma autora, que resultó ser una versión posterior del primero, aunque casi idéntica. Me gustó sus estilo minimalista, directo y sin florituras. Ya no he vuelto a leer nada de la Duras.
ResponderEliminarCuenta Vila-Matas que Margarite Duras fue su casera en París, aunque vete tu a saber si es cierto o es una más de sus ficciones verdaderas.
Felicidades por el blog. Es estupendo. Volveré por aquí.
Un saludo.
Que vivió en un lugar y una época en la que los grandes escritores y pensadores (Sartre, Camus, Beauvoir...) disfrutaban de una fama equiparable a la de las estrellas de "football", seguro. Y que se codeó con la crème de la crème intelectual de Paris, también.
EliminarMuchas gracias por tu visita.
Nos leemos.
Un saludo.
De Marguerite Duras he leído que recuerde ahora dos novelas: "Un dique contra el Pacífico" y la que reseñas aquí, "El amante". De esta última además he visto la adaptación cinematográfica creo que dirigida por Jean Jacques Annaud.
ResponderEliminarLeí la novela en 2017 e hice reseña de la misma que si quieres puedes leer pinchando aquí .
Me salió una reseña larga porque la novela me gustó mucho, me pareció muy hermosa, muy bella. Me gustó más la historia leída que vista en imágenes, y eso que la peli también me agradó.
A Marguerite Duras como te digo al inicio la conocí con "Un dique contra el Pacífico" en la que muestra la lucha que contra el mar habían de emprender quienes vivían en Indochina (capital Saigón, pero en el período de colonización francesa). Es una novela menos hermosa -muchísimo menos- que "El amante" pero es muy reveladora para entender y mostrar lo que fue el denominado 'nouveau roman' de Michel Butor o ella misma. A mí me gustó. Hay lectores que sin embargo la consideran inaguantable. Nada que ver con "El amante" novela en la que suele haber coincidencia absoluta: bellísima.
Como te digo en la respuesta al comentario que has dejado en miblog, conocía tu blog y lo leía con frecuencia aunque no lo había incorporado a mi lista de blogs, algo que ya está solucionado.
Saludos
Duras no escribía mal, escribía distinto. "El amante" son recuerdos plasmados y convertidos en fragmentos literarios que vienen y van. Pasajes de una existencia motorizada por la soledad, la desesperación y la angustia.
EliminarBuena literatura.
Gracias por tu participación Juan Carlos.
Un abrazo.